viernes 28/1/22
CapturaYolanda

Se ha alcanzado un acuerdo en la Reforma Laboral. No pocas voces lo están calificando de “hecho histórico”. Y lo es por excepcional, ya que es la primera vez que se afronta una Reforma Laboral desde el acuerdo entre patronal, sindicatos y gobierno, lo que sin duda es bueno para los trabajadores y trabajadoras, para las empresas y para la economía del país. Y responde a lo que expresan todas las encuestas: que mayoritariamente la ciudadanía reclama, por el interés general, que los partidos políticos, los sindicatos y la patronal hablen, negocien y acuerden para que crezca y mejore nuestra economía, el empleo y sus condiciones.

El acuerdo alcanzado es un paso importante, una seria oportunidad para avanzar hacia un modelo de relaciones laborales que entierre esa parte de nuestra economía sustentada en el fraude, la desregulación, la precariedad y los bajos salarios, lo que ha provocado que estemos en la zona gris de los países europeos en empleo juvenil, en capacitación profesional y en políticas activas para el empleo. Por todo ello este acuerdo en la Reforma laboral, que contiene instrumentos para fomentar la estabilidad del empleo y para impulsar un cambio radical en la formación de los trabajadores y trabajadoras, lo deberíamos sumar a la reciente ley de Formación Profesional que ajusta los perfiles profesionales a las nuevas demandas del mundo del trabajo, y al Anteproyecto de Ley de Empleo aprobado este mes de diciembre. Porque este trébol de las tres acciones legislativas juntas debería hacernos mirar el futuro inmediato con optimismo. Son un acicate, junto a los Fondos Europeos, para la necesaria transformación económica, para el cambio de modelo productivo de nuestro país tantas veces anunciado y tantas frustrado.

La ciudadanía reclama que los partidos políticos, los sindicatos y la patronal hablen, negocien y acuerden para que crezca y mejore nuestra economía, el empleo y sus condiciones.

Se han publicado ya centenares de comentarios sobre el contenido del acuerdo sobre la Reforma Laboral. Cada cual subraya y carga las tintas en aquellos aspectos que entiende le son más beneficiosos o explican mejor las razones de su firma, incluso, sucede en toda negociación. Con una lectura atenta de las opiniones, seguro que podríamos encontrar distintos grados de valoración del alcance de algunos apartados de lo acordado. Pero la realidad es que se ha alcanzado un acuerdo que va más allá de los eslóganes o discusiones semánticas sobre si es o no la derogación total de la Reforma de Partido Popular. No, no lo es, entre otras razones porque cualquiera que entienda un mínimo sobre este negociado, y de negociación, sabe que esto no era posible si la opción era el acuerdo de las tres partes, incluyendo también a la patronal. Pero que tampoco era deseable porque va más allá, como ha explicado reiteradamente desde el inicio de las negociaciones la Ministra de Trabajo Yolanda Díaz.

Es indudable que este acuerdo restituye derechos arrebatados por la Reforma Laboral del Partido Popular, como supone la recuperación de la ultraactividad del convenio o la aplicación obligatoria de los salarios mínimos y la jornada máxima de los convenios de sector. Este último aspecto es esencial para impedir esa práctica de promover por parte de algunas empresas, especialmente sin representación sindical, un “convenio de empresa golfo” con el objetivo de fijar salarios más bajos y jornadas más altas que el convenio de su sector y, desde ahí, competir en precio con otras del mismo sector a costa de empeorar las condiciones de trabajo y empobrecer a sus trabajadores y trabajadoras.

Pero, más allá del contenido que deberá regenerar nuestro maltrecho mercado de trabajo, creo que también merece la pena destacar del acuerdo que las organizaciones empresariales hayan entendido que no es bueno, ni para el país ni para sus empresas, alimentar la actual polarización y crispación política. Y así han decidido que asumen soportar portadas como las del diario La Razón de hoy y editoriales de medios de comunicación cuasi insultantes, o descalificaciones de los líderes del Partido Popular y VOX. Destacable es asimismo la actitud de los sindicatos que no han caído en el riesgo de preferir aquello de que, “ahora que están los nuestros” y tenemos el árbitro a favor, no hace falta negociar porque solo tenemos que exigir que se aplique la ventajosa correlación de fuerzas que tenemos en el Gobierno y en el Congreso de los Diputados, ya que todo acuerdo con la patronal significará necesariamente rebajar las expectativas. Lo que podría ser cierto, aunque con tal actitud se enterrará la autonomía colectiva y se debilitará la negociación colectiva, el principal instrumento, para regular las relaciones laborales. Y tan es así que no habrá nunca una ley que supla la necesidad de afiliación y organización del sindicato en la empresa.

“Respeten lo que han acordado los que representan a quienes pagan las nóminas y a quienes las cobran

Ahora habrá que estar pendientes del resultado del trámite parlamentario, de las enmiendas de ERC, de Bildu, de PNV, como posibles condiciones para votar a favor del Real Decreto Ley.  Enmiendas, algunas presentes en las plataformas iniciales de los sindicatos como la de modificar las causas y el coste del despido y la aprobación administrativa de los ERES. O esos tres partidos presionando para debilitar los convenios colectivos estatales frente a los autonómicos, respondiendo a su ideario nacionalista que reduce el ámbito de solidaridad.  Frente a todo ello quizás sea útil recordar la  frase del vicepresidente de CEOE Lorenzo Amor en sus declaraciones al programa Hora 25 de la Cadena Ser: “respeten lo que han acordado los que representan a quienes pagan las nóminas y a quienes las cobran”.  

Felices fiestas y felicidades a los compañeros y compañeras sindicalistas por su buen trabajo.

Acuerdo Reforma Laboral, un paso más para salir de la zona gris