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lunes. 08.08.2022

Ante las elecciones: Franco, Pinochet y el Partido Popular

Votar al PP es la forma más rápida y eficaz de perpetuar un sistema clientelar esencialmente corrupto y cruel.

El 11 de septiembre de 1973 –agonizaba ya el tirano de aquí- Pinochet encabezaba un golpe de Estado dirigido por la CIA contra el gobierno constitucional presidido por Salvador Allende. Siguiendo modelos muy utilizados por Estados Unidos en Latinoamérica, los objetivos básicos fueron cuatro: Agitar el descontento previo de las llamadas clases medias; neutralizar al Presidente mediante la destrucción del Palacio de la Moneda y la muerte del mismo; controlar las comunicaciones y crear una sensación de terror que hiciese inviable cualquier tentativa de resistencia. Poco después del triunfo de la traición de los uniformados, Pinochet dijo que Francisco Franco Bahamonde –el español que más españoles ha asesinado- había inspirado su acción criminal. El golpe chileno lo dieron los militares chilenos con la mirada puesta en Franco, pero como la sublevación militar de 1936, no habría triunfado sin el apoyo indisimulado de potencias extranjeras, en este caso Estados Unidos.

En Chile, al igual que en la España de 1936, se enfrentaron dos modelos de concebir la política y, por tanto, las relaciones sociales, económicas, culturales y hasta personales, dos modelos de vida antagónicos e incompatibles que marcarían el futuro de buena parte del mundo. Si bien los métodos cuartelarios empleados por Pinochet eran los de siempre, no lo eran los objetivos puesto que en 1973 Chile fue elegido por la nación más poderosa de la Tierra para experimentar el modelo económico que en adelante y hasta hoy sería predominante en el mundo, el patrocinado por Milton Friedman y sus seguidores de la Escuela de Chicago, una especie de “Laissez Faire” llevada hasta las últimas consecuencias y que suponía el desmantelamiento del Estado –al que sólo se dejaba su función policial- y la privatización no sólo de los servicios públicos, sino de cualquier cosa que por muy necesaria que fuese para la población pudiese generar dividendos, hasta el extremo de que hoy en Chile son privados hasta los ríos. Valga un ejemplo de lo que está ocurriendo en el país andino cuarenta y dos años después de la sublevación independientemente de que gobierne Piñera o lo haga Bachelet. Hace unos días un queridísimo amigo que ha tenido que emigrar a Chile desde la maravillosa España de Rajoy me mandaba el siguiente correo: “Ahí va una desgarradora dosis de la realidad que se vive en este país, paraíso del neoliberalismo y del “todo privado”, que tanto les gusta a nuestros iluminados políticos de la derecha española. Un compañero me ha escrito lo que sigue: Estimados, necesito de ustedes para ayudar al hijo de Marta Vitriolo, el cual está muy enfermo, tiene 15 años. Tiene una enfermedad que se le declaró hace poco y que es muy delicada. El ha estado hospitalizado más de una semana, hoy está en su casa pero con muchos cuidados. En operaciones estamos haciendo una completada en ayuda, pero a ustedes les pido una cooperación en dinero para aumentar la ayuda y si quieren venir en horario de almuerzo a comerse unos completitos, bienvenidos sean, están a muy buen precio. Si quieren agregar a alguien más, más granitos de arena que se juntan. Esto no es un caso aislado en mi empresa, ya hicieron otra colecta el año pasado para poder pagar la hospitalización de la hija de otra empleada, que finalmente acabó falleciendo, por lo que hubo que hacer una segunda colecta para pagarle el entierro. Porque ponerse enfermo aquí es un lujo que la mayoría de la población simplemente no se puede permitir, ya que la sanidad de calidad es de pago y carísima y la pública es raquítica, masificada y simplemente no funciona. Recibir este tipo de correos para la gente de aquí es normal, dicen “pobrecito, vamos a ayudarle”, pero pocos se indignan y ponen el grito en el cielo porque esto siga ocurriendo. Les tienen tan cogidos por los huevos con deudas hasta las orejas que tienen miedo de quejarse o movilizarse, no sea que les pongan el sambenito de “conflictivos”, lo que te da todas las papeletas del mundo para perder tu trabajo. El modelo no puede ser más perverso: “hagamos del país nuestro cortijo y facilitemos el acceso al crédito a todo dios para que vivan eternamente endeudados y no se puedan permitir el lujo de alborotar”. Aquí solo protestan los estudiantes, que son los primeros en entrar la eterna rueda del crédito. Violencia institucionalizada, empaquetada y aceptada. Terrorismo de Estado…”.

