miércoles. 21.02.2024

Capítulo 15 Mar Cantábrico. 24 de septiembre de 1937

capitulo 15
Dibujo de la Biblioteca Nacional.

–¡Qué barco más grande ese de enfrente! –decía Rogelio, uno de los pequeños, de unos siete años de edad, a Tino.

Estaban asomados a la amura del carguero francés en el que habían partido de madrugada. Ahora, con las primeras luces del alba, se distinguía un gran buque de guerra.

–Es el “Almirante Cervera” –contestó Tino–. Nos lo ha dicho Arregui. Ye de la flota franquista. Está aquí para que no pasemos o para intentar hundirnos.

–Pues si estuviera mi padre con su escopeta disparaba y les hacía huir;
¡con la puntería que tiene!

–¡Seguro que sí! –apenándose del crío–. Pero como no está, hay que ir con ojo. Vamos costeando para no ir hacia él.

El crucero “Almirante Cervera”, era apodado “El chulo del Cantábrico” por la impunidad con la que actuaba debido a la poca o nula capacidad de respuesta de la marina republicana en el norte. Su tripulación se había amotinado en julio del 36 cuando sus mandos se unieron a los alzados y tomaron el control del barco, estando éste en dique seco en El Ferrol. Después, un grupo de oficiales golpistas acabaron abordándolo y haciéndose con el crucero, tras lo cual fusilaron a gran parte de la marinería y al capitán, que se había mantenido fiel a la República.

A partir de ahí había minado los puertos del norte y había sido el “chulo” vigilante de costa, dificultando que los cargueros extranjeros pudiesen llevar suministros a los puertos republicanos. Incluso había cañoneado a alguno, entre ellos al barco inglés “Blue Shadow”, que fue torpedeado el 9 de agosto de 1936 matando a su capitán, al armador y a varios tripulantes, todos ellos británicos.

Cuando a mediados de septiembre un barco ruso, el “Kooperatssia”, se dirigía a Gijón, a pesar de que lo hacía con el apoyo de la Cruz Roja, que lo había notificado a ambos bandos, salió a su encuentro enviando señales de que diese la vuelta; bajo ningún concepto permitiría a un barco ruso pasar y que, si proseguía hacia Gijón, sería cañoneado. Tras varios intentos el “Kooperatssia” tuvo que navegar hacia Francia. Ese fue el motivo del retraso que originó aquella espera frustrada en Gijón y la vuelta a la Colonia por unos días más.

Frustrado el acceso a Gijón del crucero soviético, la Cruz Roja comunicó con el bou francés, “Deringuerina”, que ya había participado en alguna otra evacuación y que venía de hacer pesca de arrastre en las costas africanas. Tras vender su producto en el África Ecuatorial Francesa, había llenado la bodega de plátanos para llevar a Francia. Concertó con el carguero que se desviara a Gijón para recoger a la expedición y llevarlos a Burdeos, donde les esperaría el “Kooperatssia”.

A pesar de todas las gestiones internacionales el “Cervera” estaba interceptando al “Deringuerina”.

El capitán se dirigió a Pablo Miaja en francés, ya que el viejo maestro se defendía bien en ese idioma.

-He dejado que a los niños se les viera en cubierta para que desde el “Cervera” constaten lo que la Cruz Roja les ha notificado. Pero ni aún así nos permiten costear hacia el este en dirección a Burdeos. La única salida que nos dan es hacia septentrión para abandonar, por el camino más recto, las aguas españolas y salir hacía aguas internacionales. Desde allí saldríamos hacía las costas atlánticas francesas, pero hacia el norte. Podríamos ir a Saint-Nazaire; quizás sea lo mejor pero eso supone bastante más tiempo del previsto.

-El problema es que no tenemos suficiente comida. Le consta a usted que subimos, solo, las raciones imprescindibles para el tiempo previsto inicialmente –objetó Miaja al capitán.

-Pero no hay otra solución, señor Miaja, esta gente son unos criminales. Todo el que “transita” por estos mares sabe que hace pocos meses el “Cervera cañoneó a un buque británico con pasajeros de un país que se dirigía a Gran Bretaña procedente de Bilbao, causando la muerte a varias personas.

-Usted manda capitán, lo que tenga que ser, cuanto antes.

Sin más dilación, desistieron de ir al destino programado y se dirigieron hacia Burdeos. El Kooperatssia también tendría que poner rumbo a ese puerto próximo a la desembocadura del Loira donde estaba fondeado a la espera de la expedición.

Las raciones se acabaron rápido. Los plátanos que llevaba el carguero fueron la solución; gracias a eso pasaron ese tiempo con algo menos de hambre.

En Gijón habían subido paja en abundancia. El carguero no disponía más que de camastros para la tripulación. La paja se dispuso en una gran zona de la bodega para aislar algo del frío y de la humedad; también de la suciedad. El bou olía al pescado que estuvo en la bodega y a las filtraciones aceitosas de la sentina.

No había mantas para todos. Algunos se tapaban con una enorme bandera francesa. Pasaban lentas las horas. Cinco de los chicos mayores, entre los que estaba Tino y varios procedentes de la Colonia se entretenían charlando sentados en corro. Se les acercaron dos chavales, que no conocían, de edades parecidas a las de ellos.

-¿Sois de Oviedo?

-Este y yo sí –dijo Tino– ¿Vosotros también, no?

-Enseguida se nota el acento.

Se incorporaron al corro retomando la charla:

-Si no llega a ser porque nos pitaron aquel penalti, en contra, en el partido con el Bilbao, hubiéramos quedado segundos en la Liga.

-¡Sí! Por delante del Madrid que solo nos sacó un punto.

-El Bilbao tampoco nos ha sacado más que cuatro puntos, que son pocos. No digo que sean malos pero tienen a los árbitros a su favor.

