lunes. 15.04.2024
 

No sé si habéis participado alguna vez en el juego del pelele, el muñecote deslavazado manteado, empujado hacia arriba y recogido abajo mientras se acompaña su traqueteo con risas y gritos de arriba el pelele, abajo el pelele. Es un acto ritual entre lo lúdico y lo tribal que se practica tanto para celebrar (recordad los entrenadores volteados por algún éxito de sus equipos) como para ridiculizar (como se hace en algunas novatadas) El  monigote, la representación bufa de una determinada persona, lanzada al aire exhibiendo su desencajada y antinatural hechura, es el símbolo de la descomposición, de la enajenación, de la falta de voluntad y finalmente de la exposición impúdica.

Algo que me recuerda al actual partido popular, una entidad política carente de voluntad, en avanzado estado de descomposición y, debido a ello, exhibiendo impúdicamente las costuras andrajosas de sus vestimentas, dejando ver que los trajes de responsable de cargo público o actor político no son sino disfraces para simular ser quien no se es mientras uno y otro son volteados al grito de arriba pelele, abajo pelele. Ayuso arriba y abajo, y Casado abajo y arriba me trasmiten la impresión de los peleles que provocan las risas y el regodeo de quienes les empujan.

Y por cierto, se dicen en sutil aparte, que deberíamos ir preparando la siguiente performance, yo lo veo venir por la parte de más colorido, más tradición, más atrezo y más emoción, menos bigotes hirsutos y más barbas imperiales ¿qué tal como lo veis vosotros?

¿Pero quiénes son esos sacudidores que tanto se divierten, ajenos al daño que pueda sentir el figurón desmadejado? Pues hay de todo, mucho periodista, mucho estratega, mucho revanchista, y sobre todo mucho cretino que se pirra por participar en cualquier sarao que, como las majas de Goya, pasan un rato de lo más divertido con juegos infantiles entre muecas de complicidad y miradas de ya te lo dije yo.

¿Pero son estos ejecutores del manteo los auténticos volteadores?  Para mí que no. Si preguntamos a un antropólogo sobre el sentido y significado del juego del pelele, seguro que nos remitirá a ritos de exorcización y derivación o conjura de males trasmitiendo al muñeco la perversidad por la que está siendo vapuleado. Nos dirá que una pulsión social se esconde tras ese inocente juego que, mediante el simbolismo del ataque al maldito, se desactiva una acción social de mayor voltaje con potencial desestabilizador que buscara erradicar de verdad el malfario, y no a su simple conjuro.

Alguien parece estar muy preocupado porque las cosas no se desmadren en demasía, que la sangre no llegue al río, si hay que desviar la atención qué mejor que fabricar un pelele, pue allá que vamos. Lo que importa es no entrar en la verdadera razón por la que la derecha tradicional de este país ha entrado en un callejón sin salida (civilizada) y lo que queda es reírse de uno mismo, sacar a relucir el muñeco, echarnos unas risas y mañana ya veremos porque será otro día.

Si  mueves la cámara para salir del foco del festejo, si apartas la mirada del gracejo de los volteadores, seguro que podrás ver a un grupo bien reconocible por sus atributos sociales como empresarios, jueces, banqueros y parte de la aristocracia ilustrada que animan el manteo porque el popular jueguecillo les saca de un embrollo histórico, el de tener que desmontarse de las políticas liberal mercantilistas que han abrazado desde los años 80 del pasado siglo y que ahora ya saben son ineficaces y contraproducentes para sus propios intereses. No les conmueve ni importa la desigualdad, ni la hambruna o la injustica, les mueve el haber recapacitado sobre la insostenibilidad del proyecto neoliberal en acepción modernizada de codicia y falta de escrúpulos. No les preocupa el asalto a la razón, ni las faltas a la legalidad y la honradez. Lo que saben es que han de dar marcha atrás y hacerlo de manera disimulada.

Pero el partido político que eligieron como garante de sus aspiraciones elitistas está poblado por personas y ordenanzas dispuestas para reproducir la senda neoliberal a cualquier precio,están habituadas al pufo¡Que lio! Cómo desmontar esto, cómo decirle a la gente que no, que ya no nos gusta como caza la perrita, que ya no resultan útiles los aznares, los rodrigoratos, losaguirres, rajoyes, buf, menudos se van a poner. Capaces son de traicionarse entre ellos, de resultar pueriles acusandose unos a otros de todo lo que les pedimos o aconsejamos que hicieran en su momento. Van a escandalizar, ya lo verás.

No importa, se dicen entre ellos, entre los promotores del entretenimiento, convirtámoslo en un juego, manteémoslos en plaza pública, convirtamos el PP en un PPelele y a disfrutar todos. Y por cierto, se dicen en sutil aparte, que deberíamos ir preparando la siguiente performance, yo lo veo venir por la parte de más colorido, más tradición, más atrezo y más emoción, menos bigotes hirsutos y más barbas imperiales ¿qué tal como lo veis vosotros?

¡Arriba el ppelele, abajo el ppelele!