jueves. 04.06.2026
TRIBUNA

Fiesta de la Hispanidad

Reflexión sobre el sentido actual de la Hispanidad y sus contradicciones históricas y sociales.
desfile dia fiesta nacional 2025
Desfile del Día de la Fiesta Nacional 2025.

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El pasado 12 de octubre, como todos los años, se celebró nuestra Fiesta Nacional. Todos los países, o al menos la mayoría de ellos, tienen su “día nacional”, que se hace coincidir con alguna efeméride que se considera históricamente gloriosa y digna de recordar. En el caso español es el 12 de octubre porque es el día que, en 1492, el navegante Cristóbal Colón, al frente de la flotilla de las carabelas la Niña, la Pinta y la Santa María, arribó a las costas americanas (que ellos creyeron inicialmente asiáticas), al servicio de la Corona de Castilla. Hecho que ha pasado a conocerse como el Descubrimiento de América.

Es por lo que, al celebrarse su cuarto centenario, la regente española María Cristina de Habsburgo decretó el 12 de octubre como día de la Fiesta Nacional de España. Tras el desastre de 1898, que marca el fin de la presencia española en América, y como forma de mantener y reforzar los lazos entre la ya antigua metrópoli y los nuevos países independizados, al 12 de octubre, además de ser el día de la Fiesta Nacional se le añadió el de ser el Día de la Hispanidad (que entre 1918 y la llegada de la II República en 1931 también recibió el pomposo nombre de Día de la Raza).

Como día de la Fiesta Nacional y de la Hispanidad se mantuvo hasta 1987, cuando, una vez alcanzada la democracia política en España, la Ley 18/1987 refrenda la continuidad del 12 de octubre como día de la Fiesta Nacional de España, pero ya no como Día de la Hispanidad. Decisión de abandonar la Hispanidad como complemento de la Fiesta Nacional que se tomó por el sesgo de conflicto ideológico que el concepto de Hispanidad estaba tomando entre, digámoslo a grandes rasgos, cierta derecha y cierta izquierda.

Hispanidad, que lingüística y etimológicamente sólo hace referencia al conjunto de pueblos que comparten características lingüísticas y culturales derivadas de la presencia de España en América, se había convertido para unos, cierta izquierda, en todo lo que representó esta presencia de colonialismo (desaparición de culturas, esclavitud, genocidio, usurpación de recursos, etc.) y, para otros, cierta derecha, en el beneficio llevado a tierras americanas (modernización, desarrollo, ciencia, cristianización, etc.).

Pero los años pasan y nos encontramos ante una inesperada contradicción. Los que en los momentos álgidos del anterior debate defendían la bondad de la presencia española en la América española (cierta derecha) y, en consecuencia, la auténtica hermandad y consanguinidad entre españoles de aquí e hispanoamericanos de allá, rechazan ahora denodadamente la presencia de estos últimos en nuestro país. Ya no son nuestros hermanos hispanoamericanos, ahora son inmigrantes (“panchitos”, “sudacas”, etc.), culpables (junto a los procedentes de otras partes del mundo, que, ¡peor aún!, no son ni siquiera hispanohablantes ni católicos) del aumento de la delincuencia en España, de la inseguridad de nuestras mujeres, del paro de españoles, etc.   

La cuestión de si debemos celebrar la Hispanidad, o no, debería centrarse en si consideramos positivo o negativo fomentar lo que realmente define la palabra Hispanidad, una comunidad de pueblos que comparten características lingüísticas y culturales

¡Vaya! ¿Es que no lo hicimos bien entonces, cuando han llegado a convertirse en algo tan peligroso?

Ni bien ni mal. Se hizo lo que se hacía entonces, en los siglos XVI al XIX, buscar fuera lo que la estructura social imperante nos negaba dentro, el pan de nuestras familias, porque América no la conquistaron los aristócratas, ni los terratenientes ni los obispos con sus cruces y bendiciones, esos llegaron después, cuando “el peligro” ya había pasado, para instalar sus reales y dominios y obtener beneficios decretados por la Corona desde Madrid, sino los que nada tenían que perder yéndose al otro lado del mundo buscando lo que aquí no encontraban, aunque para ello tuvieran que correr el riesgo de perder la vida.

Ellos (los “panchitos”, los “sudacas”) hacen ahora lo que este siglo XXI, que veneramos tan avanzado, les obliga a hacer, dejar su tierra, sus costumbres y sus familias y buscar el pan donde creen que hay.

La cuestión de si debemos celebrar la Hispanidad, o no, debería centrarse en si consideramos positivo o negativo fomentar lo que realmente define la palabra Hispanidad, una comunidad de pueblos que comparten características lingüísticas y culturales, y no en la interesada interpretación de que lo que significó la presencia española en América durante tres siglos y su utilización como arma arrojadiza para la lucha ideológica (¿de clases?).

Porque, nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira.

Fiesta de la Hispanidad