¿Cómo se llamará Washington DC al conmemorar el 250 aniversario de la Independencia?
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Recuerdo que durante mi primer viaje a Nueva York me impresionó ver una Torre Trump frente al edificio de las Naciones Unidas. Años después vi que su residencia en la Quinta Avenida llevaba también su nombre. Lo supe al visitar Tifanny’s para rendir homenaje a la memorable película protagonizada por Audrey Hepburn Desayuno con diamantes. Ningún presidente había osado poner su nombre a nada en el ejercicio de su cargo, pero Trump supone también una excepción en este capítulo. Acaba de rebautizar el emblemático John F. Kennedy Center anteponiendo su propio nombre. Da igual que sea una competencia del Congreso. Quienes ha colocado en el Patronato han hecho ese paripé, aun cuando sus estatutos no contemplen semejante prerrogativa.
Ha demolido el ala este de La Casa Blanca para construir un Salón de baile, que costará en principio 250 millones de dólares y por supuesto llevará su nombre. También ha puesto su nombre a un tipo de buques en construcción y no sería extraño que las criptomonedas lleven su efigie o circule algún billete con su rostro que valga cuando menos un millón de dólares. Cabe suponer que le tentará sumar su careto a los rostros de George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Teddy Roosevelt en el monte Rushmore, con el que nos familiarizó Hitchcock al rodar Con la muerte en los talones.
Al parecer está diseñándose un monumental Arco del Triunfo para festejar el 250 aniversario de la Independencia, que se celebrará el 4 de julio del próximo año. Parece obvio que llevará el nombre de Donald Trump y se colocará junto a los monumentos que hay en el centro de la capital estadounidense. Falta saber si, de anexionarse Groenlandia, no la rebautizará como Trumplandia, tras convertir al Golfo de México en Golfo de América. Como se ha comparado con Washington en más de una ocasión, podría gustarle rebautizar con su propio nombre a la mismísima capital, antes de meditar si el planeta no debería llamarse también así.
Bajo el nazismo muchas plazas fueron llamadas Adolf-Hitler, no solo en Alemania, sino en muchos de los países ocupados. Berlín se convertiría en la capital del mundo bajo el nombre de Germania. Pero afortunadamente Hitler perdió la guerra y todo eso se revertió. La obsesión de Hitler por conquistar Stalingrado le hizo desoír a sus asesores militares. Quizá quisiera ponerle su nombre. La megalomanía no conoce límites cuando se desmadra y nadie le pone coto. Ahora se vuelve a llamar Volgogrado por cierto, al igual que Leningrado vuelve a ser San Petersburgo. Dicho sea de paso, hay una pequeña ciudad serbia que se llama Putinovo en honor al autócrata ruso. Veremos qué va pasando.