Los alias del novio de Ayuso
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¿Cuál será el apodo cariñoso que pueda utilizar Díaz Ayuso con su novio tan particular? Quizá le diga cosas tales como “querido propietario del pedazo de ático que compartimos” o “Maseratín mío”. Pero esto entra dentro del ámbito privado y es algo indiferente para la vida pública. Sin embargo, sí tiene interés que Alberto González Amador aparezca como Alberto Quirón en el móvil de Miguel Ángel Rodríguez, por la sencilla razón de que la comunidad madrileña ha transferido cinco mil millones a esa entidad sanitaria con Ayuso como presidenta.
El ciudadano particular acosado por los medios de comunicación y el aparato del Estado multiplicó sus ingresos al hacerse novio de Ayuso. Un par de milloncejos daban para vivir en Chamberí y tener un coche de alta gama. Pero la codicia suele romper el saco y las facturas falsas presentadas para deducir impuestos dieron la voz de alarma. Para más inri, ahora sabemos que conserva un perfil falso en Quirón, donde aparece internamente como director de Proyectos, bajo el pseudónimo de Alberto Burnet González.
El ciudadano particular acosado por los medios de comunicación y el aparato del Estado multiplicó sus ingresos al hacerse novio de Ayuso
Al preguntársele por esta noticia, la presidenta madrileña parece incapaz de mantener la calma y se pone como una hidra, vociferando que La Moncloa y la prensa pretenden imponer a un ciudadano particular cómo debe configurar sus cuentas de correo, no siendo esto desde luego de lo que se trata. La cuestión es por qué D. Alberto como quiera llamarse mantiene una relación tan especial con Quirón, alma del proyecto privatizador de la sanidad pública madrileña llevado a cabo por Ayuso.
Preguntada por el escándalo del hospital de Torrejón, Ayuso le quita hierro invocando rencillas entre directivos. Aquí paz y después gloria. Como con esos ancianos que se iban a morir igual en las residencias, al no tener un seguro privado. En medio de la pandemia inauguró el Zendal, un hospital sin quirófanos ni recursos para funcionar como tal. Veremos a qué acaba destinándose aquel oneroso trampantojo faraónico. El hermano de Ayuso se lucró con unas pingües comisiones al comprar mascarillas, cono hicieron tantos otros. Y ahora el novio parece dedicarse al estraperlo de la privatización sanitaria.
El hermano de Ayuso se lucró con unas pingües comisiones al comprar mascarillas, cono hicieron tantos otros. Y ahora el novio parece dedicarse al estraperlo de la privatización sanitaria
Ayuso tiene suerte de que los problemas del ciudadano particular quedan eclipsados por la corrupción y el machismo que aflora entre las filas del partido socialista. Esto último si puede hacer tambalear al gobierno de Sánchez, que hizo bandera del feminismo y una implacable lucha contra la corrupción. Sin embargo, Ayuso seguirá ganando elecciones de calle con su discurso trumpista, que niega las evidencias y genera una realidad paralela. Como Sánchez también tiene un hermano y una pareja, está empeñada en desacreditarlos y su odio le hace ir contra la universidad pública, particularmente contra la Complutense. La cátedra de Begoña Gómez no es algo elegante y no debería haber tenido lugar, pero comparar eso con las actividades presuntamente ilícitas del ciudadano particular no tiene color.
Como decía Manuel Cruz en ‘El Pais’, tras judicializar la política, estamos asistiendo a la politización del sistema judicial, preguntándose qué puede venir después. La dialéctica del “tú más”, nos recuerda Cruz, viene a significar que se reconocen las fechorías y que se trata de aminorarlas en términos comparativos. La solución pasaría por lo que diagnostica Victoria Camps en su último libro: recobrar la dimensión ética en el ámbito público y privado. No precisamos de más protocolos ni normativas o códigos éticos. Hay que recuperar la ética dentro del ámbito íntimo, sin exonerar a los delincuentes y convertirlos en un pérfido modelo de triunfo social.
Contribuir al descrédito de las instituciones y los tres poderes del Estado, sirve de abono a las ideas más extremistas y permite que prosperen las autocracias totalitaristas, al dar por buenas las premisas del neofascismo más reaccionario, jaleado por quienes mueven los hilos de un depredador anarcocapitalismo al que le molesta la gente, porque solo considera personas a quienes tienen un gran poderío económico. Por esa senda nos precipitaremos en el abismo, como la Esfinge de Edipo.