martes. 05.03.2024
escuela

Estos días, el Sistema Educativo ha salido a la “palestra política” como consecuencia de una propuesta del PSOE para implementar, en su día a través de los PGA, una cantidad de quinientos millones de euros cara a que las CCAA (en sus respectivas competencias) y Ceuta y Melilla (territorio MEC) puedan reforzar las matemáticas y la comprensión lectora, como consecuencia de los informes PISA (OCDE). También con la polémica, entre las CCAA gobernadas por el PP y el PSOE (Ministerio de Educación) por los exámenes de la EBAU. Por último, con la propuesta de restricciones/prohibición de los dispositivos móviles, por parte del alumnado, en los cetros escolares. Además de la visita del presidente Sánchez al Consejo Escolar del Estado.

El gobierno/PSOE hace unas propuestas para tratar de mejorar la comprensión de las matemáticas y la lectura, basadas, inicialmente, en ampliar refuerzos educativos extraescolares, mejorar los instrumentos pedagógicos del profesorado, desdoblar clases que sean numerosas y/o dotar, en el caso de las matemáticas, de un instrumento enseñanza-aprendizaje que han denominado “matemáticas socio afectivas” (?).

Por ahora no voy a entrar a valorar técnica, social y pedagógicamente esta “revisión” de la LOMLOE, ni las otras cuestiones, porque ya se han pronunciado una parte de la comunidad educativa y se ha valorado desde algunos ámbitos políticos estatales y de las CCAA, que tienen las competencias plenas en estas materias. Quizá más adelante le dedicaré un artículo específico a ello cuando se consolide la puntual oferta electoral, de reformar la compresión lectora y matemática, porque, hay que decirlo una vez más, la LOMLOE-2020 se aprobó, también, sin Memoria Económica, en un Estado cuyo gasto e inversión no supera todavía el 5% del PIB global, cuando debería estar al menos en el 6%, para la enseñanza no universitaria. Además de que hay enormes diferencias entre CCAA, sobre el gasto/inversión por escolar. En algunos casos casi del doble. Hecho inexplicable si tenemos en cuenta el mandato constitucional de compensación de las desigualdades interterritoriales. Y más, cuando se trata de la Enseñanza.

Pero sí, al hilo de ello, he de resaltar que se hace una propuesta, una vez más, privatizadora del Sistema, mientras que se mantienen unas clases de religión en horario lectivo que se podían dedicar a reforzar las matemáticas, la comprensión lectora y los idiomas.

Nada más y nada menos que del horario lectivo un escolar, en toda su etapa obligatoria, pierde, como consecuencia de la religión (y/o en su caso, su alternativa o “no alternativa”) una media de unas 500 horas lectivas, además de las que pierde en infantil y en los bachilleratos o la FP. También se dedican casi 700 millones de euros al año a pagar los salarios de las personas que imparten religión, catequistas que son designados por los obispados. Y, en el caso de otras religiones, por los responsables religiosos de turno. Mientras que, indecentemente, en la última reforma ya aludida (LOMLOE) sacaron la Filosofía de la enseñanza obligatoria. Y lo hicieron la mayoría PSOE-UP, junto a  sus “muletillas” parlamentarias.

Los poderes públicos y los partidos que los sostienen son los encargados de taponar cualquier proyecto encaminado a avanzar hacia un modelo republicano de escuela pública, única y laica. Y lo vienen haciendo desde enero de 1979. Ya sean los conservadores con mayorías parlamentarias y sus apoyos respectivos, como fueron la UCD y, después, el PP, además de los nacionalistas PNV, CIU (y el actual sustituto: Junts, porque lo llevan en su ADN ideológico, es decir, en su proyecto político liberal y confesional.

O ya sean los partidos considerados como del “centro izquierda” ahora autodenominados como “progresistas”: el PSOE (con la LODE, LOGSE, LOE y LOMLOE), que ha gobernado España desde 1982 hasta 2023, más de dos tercios del tiempo, respaldado, en algunos momentos, por sus “muletillas” respectivas y puntuales, como el PCE, IU, Podemos, UP (ahora Sumar) y los nacionalistas respectivos en cada caso y momento, como lo fue en la última reforma (LOMLOE), además de administrar durante décadas muchas CCAA, con competencias plenas en Educación. Y apuntalados por las leyes y reformas universitarias y de FP.

Por ello me da pudor observar cómo coordinadores, responsables de educación de esos partidos del centro izquierda, en público y privado, en ocasiones y de forma hipócrita propagandística (antes, durante y después de períodos electorales), han venido (y vienen) proclamando intenciones de avanzar hacia modelos de escuela pública y laica (aunque nunca de escuela pública, única y laica - faltaría más).

También es cierto que algunos de estos líderes y/o lideresas del PSOE o de las nuevas izquierdas “progres” se han formado en centros privados (algunos religiosos y/o de élite – también en Seminarios)… y ello “marca tendencia” política e ideológica..

