TRIBUNA LABORAL

El ADN de la CEOE

Foto: Confederación Española de Organizaciones Empresariales
Porque no haya empresarios avezados en la CEOE o por lo que sea, lo cierto es que han dicho que no al modelo de colaboración pactada que ha estado vigente unos pocos años.

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Defrauda y mucho constatar que la Confederación Española de Organizaciones Empresariales abandona una práctica reciente consistente en negociar sin tratar de imponer sus tesis al resto de los actores sociales (sindicatos) y a la administración (Ministerio de Trabajo) para volver a su ser ancestral, ser la organización en la que se atrincheran los intereses más casposos de la economía nacional, dar la espalda a la inevitabilidad de la evolución modernizadora y buscar en el lobismo, las puertas giratorias y las presiones mediáticas los rendimientos que las oligarquías de siempre han encontrado por una u otras vías, raramente confesables, todo hay que decirlo. 

En momentos como los actuales, de dominio de la incertidumbre a todos los niveles, con transformaciones tecnológicas revolucionarias, cambios radicales en la oferta de los factores, particularmente del factor trabajo, redefinición de los itinerarios de cualificación profesional, modificación de las dimensiones de los mercados de destino, conformación de las estructuras financieras para la producción y el desarrollo de la innovación, en fin que en momentos en los que la acción concertada de las empresas y de los actores sociales a ellas vinculadas son más necesarias que nunca, dicen que se van, que dan un portazo a lo Junts y que ya no quieren saber nada ni de Yolanda Díaz, ni de Unai, ni de Pepe Alvarez, ni hostias. Empujada la organización por sus actores más reaccionarios fuerzan a que la trayectoria pactista de los últimos años se detenga y que se enfrente formando parte del ariete contra Sanchez y sus manipuladoras huestes (quien pueda hacer que haga). 

La CEOE ha vuelto a su ser más tradicional y arcaico, solo así se puede comprender romper relaciones y rechazar de plano las mejoras de salarios y condiciones laborales en un momento de alta actividad económica

¡Muy bien hombre! Justo en el momento en el que las recomendaciones de las instituciones financieras europeas comienzan a reclamar subidas de salarios generalizada no solo para compensar el exceso del esfuerzo realizado por los trabajadores para frenar el desastre del 08 (quiebra del ladrillo) y del 19 (Covid) si no para relanzar el consumo interno como mecanismo de sostenimiento de la actividad económica, justo en el momento en que se dispara la lucha por la captación de fuerza de trabajo entrenada entre las distintas regiones del globo, los señoritos dicen que eso no va con ellos, que ya encontrarán modo y manera de navegar por aguas procelosas sin tener que ceder ni un ápice de sus rentas. Hay que ser cutre, miserable y falto de visión para no comprender que en un momento como el actual, un turning point de la economía del siglo XXI, actuar de manera coordinada es la única forma sensata de hacerlo. No es de empresario avezado no entender que disponer de una estrategia ganadora de futuro es algo más que retener un beneficio pírrico hoy en la cuenta de resultados, la visión de largo recorrido que diferencia a la empresa solvente del mediocre negociete se materializa al trenzar los intereses que conectan a éstas con la sociedad (trabajadores y sindicatos) y con la estructura legal que representa la administración del Estado y de sus prolongaciones internacionales. 

Porque no haya empresarios avezados en la CEOE o por lo que sea, lo cierto es que han dicho que no al modelo de colaboración pactada que ha estado vigente unos pocos años. Es de suponer que a partir de ahora el desacato a toda legislación, instrucción o recomendación nacida del aparato del estado que afecta a sus respectivas áreas de actividad será boicoteado, ninguneado o contravenido, convirtiéndose así en auténticos fuera de la ley. Se echan al monte vamos.

Su ADN antiobrerista se impone a la lógica de los mercados

Y no parece importarles la sobrevenida condición de marginados fuera de la ley. Lejos de buscar enmascarase para hacerse irreconocibles y dificultar su identificación por parte de las autoridades, al revés, alardean de ello y se engallan como diciendo ahí queda eso. Esa actitud testosterónica no tiene otra explicación que la de sentirse seguros y nunca fuera de ley como si de defraudadores o de prevaricadores se tratara (no menciono estos perfiles delictivos por nada en particular). No se sienten incómodos porque saben que hay otras formas de no sentirse fuera de la ley, afectarla y modelarla a beneficio propio, dándole elasticidad suficiente como para sin colaborar en el proyecto social pactado no queden excluidos, ni marcados siquiera.

¿Y cómo lo hacen? Como siempre se ha hecho, contratando para los equipos de dirección y asesoría (consejeros les llaman) a personas que toman decisiones sobre la legislación que vaya a afectarles o que puedan reglamentar su ejecución de un modo totalmente de parte. La empresa española prioritariamente representada por la CEOE es una modalidad de empresa basada no en la competitividad en los mercados, sino en el blindaje oligopólico que su red social le otorga. Cuando los apellidos y los paquetes accionariales no son suficiente para forzar una posición, por atávica que sea, queda el comodín de la banca que todo lo ajusta mediante su sistema de financiación que, si fracasa como suele, lo pagamos todos los españoles.

La CEOE ha vuelto a su ser más tradicional y arcaico, solo así se puede comprender romper relaciones y rechazar de plano las mejoras de salarios y condiciones laborales en un momento de alta actividad económica con una dura competencia por la fuerza de trabajo a escala internacional. Su ADN antiobrerista se impone a la lógica de los mercados.