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lunes. 27.06.2022
REFLEXIONES SOBRE LA OTAN

¿Defiende realmente la OTAN los intereses de España?

¿Debe la UE seguir hipotecando su seguridad y defensa en aras del interés de su gran hermano mayor?
OTAN España 40 Aniversario
Foto de familia en el acto de celebración del 40 Aniversario del ingreso de España en la OTAN.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es, como su propio nombre indica, una organización. Una organización, concretamente, militar. Y me adelanto a posibles críticas en el sentido de que ¡hombre, también, es una organización política!, recordando que toda organización militar es, por definición, política, instrumento coercitivo de la política de un país (o de cualquiera de los sucedáneos del concepto de país).

Por el contrario, el Tratado del Atlántico Norte (TAN) es, también como su propio nombre indica, un tratado, un documento jurídico y diplomático de acuerdos y compromisos, que, en tanto no se denuncien, son de obligado cumplimiento para sus firmantes.

Además, en la OTAN, están los comunicados finales de las diferentes cumbres y sus documentos relacionados, como los diferentes Conceptos Estratégicos que han ido evolucionando a lo largo del tiempo, que actúan a modo de orientaciones y recomendaciones para la propia organización (OTAN) y para sus miembros.

Así pues, estrictamente, cuando un país se adhiere a la Alianza, a lo único que se compromete como objeto de obligado cumplimiento es a la letra del Tratado (TAN), ni siquiera a su “espíritu”, término excesivamente subjetivo y condicionable por las circunstancias de cada momento.

En este sentido estricto, a lo único que compromete la firma del TAN y la adhesión a la OTAN, que es lo mismo, pero que no lo es...

(España fue firmante del TAN sin participar el núcleo duro de la Organización: la estructura militar integrada, durante trece años: 1982-1995)

...es a considerar que: un “ataque armado contra cualquier miembro de la Alianza, en Europa o América del Norte, es un ataque armado contra todos sus miembros” (art. 5 del Tratado), al que “deberá responder en la forma que juzgue necesaria, incluido el uso de la fuerza armada” (artículo 5 del Tratado)  y a “mantener y acrecentar su capacidad individual y colectiva de resistir a un ataque armado” (art. 3 del Tratado), pero siempre teniendo en cuenta “el compromiso de no recurrir en sus relaciones internacionales a la amenaza o al empleo de la fuerza” (art. 1 del Tratado).

Todo lo demás, por tanto, no es compromiso “formal”, “jurídico”, sino simplemente aceptación voluntaria, de la que cualquier miembro puede desdecirse o no implicarse. Por eso, a lo mejor, el dilema no es, o no es el único posible, OTAN sí u OTAN no, sino, en primer lugar, ¿OTAN para qué?

¿Es buena para España una OTAN que considere que, si recibimos un ataque armado procedente del exterior, todos los demás miembros de la OTAN se considerarán atacados y, en consecuencia, nos ayudarán y apoyarán, incluyendo la posibilidad de emplear su fuerza militar? Como medida de seguridad y tranquilidad, no parece mala opción. Pero tiene un problema, que eso nos obliga a responder con la misma medida. A intervenir, con fuerza militar y/o de cualquier otra forma, si el militarmente atacado es otro cualquiera de sus miembros.

Lo que introduce una nueva variable a tener en cuenta: que cuantos más miembros ingresen en la Alianza, más se amplía el compromiso de tener que “responder en la forma que juzgue necesaria, incluido el uso de la fuerza armada”.

¿Conviene apoyar esa especie de vocación de permanente y progresiva expansión de territorio y miembros que la OTAN lleva exhibiendo desde 1991?

¿Conviene, por tanto, apoyar esa especie de vocación de permanente y progresiva expansión de territorio y miembros que la OTAN lleva exhibiendo desde 1991? Incluyendo países, que, por su diferente trayectoria histórica, están empezando a crearle problemas a la propia Unión Europea, tras haber ingresado en ella (Polonia, Hungría, etc.). Incluyendo países con antiguos (pre-TAN) litigios territoriales e históricos con la gran potencia nuclear rusa (Ucrania, Finlandia, etc.). Incluyendo países que ni siquiera pueden considerarse incluidos en el tradicional concepto geográfico de Europa (Georgia).

Y ello en un contexto que no es el original de la OTAN: la seguridad y defensa colectiva “frente a un ataque armado”. No es lo mismo cumplir los compromisos contraídos con una alianza defensiva cuando existe un peligro potencial, pero posible -como ocurría durante la Guerra Fría- que pretender que esta pertenencia tenga el mismo valor cuando esos peligros potenciales son de una improbabilidad que raya en la imposibilidad. Que los ejércitos soviético-orientales llegaran a cruzar los Pirineos o que el intercambio nuclear nos afectara, en caso de guerra entre los bloques, fue durante muchos años improbable (destrucción mutua asegurada) pero posible. Pero, hoy día, ¿quién tiene esa posibilidad, esa capacidad, esa inconsciencia? ¿La Rusia de hoy podría llegar hasta los Pirineos? ¿China, de la que nos separan 10.000 km.? ¿De verdad esa es la amenaza? No parece convincente. ¿No será que la OTAN del siglo XXI se refuerza y se rearma (provocando, por cierto, una nueva carrera de armamentos) por otras razones?  