Incluso en febrero de 2017 (gobernando el PP) y en sede parlamentaria se aprobó una proposición no de ley (PNL) para instar al gobierno a presentar propuestas con la finalidad de “sacar la religión de la escuela” (al menos del horario lectivo) y para “cancelar el Concordato” en lo que afecta a la Enseñanza. Ello por iniciativa  y presión de las entidades que apoyan, desde hace más de dos décadas, la Campaña “Religión fuera de la escuela”. Evidentemente, cuando llegaron al gobierno en 2018 y 2021 esas mayorías supuestamente “progres”… “huyeron como ratas” y de aquella PNL nunca más se supo.

Lo “voceros” respectivos cuando en el Parlamento se elaboró y aprobó la última reforma (LOMLOE-2020) se escondieron, miraron hacia otro lado… no sólo los del PSOE (con su mayoría), sino también todas sus “muletillas” estatales y nacionalistas, como UP y sus partidos (IU/PCE… Podemos), en este caso en el gobierno, además los respaldos parlamentarios de Compromís, EhBildu, BNG o ERC.

Y en esas estamos, asumiendo, social y políticamente, un modelo dual (público - privado) confesional, cada vez más privatizado y financiado con fondos públicos, desde el MEC y desde las CCAA que tienen competencias plenas, tanto en lo dogmático religioso, como en la gestión privada, desde la infantil hasta la FP (ésta cada vez más, en manos privadas).

Y me refiero sólo a la enseñanza no universitaria, porque si entramos en la universitaria requiere un capítulo aparte, que tampoco es “moco de pavo”. A título de ejemplo indicar que las universidades privadas se “comen” a las públicas. Desde 1998 no se ha abierto ninguna universidad pública y sí 27 privadas, muchas de carácter religioso. El negocio privado universitario se ha multiplicado exponencialmente.  Ya hay 43 campus privados y escuelas de negocios (muchos religiosos), frente a 50 públicos. Y en algunos casos financiados, a través de las familias, con ayudas y becas públicas, como lo es la FP, antes señalada, que -además- oferta muy atractivas enseñanzas en muchos casos más sugerentes que la pública. Además de que en las Universidades de titularidad pública la religión confesional, generalizadamente, sigue haciendo “acto de presencia” como antaño, ya sea en los programas educativos, ya sea en lo simbólico.

Pero lo que me causa “vergüenza ajena” es que -a estas alturas- haya voceros (o que lo hayan sido) de esos partidos que públicamente defiendan y “den lecciones” sobre lo que es o debería ser un modelo de escuela pública y laica. Como ahora observo a portavoces y responsables del nuevo colectivo SUMAR defendiendo la escuela pública y laica, que cuando pudieron, nada hicieron. Es una vergüenza el nuevo “hilo mediático”, en mítines, artículos y en redes sociales que han reiniciado los mismos personajes de cara a próximos eventos electorales.

Para ir concluyendo, la enseñanza pública (que debería ser la única financiada con fondos públicos) aporta los saberes científicos y humanísticos asentados en el esfuerzo incesante a lo largo de la historia por el conocimiento, así como los valores esenciales para la convivencia común y democrática, que permitan formar ciudadanas y ciudadanos instruidos, libres, con criterio y capaces de participar activamente en la res pública, que deben conocer su verdadero significado y valores.

De ahí, el carácter emancipador, personal y social, de la escuela republicana: “formar para la autonomía de juicio y el ejercicio de los derechos ciudadanos”. La aplicación específica del principio de laicidad en la escuela exige un celo especial para preservar sus funciones peculiares, entre ellas, educar para la libertad y en el rigor del pensamiento, que no se pueden disolver ni confundir con las desarrolladas en otros ámbitos de la sociedad civil y adulta.

Solo un modelo de escuela única, pública y laica podría garantizar la formación de ciudadanas y ciudadanos libres y con criterio. Emancipados. Y con igualdad de oportunidades “desde la cuna”.

Pero con los actuales “mimbres políticos” de cualquier arco ideológico, el avanzar para construir un modelo de escuela pública y laica, es misión imposible… (Ya no digamos, si además aspiramos a que fuera única). Porque, reitero una vez más, los que podían cuando han tenido mayorías suficientes, incluso holgadas… NO han querido.

Así que -ahora- los voceros “progres” de los partidos y coaliciones de turno que no nos vengan, de nuevo, con milongas en las campañas electorales, ni tampoco den “lecciones” sobre las bondades de un modelo público y laico. Están deslegitimados política, histórica y socialmente.

Y una conclusión final: a la derecha liberal y católica española el centro izquierda, en esta materia, le tienen “abierta las puertas de par en par”. Esto es una realidad irrefutable.

 

En España, una escuela pública y laica es misión imposible