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lunes. 27.06.2022

¿Cantaría hoy Jesucristo "somos novios de la muerte"?

jesucristoSi se produjera la anunciada segunda venida de Jesús de Nazaret y habitara de nuevo entre nosotros, es muy probable que su modo de actuar sorprendiera a propios y extraños. Michel Benoit, ex monje benedictino y Premio Nobel de Bioquímica (1963), defendía su convicción de que si Cristo regresara hoy a la tierra “podría ser asesinado por la Iglesia” ante lo “incómoda” que resultaría su presencia por lo “peligrosos” de sus postulados para la religión-tinglado que en torno a él se ha montado.

No es descabellado imaginar que Jesús tuviera que contratar a unos guardaespaldas antes de convocar a la cúpula eclesial para censurar su injerencia en los asuntos terrenales y la ostentación de poder y riquezas que durante siglos han detentado –sobre todo el catolicismo– mientras la pobreza en el mundo sigue sin erradicarse.

Es de esperar que Jesús, en el siglo XXI, despotricaría contra los poderes sociopolíticos que hipócritamente imponen su ética en nombre de Dios y en beneficio de ellos mismos y el objetivo de sus críticas iría desde el republicano conservadurismo protestante de los EEUU, hasta el partidismo que la Iglesia Católica ha exhibido en tantos conflictos sociopolíticos a lo largo de la historia: desde su cómplice silencio ante las masacres perpetradas por sanguinarios gobernantes, hasta la cruel violencia de las Cruzadas o la evangelización de las Américas a golpe de espada.

No es necesario estar instruido en teología para intuir que, en su segunda venida, Jesús simpatizaría con las llamadas comunidades cristianas de base, unos grupos que –como la teología de la liberación– nunca han sido gratos a los ojos del Vaticano por su visión excesivamente social del cristianismo y su anteposición del amor al prójimo –sobre todo a los pobres– a la obediencia debida a la jerarquía eclesial.

Presumiblemente, el Jesús de nuestros días adaptaría sus enseñanzas de antaño a la realidad social del siglo XXI y lucharía contra el desigual reparto de riquezas, las cómplices relaciones de la Iglesia con los poderes fácticos, la marginación de colectivos como las mujeres y los homosexuales, la hipócrita imposición del celibato, el uso del preservativo, las técnicas médicas de fertilidad, la investigación con células madre, y un largo etcétera con el que la Iglesia manipula a los más crédulos castrando la libertad de quienes cumplen sus preceptos.

Como colofón de esta reflexión, imagino al Cristo de la hipotética segunda venida, dando una rueda de prensa vía satélite y posicionándose ante la crisis económica con propuestas que no agradarían al mundo político, económico, empresarial y financiero en general, así como tampoco a las conferencias episcopales que con tanta facilidad movilizan masas para defender futilidades como el concepto de matrimonio, y sin embargo no convocan manifestaciones cuando hay decenas de miles de familias desahuciadas o millones de niños viviendo bajo el umbral de la pobreza. Lo que de ningún modo me imagino al Jesucristo del siglo XXI es celebrando una Semana Santa en la que cuatro ministros del poder político corean junto a piadosas multitudes un efusivo alegato a la muerte cantado por legionarios del poder militar con un título (“El novio de la muerte”) que ya de entrada tira de espaldas.

¡Ay de vosotros hipócritas!

¿Porque devoráis las casas de viudas y como pretexto hacéis largas oraciones?

¡Por esto recibiréis mayor condenación!

(Mateo 23:14)

¿Cantaría hoy Jesucristo "somos novios de la muerte"?