viernes. 23.02.2024

El proceso de liberación de las mujeres, de las mujeres trabajadoras explotadas en especial, es la revolución social más profunda y de mayor alcance en la Historia, no en balde se trata de la liberación de la mitad larga de la Humanidad. Por ello, es un proceso que viene de lejos, que apunta más lejos todavía, y del que sólo tenemos la certeza de lo mucho que queda aún por avanzar y construir sobre la Tierra. Y tenemos, también, una segunda certeza: la liberación de las mujeres es una revolución social ya irreversible e imparable. Corresponde a los hombres inteligentes, realmente comprometidos con su tiempo, aprender, entender, apoyar esa revolución y sumarse a ella, porque todo intento de pararla o revertirla es suicida e imbécil. En todo caso, la liberación integral de las mujeres es condición sine qua non y garantía a la vez de la liberación de la Humanidad en su conjunto, no sólo de la mitad de ella.

La historia nos ha enseñado que las "revoluciones" rápidas, por mucho que se hayan sublimado a base de propaganda, han sido meros golpes de Estado o golpes a cargo de profesionales de la toma del poder y la conquista del Estado, que viene a ser lo mismo. Por eso, la revolución social que nos ocupa, coloquialmente conocida como feminismo, es tan extensa en el tiempo histórico; porque ésta es de verdad y porque las grandes transformaciones sociales nunca fueron de golpe ni fruto de golpes, sino de procesos complejos, extensos, contradictorios, con avances y retrocesos, con divisiones y contradicciones, con derrotas y victorias ... cómo es evidente en el proceso de liberación de las mujeres que evocamos cada 8 de Marzo pero que vive y late, en modo cada vez más intenso y progresivo, en el día a día de nuestras sociedades.

Sin ellas, sin su poder e igualdad, sin la liberación plena de sus potencias y energías, nuestras sociedades seguirán siendo manifiestamente mejorables

Es con estas reflexiones, deslavazadas como yo, que me sitúo cada año ante el 8 de marzo. Y el del 2023 no iba a ser menos. Desde media mañana estaba yo en las calles del centro de Barcelona. Muchas mujeres, y no pocos hombres, de toda edad y condición, de extracción social popular y trabajadora, ocupando esas calles, con sus cánticos, sus eslóganes (obviamente no los suscribo todos, ni falta que les hace a ellas), sus sentadas frente a las instituciones, sus batucadas, su juventud descarada y ruidosa ...

Y por la tarde-noche la gran manifestación (aquí hubo solo una), que recorrí a mi aire en el sentido inverso de la marcha, mezclado con la gente, oyéndolos o pegando la hebra, tomando algunas fotos, asombrándome con el ingenio de algunos carteles caseros (el de Manolo y la cena es ya un clásico). Indignándome con un eslogan, "abolicionismo -de la prostitución- también es fascismo...", adhiriéndome sin reservas a algún otro, "fuera rosarios de mis ovarios ...", y así durante un par de horas. Había muchísima gente. Yo recorrí, desde la cabecera a la cola de la manifestación, unas 6 manzanas de la Gran Vía abarrotadas.

Pues eso, que, sin ellas, sin su poder e igualdad, sin la liberación plena de sus potencias y energías, nuestras sociedades seguirán siendo manifiestamente mejorables.

Por la liberación de las mujeres, de las trabajadoras sobre todo