jueves. 29.02.2024

Eso es lo que estamos viendo en los encuentros en Dubai en la Cop 28, un grupo de poderosos jerarcas, gente que se aúpa sobre su capacidad para ensuciar, embarrar y polucionar el mundo en el que vivimos. Los polutócratas obtienen una doble ventaja de su temible destreza para engorrinar nuestras vidas, primero se adueñan de beneficios directos en forma de dinero o de legitimidad y, segundo, afilan su arma favorita, la de impedir que el mundo tome decisiones para corregir tal barbarie.

Los polutócratas tejen una red de influencers que va de Texas a Indonesia pasando por Oriente Medio y el Cáucaso, con terminales en los países de receptación de sus miasmas donde disponen de escuderos con nombres como Repsol, Shell, BP, etc. Su capacidad de presión les lleva a dominar el espacio privado de compañías energéticas y petroleras al mismo tiempo que ello les catapulta a dominar las agencias internacionales que tratan de embridar la loca actitud de quien desea conservar el mundo no en formol sino en petróleo. Sabedores de la importancia de estar presentes en el nacimiento de las pulsiones sentimentales básicas de parte de la humanidad promueven actividades deportivas de todo tipo, abanderan el futbol comprando equipos y organizando mundiales, no olvidan el golf, los coches, tenis, ciclismo… y lo que haga falta. Muy cucos ellos atienden la otra cara de la humanidad, la que se mantiene incólume ante el circo mediático, infiltrándose en sus organizaciones favoritas, universidades y centros de investigación. Si hay que arremolinarse en el vendaval científico, allá que van adquiriendo participaciones en los órganos de gobierno de universidades de todo el mundo y/o comprando productos de ciencia (doctores, tesis y papers) ya elaborados con el fin de prestigiar los centros que poseen bajo completo control. 

Los polutócratas, primero se adueñan de beneficios directos y, segundo, afilan su arma favorita, la de impedir que el mundo tome decisiones para corregir tal barbarie

A diferencia de otros jerarcas siervos de sus caprichos que les han llevado a un sonoro aislamiento, los polutócratas poseen una extraordinaria habilidad para multiplicar su presencia en contextos geográficos y morales alternativos, algo que ha desembocado en una ubicuidad que produce grandes rendimientos. En este momento encabezan el movimiento internacional para frenar los desastres generados por sus industrias polucionadoras (promueven, coordinan y gestionan la Cop 28 o cumbre de acción contra el cambio climático) y al mismo tiempo regulan el flujo de capital necesario para desplegar tecnologías que con el nombre de renovables podrían aplacar la hecatombe, pero que atentan contra los fundamentos de su sucio poder. Digamos que en la actualidad son dueños del palo y de la zanahoria en el abordaje de la cuestión del relevo energético.

De su fabulosa conectividad con personas, países, culturas, tradiciones e incluso expectativas, los polutócratas han adquirido una dulce maleabilidad que les facilita su travestismo, al mismo tiempo que una intuición para la autorientación más que digna. Así que veréis a muchos de ellos participar en propuestas y donaciones de capital para emprender procesos de renovación tecnológica destinados a mitigar los efectos del cambio climático. Tanto los USA como los Emiratos ya han comprometido sumas importantes para atajar desastres sobre todo en el Sur menos desarrollado y mayoritariamente impactado por la petropolución ¿Creéis que se han humanizado, que abjuran de su riqueza surgida de la cochambre, que hacen contrición y propósito de enmienda?

Los polutócratas entienden que aquí hay que dar una batalla, encabezar el mismísimo movimiento de renovación y así detenerlo para hacer cuentas

Ni lo sueñes, lo que ocurre es que se aperciben de la irreversibilidad del cambio de paradigma tecnoclimático. No hay alternativa, pues no hay planta B. Así que ha decidido encabezar la renovación, de ese modo se puede modular, orientar, frenar y dirigir el sentido y profundidad del recambio de sus sucias industrias. En su deseo más íntimo subyace una vocación “gatopardiana”, que todo cambie para que todo siga igual. Ese es su objetivo, cómo conseguir un modelo de extracción de la riqueza que emule al anterior en su diseño de negocio vertical y acumulación masiva de riqueza en unas pocas manos.

El business basado en el bombeo de fósiles y su venta atomizada hace que el flujo de dinero recorra el camino inverso al del envío de fluido. Se llama centralización y es sencillo sin par, exige apenas unos pocos centros de producción y una capilaridad de venta y retorno de la pasta tan extensa que pueda llegar a desfondar y ahogar a la humanidad. Pero la descentralización propia del uso del sol, el viento, el agua y otros recursos complican ese modelo lineal, resulta su anverso. Los polutócratas entienden que aquí hay que dar una batalla, encabezar el mismísimo movimiento de renovación y así detenerlo para hacer cuentas. 

En eso consiste su estrategia, ocupa los centros de decisión mientras puedas, y si falla, siempre queda el recurso a la guerra descarnada ¡verdad camarada Putin, verdad ayatollah Raisi, verdad lord Sunak, verdad cowboy Blinken! 

Polutócratas