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domingo. 27.11.2022

No corren buenos tiempos para Podemos. Y parece que se repite la historia: cuando las dificultades y/o errores acechan, el núcleo dirigente camina raudo al refugio de la verdad, su verdad, por más que la realidad discuta su veredicto. 

El marxista polaco Adam Schaff, advertía en uno de sus libros, que en determinados momentos opera en el ser humano un mecanismo de autodefensa, de tal manera que cuando la realidad no coincide con nuestras convicciones, cambiamos la realidad. Elegimos así el camino de la fe y abandonamos el territorio de la razón.

Escribo este artículo en medio de las turbulencias producidas por la interpretación que algunos jueces han hecho de una buena ley, la de solo sí es sí, aprovechando cierto resquicio legal para revisar a la baja las penas de condenados por agresiones sexuales. Es el último episodio y no menor, de cómo una fuerza política y sus dirigentes (Iglesias, Echenique, Montero y Rosell) responden ante quienes los han interpelado para buscar una solución y han tirado por la calle de en medio: quien discuta nuestra verdad (casi todo el mundo) es un miserable, un cobarde, un estúpido. Jueces, abogadas, dirigentes políticos progresistas, periodistas, catedráticos…se equivocan. El machismo nos invade. ¿No hubiese sido mejor asumir un posible error técnico-jurídico de la ley y anunciar que se pedirá a la Fiscalía General y al Tribunal Supremo que se despejen dudas y se unifique doctrina para proteger mejor a las víctimas? Oquizás, como apunta alguna opinión, haberse atrevido a explicar, si así lo piensan, que lo importante era la protección de las mujeres y no el alcance punitivo de las penas.

¿No hubiese sido mejor asumir un posible error técnico-jurídico de la ley y anunciar que se pedirá a la Fiscalía General y al Tribunal Supremo que se despejen dudas y se unifique doctrina para proteger mejor a las víctimas?

Llueve sobre mojado

La llamada nueva política ha envejecido a gran velocidad. Digo la llamada nueva política, porque yo no creí en su naturaleza innovadora, pero observé con atención el impacto en la sociedad, en los medios de comunicación y en las urnas. Ciudadanos y Podemos lideraron el ranking del emprendimiento y ocuparon un lugar central en la política y en las instituciones. Ciudadanos se quedó a las puertas de entrar en el Gobierno, Podemos lo consiguió. Pero la democracia suele pasar factura a quienes se empeñan en confundir la política con las actividades diversas, las ideas con las ocurrencias y la gestión con la propaganda. El partido de Rivera y Arrimadas está a punto de ser historia, después de protagonizar una trayectoria errática y pendular, entre el liberalismo impostado y la derecha extrema. Podemos (Unidas Podemos) entró en el Gobierno, lo que mejoró su imagen y utilidad pública, pero no deja de sorprender que la ministra con mayor fiabilidad, reconocimiento social y balance de gestión haya pasado a ser el enemigo a batir por Pablo Iglesias, el mismo que impulsó con la mayor solemnidad su liderazgo.

Hace ya tiempo que Iglesias y el núcleo dirigente de Podemos no comparten proyecto, ilusión y objetivos con Yolanda Díaz. No es fácil aceptar que el liderazgo de la ministra de Trabajo sea cada vez más robusto, mientras se pierden en el horizonte los cielos que había que asaltar. Esta situación no es nueva, al menos en la izquierda. Y ello debería ayudar a no equivocarse otra vez. ¿Si la iniciativa de Yolanda Díaz es hoy la única posibilidad de agrupar a la izquierda del PSOE, el potencial apoyo social y electoral para reeditar un gobierno progresista, no sería deseable sacrificar la fe y las convicciones (no las ideas) de los demás actores y trabajar por un proyecto en común?

Pero nada está escrito. Ni siquiera que Podemos se haya alejado definitivamente del proyecto SUMAR

La buena salud de la todavía incipiente SUMAR es evidente, pero la soledad estimula las certezas y las verdades sagradas. Iglesias se va quedando sin amigos y aliados en la sociedad progresista. Con buena pluma y peor olfato, viene a decirnos que un vasto ejército de intelectuales, dirigentes de izquierda y periodistas se han precipitado por la nostalgia de la rendición. Han sucumbido al poder de las cloacas, del capitalismo y de la OTAN. Y entre ellos o ellas, Yolanda Díaz, que “no ha sido leal con el partido (y el líder) que la aupó y ha faltado al respeto a sus militantes”Nos quedamos solos, pero merecerá la penavienen a decirnos. Ignora la dirección de Podemos y Pablo Iglesias que en la vida nada se para, y que la mayor esperanza de las izquierdas -no exenta de entorpecimiento y resistencias- para avanzar hacia un proyecto de país, abierto, democrático, transformador y fuertemente anclado en la igualdad, es el que impulsa la ministra de Trabajo. 

Pero nada está escrito. Ni siquiera que Podemos se haya alejado definitivamente del proyecto SUMAR. Habrá que construir organización, afinar la propuesta política y mostrar generosidad en el siempre minado campo de las izquierdas para generar vínculos de colaboración y unidad. De momento el polo mayoritario de las izquierdas, el PSOE, opera con serenidad y prudencia, aguantando el tipo y plantando cara a una de las derechas conservadoras más reaccionarias de Europa. Sabe el PSOE que la mayoría para otro gobierno progresista depende, en buena medida, de que salga adelante el proyecto SUMAR, con el menor número de damnificados posible. Muchas personas de izquierdas observan con interés los procesos abiertos para decidir y activar su voto. 

La abrumadora certeza de la soledad