Al igual que España, Chile fue sometido a la centrifugadora del terror, un proceso del que nunca se sale bien parado. El terror aplicado selectivamente –en Chile fue mucho más suave que en España pese a su brutalidad- crea el efecto shock que tan bien ha descrito Naomi Klein, la población no reacciona y confía en el nuevo orden implantado por los verdugos, de modo que ese orden ejerce sobre la sociedad una especie de síndrome de Estocolmo del que surge la sumisión generalizada y la eliminación de cualquier atisbo de crítica que pudiera materializarse en protesta o reivindicación. Tal como cuenta mi amigo –prefiero omitir su nombre para evitar represalias- ni quienes más ganan tienen derecho a curar sus enfermedades con dignidad, eso sólo y exclusivamente lo permite el dinero. Te endeudan los estudios, la vivienda y luego la enfermedad de forma y manera que es imposible que te permitas el lujo de ser disidente, luego, cuando viene la desgracia, entonces, se recurre a la caridad como medio de alivio social. No existe el Derecho porque existe la sumisión a que obligan las deudas obligadas por un sistema esencialmente perverso. ¿Les va sonando la música y la letra?

Franco inspiró a Pinochet en la traición y en la barbarie, luego, como también hizo el caudillo, dejó los asuntos económicos en manos de quienes más sabían de eso, que no eran otros que aquellos que más lo habían manejado desde dentro y desde fuera. Chile es hoy un país socialmente devastado, una sociedad amedrentada, acojonada, llena de chivatos en las porterías de los edificios, en las calles y en los bares. Se respira susto, sumisión, yo no me meto en jaleos, algo habrá hecho, yo voy a lo mío. Se han roto todos los lazos de solidaridad y justicia social que son consustanciales a la Democracia, pero, eso sí, el paro es menor que en otros estados de su entorno, aunque el trabajo sólo permita malvivir a la mayoría de quienes lo tienen. En España mandan –que no gobiernan- quienes lo harían si hoy Franco estuviese vivo, sus descendientes, seguidores y admiradores, pero al franquismo sociológico y visceral que ha llenado de mierda hasta el último rincón del país, han añadido su admiración por la experiencia chilena, y hacia ahí nos llevan, hacia una sociedad bipolar en la que los ricos lo sean cada vez más y los pobres también, hacia una sociedad indolente, sin pulso a la que no afecte el negro porvenir ni la hediondez del presente, al fin y al cabo, robar, robar, lo que se dice robar sólo está al alcance de unos pocos. Si hace cuarenta y dos años fue Chile quien miró hacia España para copiar el modelo implantado por Franco, hoy, sin dejar a éste –eso nunca- los ultras españoles en los gobiernos miran a Chile y es aquel modo de vida, aquel sistema perverso de valores, el que quieren implantar de nuevo en nuestro país: Como decía Narváez, tranquilidad viene de tranca y tranca de trancazo, trancazo al que proteste, trancazo al que disienta, trancazo al que no crea, trancazo al que no tenga ni para pagar el agua; premio al que roba, corrompe y se corrompe, premio al privatizador, al trapisondista, al infame, al más bestia, al sinvergüenza, al que menos escrúpulos tenga.

Observen ustedes las tremendas listas de espera en los hospitales mientras se han despedido a miles de trabajadores sanitarios, el deterioro de la enseñanza pública mientras cada año se da más dinero a la Iglesia católica para deseducar y adoctrinar; miren los beneficios de los bancos rescatados con el dinero de todos, el descomunal número de desahucios y lanzamientos que se ejecutan cada año, los miles de millones traspasados de lo público a lo privado, los miles de millones robados por quienes tenían la obligación de invertirlos en el bienestar de todos, la brutalidad de la fuerza pública con el disidente, la sinvergonzonería con la que actúan telefónicas, petroleras, eléctricas, gasistas y demás usurpadoras de servicios públicos, la pobreza extrema y creciente de los más y la riqueza insultante de quienes ni siquiera pagan un real al Erario, sólo entonces veremos que votar al Partido Popular o a quienes permitan que siga en el Gobierno, en los gobiernos, es la forma más rápida y eficaz de perpetuar un sistema clientelar esencialmente corrupto y cruel que impide el normal desenvolvimiento de nuestras vidas con el mínimo de dignidad imprescindible para la vida.

Ante las elecciones: Franco, Pinochet y el Partido Popular