Otras razones, que ya hicieron presencia nada más finalizar la Guerra Fría, cuando la OTAN, en su Concepto Estratégico de 1991, determina que su misión y razón de ser no podía circunscribirse solamente a una “defensa colectiva” frente a un enemigo concreto que ya no existía, por lo que, a esta finalidad, ahora imprecisa, había que añadirle algún contenido más concreto que continuase justificando su existencia.

Otra vez la eterna y retórica pregunta. ¿Estamos allí porque ellos atentan aquí o ellos atentan aquí porque nosotros estamos allí?  

Estos contenidos fueron las amplias e inconcretas misiones de la gestión de crisis y la prevención de conflictos, no ya en los territorios del Tratado inicial, Europa y América del Norte, sino, al parecer por lo visto desde entonces, el mundo entero: Yugoslavia, Afganistán, Irak, etc. ¿Proporciona mayor seguridad a España esta universalidad de actuaciones militares o más bien la involucra en conflictos que inicialmente no la afectaban? ¿Ha sido positivo el balance de bajas y presupuestos vs seguridad en la antigua Yugoslavia, en Afganistán y en Irak? ¿Nuestra matanza terrorista de marzo de 2004 puede relacionarse con nuestra previa presencia en estos países? Otra vez, la eterna y retórica pregunta. ¿Estamos allí porque ellos atentan aquí o ellos atentan aquí porque nosotros estamos allí?  

Otras razones

Otras razones que también pueden estar detrás de la inclusión del otro gran apartado de misiones de la OTAN que se incluyeron en 1991: la seguridad cooperativa o compartida, una especie de pacto entre caballeros sobre cuestiones políticas y de seguridad con países tan ajenos al ámbito geográfico del TAN (Europa y América del Norte) como Colombia, Corea del Sur, Egipto, Marruecos o Paquistán, entre otros, muchos de ellos, como los citados, con importantes contenciosos regionales y fronterizos, que pueden saltar en cualquier momento y en los que la OTAN podría verse implicada de una forma u otra. Implicación en conflictos ajenos a su genuina área de actuación (Europa y América del Norte) a la que la OTAN parece haber sido tan aficionada en las últimas tres décadas.

¿Hasta qué punto podemos estar seguros de cuál será la actitud y la actuación de la OTAN en caso de crisis o conflicto en Ceuta y Melilla, territorios considerados por la misma como “no europeos”, recordando que Marruecos es, si no aliado como España, sí “socio estratégico o global” de la OTAN (Ejercicios African Lion, actualmente desarrollándose en su convocatoria 2022)? Algo se vio en el episodio de Perejil, algo se está viendo en relación con el Sáhara.

Pero todas estas preguntas, todas estas cuestiones, no pueden ser analizadas correctamente si no se hacen bajo la premisa de lo que es esencialmente la OTAN:

una organización militar con un primus inter pares económico y militar: Estados Unidos, que además ejerce y lo lleva haciendo desde 1949, pero fundamentalmente desde 1991.

¿Hasta qué punto están los países europeos de la OTAN (que son la mayoría de los países europeos) chantajeados por el paraguas nuclear estadounidense, por la industria militar (y no militar, la de alta tecnología, por ejemplo) estadounidense o por la influencia cultural y, por lo tanto, estratégica y geopolítica estadounidense?

Obsérvese, en relación con esta última “influencia”, la abrumadora proporción de citas de origen estadounidense en los documentos académicos, militares e incluso de divulgación europeos relativos a seguridad, defensa, geopolítica, estrategia o política de defensa.

¿Defiende realmente la OTAN los intereses y conveniencias de sus países europeos? ¿Defiende, más concretamente, los de un país de “clase media” como España, que solo tiene un problema real y tangible de “seguridad” en su flanco sur?

¿Debería la Unión Europea seguir hipotecando su propia seguridad y defensa en aras de los intereses de su gran hermano mayor en la OTAN?

Son todas preguntas simples, de esas que parecen quedar contestadas apelando a la globalización, a que en el mundo actual nadie puede solucionar los problemas solo, al multilateralismo, a los valores occidentales de libertad, democracia, Estado de derecho y derechos humanos. Grandes conceptos, sin duda, pero ¿son explicación o justificación? Así de simple.

¿Defiende realmente la OTAN los intereses de España?