jueves 20/1/22
dialogo social

Ya tenemos REFORMA o CONTRAREFORMA pactada, lo que constituye una garantía para construir el futuro. Con dos aspectos importantes para la clase trabajadora y para su organización, el sindicalismo. Supone avances legislativos evidentes, y es asumida por la contraparte, la patronal. Con un árbitro, activo y positivo interviniente, el Gobierno de España.

Un acuerdo a tres, expresión del acierto, buen trabajo y sentido de responsabilidad de cada una de las tres partes: del gobierno de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, de la patronal con Antonio Garamendi al frente, y de los sindicatos, CCOO con Unai Sordo y UGT con Pepe Álvarez. Todos ellos con sus equipos de demostrada eficiencia y con la capacidad para escuchar a la sociedad desde sus particulares intereses de parte y para saber encontrar el punto de equilibrio.

Desde una perspectiva sindical sorprenden los escasos análisis de sus contenidos antes de colocarle adjetivos. Los detallados textos, de unos 80 folios, que me han llegado, poco publicitados, apuntan un trabajo muy serio, de meses, abordando lo principal y lo supuestamente secundario para darle cauce y garantías. Muchas páginas que resumen meses y meses de trabajo, y de negociación.

Sugiero a los potenciales opinantes, individuales o colectivos, que se lean estos textos tan trabajados. El capítulo sobre el empleo y sus nuevas garantías en la necesaria lucha contra la precariedad, sobre la temporalidad causal de los contratos, los ERTEs (proyectando la valiosa experiencia conseguida en la pandemia), los nuevos contratos de formación, las bolsas sectoriales de empleo, las garantías en las condiciones de trabajo en las contratas y subcontratas, las nuevas normas para los despidos…, insertado en el Estatuto de los Trabajadores. Derechos individuales para trabajadores y trabajadoras acompañados por las necesarias salvaguardias desde los intereses colectivos como imprescindible tutela de los individuales, con la ultraactividad de los convenios y la prevalencia de los convenios de sector, con los nuevos instrumentos para el seguimiento e intervención desde el sindicalismo…, bases todo ello para el nuevo impulso de la acción colectiva que permite y exige, así como desde la inspección de trabajo.

Algún dirigente sindical ha comentado que “no es todo lo que nos hubiera gustado”. Faltaría más, pero creo que no es un problema de gustos, sino de entender cuál es en cada momento el punto de equilibrio de la relación de fuerzas, una relación o correlación en permanente evolución en cualquiera de las direcciones posibles, y consecuencia del trabajo antes desarrollado y de su acierto. Si algo ha faltado no es en mi opinión un mayor avance en los contenidos, sino, en todo caso, en la tensión conseguida en el conjunto de la clase trabajadora para acompañar a la mesa de negociación. Ésta sí es una discusión posible. No sólo para valorar el punto de llegada en el que nos encontramos, sino, sobre todo, para orientarnos hacia el futuro inmediato que ahora es el principal reto para aplicar la nueva norma pactada. Porque una ley aplicada sin tensión social siempre acabará devaluada.

Un acuerdo que sólo contiene elementos de avance, que es asumido por la otra parte y que supone un excelente punto de arranque para la acción sindical colectiva y solidaria desde los centros de trabajo. En la gran empresa por algunos temas, en las pequeñas y medianas en todos.

Contrarreforma laboral: la victoria de cada parte está en el nuevo equilibrio consensuado