#TEMP
miércoles 18/5/22

Este coreano casi argentino considera la ciudad una belleza inigualable. Su viaje no tiene ningún tipo de razón lúdica, sino una visita de médico a Lugo. Pero, aprovechando las recomendaciones del doctor, visitó Santiago y, después, A Coruña. Considera esta costa coruñesa incomparable con la de Buenos Aires y del poco recuerdo de su país de origen oriental tampoco piensa que pueda compararse con esta. Este oriental habla un español perfecto ya que lleva 24 años en Buenos Aires y destaca de la cultura gallega su amabilidad y su buen estar. Como todo oriental porta su cámara digital y a diferencia de un porteño puro no lleva su bombilla con la cual podría degustar un mate tipicamente argentino.

Le ha sorprendido la vista que ha admirado desde lo alto del faro herculino y destaca los entrantes y salientes de la costa. Comparándola con la argentina agradece la limpieza de ésta y niega que los faros sean únicos en la costa gallega, “pero tan antiguos no los hay”, apuntilla. Otra ciudad de la que ha quedado enamorado ha sido Santiago de Compostela. “Me ha sorpredido su casco histórico y sus tiendas de orfebrería”, declara. Sus fachadas tan detalladas y los tímpanos de la catedral le han encantado dada la afición que declara abiertamente hacia el arte románico, cosa muy extraña de encontrar en Argentina, y menos, en la cultura oriental a la que pertenece.

Amante del pulpo

Su próxima visita, no tan cultural, de la ciudad coruñesa no tendrá nada que ver con el arte, pero alguno que otro la llegaría a incluir dentro de una categoría de arte como es la gastronomía. Nos referimos al arte de comer un gran pulpo. Y, cómo no, cualquier ciudad gallega, y no va a ser menos A Coruña, tiene una pulpería famosa que de boca a boca destaca entre todas ellas.

En este caso, con gran suerte de David, se encuentra bien cerca de la Torre de Hércules. Nos referimos a la pulpería Fiuza donde la variedad de la carta no es la más grande. Se podría resumir con la expresión sota, caballo y rey. Es decir: pulpo, embutido y empanada gallega. Todo ello, como no, regado con un buen Mencía o Ribeiro.

A la pregunta de si habrá un regreso a esta comunidad gallega su respuesta no es la de un gallego, sino que responde afirmativamente y con rotundidad. Y la forma de despedir nuestro encuentro es muy oriental, un apretón de manos y una sonrisa abierta con el pensamiento abstraído en el pulpo que le espera.

“Pero de esta antigüedad no la hay en Argentina”
Comentarios