sábado. 13.04.2024

El regadío de los campos supone hoy en España más del 85% del consumo total de agua. La modernización de regadíos, cuyo teórico objetivo era el de aumentar la eficiencia en la utilización del agua y así liberar recursos, ha conseguido el efecto contrario, pues los volúmenes liberados se han empleado en abastecer a nuevos regadíos. Como resultado, el agua total consumida en los regadíos cada vez es mayor.

A consecuencia de este elevado crecimiento de la tierra regable,  los embalses siempre se mantienen especialmente bajos (el agua según les llega se envía a los regadíos), lo que hace que el Estado español sea muy vulnerable ante un periodo de sequía por el calentamiento global y que va a ser cada año más acusado según todas las previsiones.  

Restringir el agua a la población, mientras se gasta de manera masiva para una actividad económica privada como el regadío, resulta inaceptable

A día de hoy, el nivel de los embalses en España se sitúa 18 puntos por debajo de la media de los últimos 10 años para esta misma fecha. En las regiones donde más ha crecido el regadío, y en gran medida a consecuencia de ello, la situación es mucho más preocupante.

En Andalucía los embalses se encuentran 35 puntos por debajo de la media, y en la cuenca del Guadiana se sitúan 27 puntos por debajo del nivel medio de los últimos 10 años.

En Cataluña la situación también es crítica: el nivel de los embalses de la Cuencas Internas de Cataluña se encuentra más de 55 puntos por debajo de la media de los últimos 10 años. Asimismo, el estado de los acuíferos sigue empeorando, según informes del propio Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), pues sus niveles siguen bajando, con independencia del régimen de lluvias, y cada vez son más los acuíferos sobreexplotados.

La primavera está siendo muy seca. Todo apunta a que en agosto será necesario llevar a cabo cortes diarios de agua en el suministro de varias importantes ciudades andaluzas, así como en muchos pequeños municipios. 

Varias regiones se encuentran ya al borde de un colapso hídrico, que podría tener lugar en los próximos meses. Por estas razones algunas organizaciones como Ecologistas en Acción ha pedido al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que proceda a cortar el riego en todas aquellas demarcaciones hidrográficas en las que los embalses se sitúen 20 puntos o más por debajo de la media de los últimos 10 años.

En el resto de demarcaciones también se debe restringir sustancialmente el riego. La organización ecologista solicita asimismo que se modifiquen los planes hidrológicos y se incluya en todos ellos la prohibición de crear ni una sola hectárea más de regadío, así como que se establezcan planes encaminados a la reducción parcial de la superficie de regadío existente, actuando prioritariamente sobre las grandes explotaciones y sobre aquellos cultivos de leñosos en riego que son propios de secano (olivar, viñedo y almendro).

De esta manera se podrá garantizar el abastecimiento de agua a las poblaciones, así como el mantenimiento de los caudales ambientales en los ríos. En el caso de que no se adopten esas medidas, el sistema hídrico colapsará en amplias zonas del Estado español, con cortes diarios de agua a numerosas poblaciones, que cada vez serán de más duración y supondrán una pérdida en la calidad de vida de sus habitantes.

Como ya se ha comentado,  el regadío supone más del 85% del consumo total de agua, si bien estos datos no contemplan el regadío ilegal, que siempre se ha estimado entre un 5 % y un 10 %, pero que en algunas zonas recientemente estudiadas se ha visto que asciende hasta el 30 %.  En las últimas décadas la superficie regada no ha dejado de crecer, especialmente en Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura. En Castilla-La Mancha se ha incrementado en un 64,7% en los últimos 25 años, mientras que en Andalucía el incremento ha sido del 44,1% para ese mismo periodo.

Restringir el agua a la población, mientras se gasta de manera masiva para una actividad económica privada como el regadío, resulta inaceptable.

El regadío supone en España más del 85% del consumo total de agua