-¡Ya lo creo! Desde que empezó la Liga hace ocho años han ganado cuatro veces contando con la de éste.

-Pero yo no cambio la delantera suya por la nuestra. A Lángara, Emilín y Herrerita no los cambio por nadie.

-Bueno ni a “Casuco” y Gallart, ¡Por algo se les llama “la delantera eléctrica”!

-Hemos sido los que más goles marcamos en la liga. Si mejoramos en defensa ganamos todo.

-Pero el mejor es Lángara, que lleva tres “pichichis”. Además es de los nuestros; ahora va de gira con la selección vasca, por Europa, recaudando dinero para la República.

-Y, ¿por qué si es del Oviedo está con los vascos?

-¡Joé tío! ¡qué burru yes! Pues porque ye de Andoáin. ¡Parez mentira tanta incultura!

Durante bastantes horas el “Cervera” navegó en paralelo al “Deringuerina” en actitud amenazante. Los cañones apuntaban descaradamente al carguero a sabiendas de que iba ocupado por más de mil niños.

Solo cuando las aguas españolas fueron quedando atrás y aparecieron dos buques de guerra franceses se vio virar al “Cervera”. Todos los que se encontraban en el carguero, pasajeros y tripulantes, soltaron una ovación que ahuyentaba la gran tensión a la que habían estado sometidos.

La mañana se había hecho eterna. Ahora el hambre azotaba; algunos de los más pequeños lloraban desconsolados. Muchos de ellos repetían una letanía: “quiero ir con mamá”

Los cuidadores, en general, pero las mujeres en particular, trataban de consolarles según mejor se les ocurría. Unas jugaban con un calcetín simulando que fuese un guiñol; otras haciendo pajaritas y gorros de papel; otras cantaban canciones.

Junto a Tino, una chica joven tenía en sus brazos a una de las más pequeñas que lloraba a gritos. Le cantaba una antigua añada asturiana:

Ea, mi neñin, agora non.
el que está en la puerta
que non entre agora
que está el padre en
casa del neñu que
llora.
Agora non.
El que está en la puerta
que vuelva mañana
 
que el padre del
neñu está en la
montaña.
Ea mi neñin, agora non.

La niña se fue amorrongando; la chica miró a Tino, que la estaba observando.

-¿Conoces esta nana que estaba cantando?

-Esa no –contestó Tino–. Conozco otras; en mi casa se canta mucho a los niños para dormirles.

-¿Y entiendes lo que decía la canción?

-Tampoco me he fijado; como estaba llorando –dijo Tino señalando a la cría en brazos de la chica.

-Pues, en lo que la madre va cantando al niño, en realidad está transmitiendo un mensaje a su amante para que se vaya: que está el marido. Y que vuelva mañana, que no va a estar.

-¡Ah! –balbuceó Tino al que, si fuese menos moreno, se le hubiese visto ponerse colorado.

-¿Cómo te llames?

-Tino.

-Pues ve espabilando, Tino. Que yes de los mayores y todos vais a tener que aprender mucho y pronto con lo que nos espera por delante, pero los de tu edad más rápido aún. Yo me llamo Lola.

-¡Ya voy para catorce años! –afirmó Tino que ir, iba: había cumplido trece tres días antes–. Sé lo que es “un amante”. Lo que pasa es que me ha extrañado que esté en una canción de cuna.

-¡Cosas de asturianas! Pero no creas que ye nueva, que esta añada tien siglos.

-¿Y tú vienes de cuidadora?

-Aun tengo dieciséis años y no me admiten con el grupo de niños, que está limitado hasta los quince. En realidad vengo con mi hermana que   ye maestra. Mis padres han muerto en la guerra y para poder venir con ella hemos tenido que poner en los papeles que tengo dieciocho y así me admitan haciendo de cuidadora. Yo creo que se han dado cuenta, pero les ha dado pena que me quedara sola. Me han asignado el cuidado de esta niñina huérfana; debe ser la más pequeña de la expedición. La niña volvió a despertarse a medias y empezó a gimotear.

-Yo sé una que se canta, en mi casa, a los niños pequeños y casi siempre se duermen –dijo Tino– Pero no ye “verde”. Si quiés cántola.

-¡Claro! –dijo Lola–. A mí se me había acabado el repertorio. Se acercó a ellos y cantó bajito para que se fuera amodorrando:

Hay una máquina nueva que ye
de nueva invención Ye pa
transportar viajeros y mineral
de carbón.
A la salida del túnel
la máquina da un silbíu Ye
p’avisar a la xienti d´en que
lleva muchu bríu. Si es que lleva
muchu bríu no la son a detener.
Si no la detién el Roxu v´a
parar a Santander.

De Santander va Bilbao De
Bilbao vá pa Xixón de Xixón
pa la Felguera. Vuelta a
carretar carbón

–¡Mira! Pues esa no la conocía y bien bonita que ye. Llevabes razón; durmiose del todo con esta añada.

Tino entrecerró los ojos para observarla en la penumbra sin que ella se percatara. Le pareció que un ángel le acompañaba. El rostro de Lola era fino y ovalado enmarcado por su cabello rubio oscuro. Sus ojos, atrevidos; en la oscuridad percibía que eran claros, pero no era capaz de distinguir su color. ¡Ojalá le tocara el mismo destino que a ella! Y él también fue adormeciéndose con el rostro de la chica en su pensamiento.

Tras muchas horas, demasiada hambre y bastante cansancio, por la dificultad para encontrar postura por la falta de espacio, fueron advirtiendo que se iban acercando a la costa. Poco después vieron la bocana de un puerto.

¡Saint-Nazaire! –les dijo un marinero.


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Pisaré sus calles nuevamente. Todos los capítulos publicados
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