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En reconocimiento a Juan Canals Oliva, empresario textil,
por su compromiso sostenido durante décadas
—desde responsabilidades en Foment del Treball y CEOE—
con la defensa del diálogo social
Estimadas empresarias y estimados empresarios,
En los últimos días, la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Diaz, ha presentado ante el Consejo de ministros el informe ‘Democracia en el Trabajo’, elaborado por una comisión internacional de personas expertas. Su propósito es claro: abrir un proceso de diálogo social para reforzar la participación de los trabajadores en la estructura y gobernanza de las empresas españolas, algo que —según se ha señalado— no se ha abordado de forma integral desde la aprobación de la Constitución Española.
La iniciativa ha despertado recelos en la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). No es extraño. Cada avance en materia de participación laboral ha venido históricamente acompañado de dudas, temores o prevenciones. Forma parte de nuestra cultura empresarial y también de nuestra tradición negociadora. Pero, precisamente por eso, esta podría ser una ocasión para una reacción empresarial distinta.
Esta carta no es una exhortación ideológica, sino una invitación pragmática. Acudan al diálogo social sin miedos atávicos ni prejuicios heredados
No está escrito que el empresariado español deba situarse, una vez más, en la posición defensiva. Existen —y no son pocos— empresarios y empresarias conscientes de que la competitividad del siglo XXI no se sostiene únicamente sobre capital, tecnología o financiación, sino también sobre talento comprometido, innovación compartida y cultura organizativa sólida. Y todo ello exige participación de las personas trabajadoras.
La empresa es el núcleo central de nuestra economía, y el trabajo la base de nuestra sociedad. Patronal y sindicatos comparten una responsabilidad histórica: entender que son, juntos, agentes fundamentales del cambio social positivo que nos exige el desafío tecnológico, la transformación digital y la transición energética. Las empresas no van a cambiar solo por nuevas máquinas o normativas; cambiarán por la manera en que se organice el trabajo y por el grado de implicación de quienes lo hacen posible cada día.
Vivimos una convulsión económica y social profunda. Pero el cambio más determinante no está en los titulares, sino dentro de las empresas: qué producimos, cómo lo producimos, quién lo produce y dónde se produce. En este contexto, la participación no debe verse como una amenaza a la autoridad empresarial, ni como un cuestionamiento de la propiedad. Debe entenderse como una herramienta de modernización desde una intervención eficaz de todos los agentes que en ella participan, como un ejercicio de democracia y responsabilidad.
Las organizaciones más exitosas —también a nivel internacional— no son aquellas que concentran el poder en círculos cada vez más reducidos, sino las que han sabido abrir espacios de información, deliberación y corresponsabilidad. Allí donde existen canales sólidos de participación, mejora la calidad de las decisiones, se reduce el conflicto improductivo y aumenta el compromiso con el proyecto empresarial definido a través del mejor ejercicio de derechos y obligaciones. La innovación no florece en el silencio, sino en el intercambio.
El cambio más determinante no está en los titulares, sino dentro de las empresas: qué producimos, cómo lo producimos, quién lo produce y dónde se produce
Impulsar nuevos instrumentos de información y participación, crear espacios comunes donde la opinión pueda expresarse con libertad y responsabilidad, promover un liderazgo más colaborativo y ético: todo ello no debilita la empresa, la fortalece. Democratizar determinadas dinámicas internas no significa diluir la dirección, sino enriquecerla.
Es cierto: podrá haber una ley, incluso una buena ley. Pero la implicación real de los trabajadores no se decreta en el Boletín Oficial. Nace cuando se sienten parte del rumbo de la empresa y también de sus resultados. Nace cuando se perciben como actores y no como meros ejecutores.
Por eso, esta carta no es una exhortación ideológica, sino una invitación pragmática. Acudan al diálogo social sin miedos atávicos ni prejuicios heredados. Escuchen antes de rechazar. Negocien antes de bloquear. Exploren antes de descartar. La modernización de nuestras empresas no será posible si no incorporamos de manera madura y estratégica la participación como palanca de competitividad.
España necesita empresas fuertes. Pero también necesita empresas modernas, abiertas y capaces de integrar inteligencia colectiva en su funcionamiento diario.
Den juntos ese paso.
El país lo necesita.



