martes. 05.03.2024

El miedo a un futuro incierto, las prácticas políticas monetaristas y financieras que dominan las economías, han generado un importante retraimiento social hacia posiciones identitarias que idealizan un pasado nacional fuerte frente a una globalización fracasada. Las instancias supranacionales, con unas actuaciones a menudo muy negativas para la ciudadanía debido a la correlación de fuerzas, se vislumbran como las élites enemigas a las que hay que debilitar para alinearlas a posiciones iliberales. El rechazo de lo que, en nuestro entorno más inmediato, valoramos como muy negativo, empuja a la ciudadanía hacia un cambio aunque el cambio lo encarne quien nos lleva al abismo como ha sucedido en Argentina. La falta de un horizonte utópico positivo e ilusionante, junto a la falta de políticas asumidas como positivas, como elementos  relevantes, tiene consecuencias

Ante ello, las izquierdas viven, desunidas, desorganizadas, acomplejadas, desligadas -de manera mayoritaria- de un cambiante mundo del trabajo. Una parte de ellas altamente posmodernizadas, mostrando un adanismo insultante. Una combinación que en nada evita el camino hacia el abismo por el que transita una parte importante de la sociedad. Apelar a la democracia no sirve como antídoto, aunque hay que seguir haciéndolo pero acompañado de propuestas y discursos creíbles que te inviten a transitar por un camino hacia una sociedad más justa.

El rechazo de lo que valoramos como muy negativo, empuja a la ciudadanía hacia un cambio aunque el cambio lo encarne quien nos lleva al abismo como ha sucedido en Argentina

¿Qué hacer? Cómo cambiar, cómo evitar que la batalla cultural se siga decantando día a día, del lado de la más derechista de las visiones del mundo. Cómo combatir el nihilismo, el individualismo, el consumismo elevado a la categoría de religión, la insolidaridad. En definitiva, ¿cómo combatir esos valores antidemocráticos que impregnan parte importante de la sociedad, con una mayor intensidad a los hombres?

Las derechas clásicas se derechizan y asumen discursos de las extremas derechas negacionistas, conspiranoicas, antidemocráticas, profundamente autoritarias y enemigas de los derechos sociales y la igualdad. Odian profundamente  al sindicalismo de clase al que ven, no sin razón, como el dique  más importante, que unido a los derechos de las mujeres, les impide un mayor avance  e incluso  pueden impedirles gobernar, aunque mantienen una importante impronta social y cultural. El ataque a la sede de la CGIL en Roma, la laceración de derechos sociales y sindicales allá donde gobiernan, son la evidencia de su ideario. No olvidemos que frente a un capitalismo voraz que desarticula toda organización social, el sindicalismo es el gran obstáculo. El ruido publicitado y twitteado no inmuta al poder.

Algunas de las respuestas a los discursos derechistas, por parte de sectores liberales o de izquierda, nos resultan altamente peligrosos pues asumen parte de los postulados anti-inmigración, mantienen posiciones pro-sionistas (el sionismo gobernante en Israel es tan derechista como el que más), prohibiendo e incluso persiguiendo la solidaridad con Palestina (no confundamos ser solidarios con Palestina, con defender el terrorismo de HAMAS), llegando al extremo de prohibir las manifestaciones. Estas asunciones, son victorias de la extrema derecha y laceran la democracia. La  democracia está en grave peligro, ahora ya devaluada en diferentes ámbitos internacionales y en España los que  diariamente lanzan invectivas contra el gobierno de coalición progresista, nos la querrían dejar tiritando sino dejándola sin contenido e incluso eliminar.

Frente a un capitalismo voraz que desarticula toda organización social, el sindicalismo es el gran obstáculo. El ruido publicitado y twitteado no inmuta al poder

Tan grave o quizás más que la asunción de algunos postulados, es el paso de algunas izquierdas y sectores en el interno de organizaciones sociales, a defender un roji-pardismo muy evidente en algunas izquierdas (ejemplo en Alemania) y algo más difuso en otras o sectores sociales. El roji-pardismo promulga derechos sociales para los autóctonos frente a los no autóctonos, debilita la democracia, rompe con la solidaridad, favorece la desigualdad, y da alas a las extremas derechas cuya victoria no siempre es gobernar pero sí imponer su discurso. Estas respuestas son fruto de una importante debilidad política para proyectar propuestas de futuro alternativo, asumiendo que estamos en unas sociedades cambiantes, vertiginosamente cambiantes. En el seno de las diferentes organizaciones sociales y  de clase, se dan tentaciones económico-corporativas frente a lo global.

Frente a esta compleja situación, se hace necesario impulsar avances sociales, políticos y económicos que permitan visualizar la democracia como aquello que marca una senda hacía sociedades más justas. En este combate, los sectarismos poco nos ayudan, la descalificación constante utilizando medios comunicativos poco ayudan, los ruidos innecesarios no ayudan, y el aventurismo ideologista de nada sirve para avanzar socialmente. Fortalecer el sindicalismo de clase, reforzando lo sociopolítico es del todo imprescindible para ejercer de instrumento para el avance social y la democracia frente a los que nos indican el camino hacia el abismo.

Ante el abismo