martes. 23.04.2024

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La caída del muro de Berlín alcanza a toda la izquierda, se quiera o no se quiera reconocer, incluida la socialdemocracia europea.

Muchas y muchos comunistas se quedan descolocados y/o una minoría se reafirma en sus tesis e incluso se radicaliza más, pero la mayoría busca otras alternativas incluso se disuelven en ese intento partidos comunistas en el este de Europa o en Italia.

La socialdemocracia buscó su salida en el socioliberalismo, conocido de inicio como Felipismo en el estado español y poco después como tercera vía con el neoliberal Blair en Gran Bretaña o el SPD en Alemania que al final acaba contagiando a gran parte de los y las socialdemócratas, sobre todo los de orígenes de clase media urbana y con cierta formación académica –no todas ni todos- al mismo tiempo que mantenían su voto obrero mayoritario. Pero su cada vez mayor derechización, asunción del dogma económico liberal y sumisión a las decisiones siempre mayoritariamente conservadoras y liberales de la Unión Europea, le acaban enajenado millones de votos de la clase trabajadora que a la vez adquiere esta nuevas formas, modos y empleos con la desaparición de la industria europea que la UE, los liberales y patronos deslocalizan hacía Asia. Se alzan voces críticas en el mundo socialista, pero estas por ahora, o son minoritarias o son eliminadas de mala manera.

La caída del muro de Berlín alcanza a toda la izquierda, se quiera no se quiera reconocer, incluida la socialdemocracia europea

El universo comunista se rompe en mil pedazos. Se convierten unos en socialdemócratas, otras y otros en verdes, progresistas e incluso en neo libertarios. Nuevos sectores procedentes de ese cosmos se tornan anti partidos y “asamblearios” procediendo a buscar incluso en el peronismo, el populismo y el ecologismo nuevas formas de ver e interpretar el mundo. La muchedumbre, la masa, los de abajo, sustituye a la clase y da vergüenza hablar de clase obrera. A falta de clase, la tribu, el género, la orientación sexual, el origen, pero nunca la clase. Curiosamente todo ello con una gran dosis de sectarismo y de caudillismo en sus nuevas estructuras partidarias. Los nuevos partidos que en nada se diferencian ya de los viejos aparatos de los años sesenta y setenta de la “vieja izquierda de clase” con una diferencia, que esta se rige por congresos y se da la cara, no en votaciones virtuales. Ese es en mi opinión, el punto de nacimiento del woke que como muchas de sus fuentes de inspiración nacen en los EEUU, no en las bocaminas ni en las universidades europeas. Rompen el feminismo, liquidan los partidos obreros y a cambio, nada, todo sigue igual, pero más confuso y sin proyecto de sociedad.

Mientras tanto la clase obrera que aun que sea con nuevos y viejos oficios, ocupaciones y formas de empleo o autoempleo sigue existiendo, nutrida además por personas procedentes de otros segmentos de población, queda huérfana y el lugar de los “viejos partidos” obreros es ocupado por la extrema derecha, la xenofobia provocada por la competición en los servicios y ayudas públicas con las y los inmigrantes, al verse estos reducidas por las políticas neoliberales y la globalización neoliberal que expulsa miles de obreras y obreros al paro o al precariado, a la que vez recluta millones de inmigrantes de otros continentes.

Se han abierto las puertas al fascismo de par en par, ahora hemos de volver a recuperar la solidaridad de clase, el internacionalismo

Europa es un bastión neoliberal, pero los verdes conviven con él y están cómodos mientras los estalinistas liberales y populistas chillan, amagan, pero no dan. Todo se queda reducido al “relato” y cuatro leyes “progresistas” en temas en los que los woke por cierto coinciden con amplios sectores de la derecha civilizada y moderna.

Hay más que escribir y lo vamos a hacer, pero como enunciado, por cierto de debate y lucha cuerpo a cuerpo que no rehúyo, sirve.

 La extrema derecha avanza en los barrios obreros de toda Europa, los “progres” presos de su tribalismo sectario y verde que no ecosocialista, y la socialdemocracia tomando a su vez una gran parte de las teorías woke pensando que así se hace más progresista, dan como resultado de que ambos dos, abandonan a su suerte amplias capas de las clases populares, trabajadoras y trabajadores precarios, mujeres obreras, agricultores, agricultoras, taxistas, camioneros o falsas y falsos autónomos que el capitalismo actual crea a millones. Los excluidos y excluidas de la globalización capitalista occidental son abandonados como trastos inservibles.

Los woke son además de un desastre, un fracaso. Un fracaso insisto. Es por tanto la hora ya no de criticar, sino de construir. Se han abierto las puertas al fascismo de par en par, ahora hemos de volver a recuperar la solidaridad de clase, el internacionalismo, la resistencia frente a los capitalismos y el imperialismo. Sin miedo. Buscando la fraternidad y la unidad con los pueblos del Sur global. 

Se alzan voces contra la 'izquierda woke'. Tarde, pero bien. La extrema derecha avanza