sábado. 02.03.2024
Cándido Conde-Pumpido

Las batallas se ganan en los templos. Esta es una de las múltiples traducciones que pueden leerse de aquellas tablillas que se encontraron de lo que luego se conoció como el Arte de la Guerra y se atribuyó a un tal Sun Tzu. Era, esa frase, una forma de realzar el papel de la planificación en el oficio militar. Se continuaba con otras donde se afirmaba que el vencedor de la batalla es el que planifica como ganarla y luego va a la batalla, mientras que, el perdedor, es el que se presenta a la lucha sin hacer los deberes previamente.

Está visto quienes quieren ganar la batalla judicial sobre la amnistía que va a librarse, muy previsiblemente en el Tribunal Constitucional. O, en el caso de que pierdan, ir preparando el argumento del relato posterior que explique las causas de la derrota. Son aquellos que ya están trabajando a algunos miembros de ese alto tribunal para que voten lo que hay que votar.

Es fácil pensar que, si se repite el actual gobierno de coalición, el trabajo del Tribunal Constitucional puede llegar a ser agotador. Tengo la impresión de que, en ese caso, cada Boletín Oficial del Estado y, por supuesto, todos los Diarios de Sesiones del Congreso de los Diputados, acaben ante el TC como consecuencia del recurso de cada día de la oposición del PP y de VOX. Seguramente que, a los miembros de ese tribunal, no les hará falta esperar la llegada del recurso diario porque habrán tenido la oportunidad de enterarse por gran parte de la prensa especializada. Especializada en zurrar al gobierno, claro está.

Es fácil pensar que, si se repite el actual gobierno de coalición, el trabajo del Tribunal Constitucional puede llegar a ser agotador

Pero, lo primero es lo primero. Y, lo primero es la amnistía, clave de bóveda del edificio de la investidura. Si se demuestra que la posible, y presunta, ley, o lo que sea, de amnistía, es ilegal, la derecha habría conseguido demostrar lo que lleva años pretendiendo: que Pedro Sánchez es un presidente de Gobierno ilegítimo y que su presencia en el Palacio de la Moncloa es debida a una okupación ilegal. De ahí a solicitar su evacuación inmediata, y empleando los medios necesarios, solo habría un paso.

Se dice, en los ámbitos conservadores, que la izquierda ha "colonizado" el Tribunal Constitucional. Se trata, este, de un término muy descriptivo de lo que, en realidad, quieren decir ya que "colonizar" significa establecerse en un territorio extraño, ya sea un "país" o un "estado extranjero", según lo define el DRAE. Y, claro, todo parte de que, ese "país colonizado" es, por ley natural, territorio de la derecha, por lo que la actual mayoría progresista ha sido posible por una colonización u ocupación, por supuesto, extraña y antinatural y, ¿quién sabe?, si ilegítima.

Y, frente a la ocupación, lo que sí es legítimo es el derecho a la resistencia. No es el mismo caso de la aldea gala de Asterix, porque esa "ocupación" progresista del TC, al contrario de la de la Galia por Julio Cesar, es una rara avis en el mundo jurídico español, lo que confirma lo singular del caso y la dificultad que va a tener el "ocupante" en mantener su "colonia".

Se dice, en los ámbitos conservadores, que la izquierda ha "colonizado" el Tribunal Constitucional

Volviendo a la técnica militar, una práctica muy usual tiene que ver con atacar con las partes más fuertes a las partes más débiles del enemigo. En este sentido, conviene decidir cuáles son esas partes más débiles de la fracción progresista entre los miembros del TC y, al parecer, en el Partido Popular ya lo deben de haber decidido.

Resulta que José Antonio Zarzalejos, prestigioso y avezado periodista, ha escrito en El Confidencial (26 de octubre), medio en el que ejerce su indudable magisterio, un trabajo dirigido a un miembro del TC. Y, lo hace, dirigiéndose a él hablando de "un gran jurista" del que "cuesta creer que se entregue a una labor destructiva del propio TC y, por consecuencia, de la arquitectura constitucional" porque "anteponga sus pulsiones ideológicas a una recta interpretación de las normas que ha de aplicar en sus resoluciones".

No vayan a creer que se dirige a doña Concepción Espejel, "querida Concha", o a don Enrique Arnaldo, reputadas señorías conservadoras a las que no cuesta mucho relacionarlas con el Partido Popular. No. El destinatario de esas palabras es don Cándido Conde-Pumpido adscrito a la fracción progresista del alto tribunal y presidente del mismo. No llamaría tanto la atención, al menos a mí, si la reflexión de Zarzalejos fuera genérica y se refiriera a todos los miembros del tribunal. Sería difícil, en ese caso, no suscribir su demanda de que los miembros, todos, de ese tribunal interpreten rectamente las normas.

Se debe de tratar de la designación de Conde-Pumpido como la parte, supuestamente, más vulnerable de la ciudadela progresista y, por ello, el objetivo a atacar

Lo extraño es que destaque al señor Conde-Pumpido. ¿Es que piensa que los demás no son grandes juristas? O que, ¿solo el señor Conde-Pumpido es susceptible de anteponer su ideología a su recto proceder como magistrado? ¿Quizás ha observado alguna tendencia prevaricadora en el señor Conde-Pumpido? No creo. En realidad, se debe de tratar de la designación de Conde-Pumpido como la parte, supuestamente, más vulnerable de la ciudadela progresista y, por ello, el objetivo a atacar. Pura estrategia. Señalar con el dedo no suele ser de buena educación pero, todo por la patria, a veces es necesario perder la compostura cuando el fin lo exige.

Y, una vez decidida la estrategia, queda la táctica. Esta, consiste en, por una parte, trabajar la vanidad de un gran jurista que puede perder su prestigio si no impide que la amnistía, independientemente de su juridicidad, se produzca. Y, por otra, avisarle de lo que le espera si no cumple con el encargo. Todo un ejemplo de cómo hay que hacer estas cosas. Y no con la tosquedad con la que se han manifestado desde las fuerzas regulares del Partido Popular. Es la diferencia entre los servicios de inteligencia y la caballería.

Esperemos que Conde-Pumpido anteponga "una recta interpretación de las normas que ha de aplicar en sus resoluciones" no solo a "sus pulsiones ideológicas", como dice Zarzalejo, sino a las presiones a las que está siendo sometido.

Conde-Pumpido, van a por usted