jueves. 18.04.2024
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Acto electoral de Vox.

Es muy curioso que un grupo político con nombre de diccionario no aclare un concepto, presente en su discurso habitual, mientras lo contrapone a otro claramente definido por organismos nada sospechosos de radicalismo izquierdista, tales como la ONU. Para dicho organismo, la violencia de género es el conjunto de actos dañinos dirigidos contra una persona o un grupo de personas en razón de su género. Tiene su origen en la desigualdad de género, el abuso de poder y la existencia de normas dañinas. El término se utiliza principalmente para subrayar el hecho de que las diferencias estructurales de poder basadas en el género colocan a las mujeres y niñas en situación de riesgo frente a múltiples formas de violencia. Por extensión, este mismo concepto se utiliza para describir la violencia contra el colectivo LGTBIQ+, por su relación con las denominadas normas de género.

En el párrafo anterior utilizamos el término grupo político, para distinguirlo de partido político, que es otra cosa. La Constitución del 78, en su art. 6, señala el necesario respeto a la misma, acatado por un partido para ser definido como tal.  El art. 14 de la citada Carta Magna habla de igualdad ante la ley. ¿Un grupo político en cuyas señas de identidad está escrita en letras capitales la discriminación -por razón de género, identidad sexual, origen, entre otras -es respetuoso con la Constitución? Mucho me temo que no; por lo cual, la denominación como partido político les está grande

Es cierto que, en los últimos tiempos, este grupo ha avanzado mucho y ya reconoce, al menos, que las mujeres son un colectivo muy castigado, pero no por el hecho de ser mujeres, añaden. En sus palabras: el género es un concepto ideológico que nosotros no compartimos. Y, como todo concepto ideológico, es opinable, discutible, matizarse, etc. Lo cual está muy bien, pues el debate es la esencia de la democracia, dicen. Bueno, lo dice la de izquierda; los socialcomunistas como los calificaban, a modo de insulto.  Después les compraron lo del “sanchismo” a los de la gaviota. El caso es, que estos últimos, muy por el debate no están y menos en época electoral. Lo suyo es el bulo y la mentira, y claro, hay cosas que en un “cara a cara” es más complicado mantener. O no.

Para desideologizar el concepto se han inventado otro con una carga ideológica mucho mayor: violencia intrafamiliar. Lo de inventarse conceptos, y más para una organización que ostenta un nombre de diccionario, no está demasiado bien.

¿Pero, es un concepto inventado o responde con exactitud al papel asignado a la mujer por la ultraderecha? La mujer debe permanecer recluida en el ámbito doméstico y dedicada a la familia. Para corroborarlo, únicamente bastaría analizar el papel que Pilar Primo de Rivera: hija del dictador Miguel Primo de Rivera y hermana del fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, tan admirado por el “partido verde” -que denominamos así por su logo, no por su ideología-. La fundadora de la Sección Femenina, lo tenía muy claro: la única misión que tienen asignadas las mujeres en la tarea de la patria es el hogar (i). Es decir: no como persona independiente y por ello con derechos propios, si no ligada a una estructura familiar patriarcal. Primero, dependiente del padre. Después del marido; avocada a este y al cuidado de los hijos. Es en el ambiente familiar donde la mujer sí debe tener protección contra la violencia ejercida contra ella. ¿Fuera de esta burbuja, entonces, carecería de protección? Considerar que la mujer, como buena hija, esposa y madre, debe dedicarse al hogar es relegarla al ámbito privado, pues la vida pública es -lógicamente, según su óptica- territorio reservado al hombre. Según dijo la citada feminazi (ii) en uno de sus discursos, concretamente en 1942: “las mujeres nunca descubren nada: les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para las inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres, nos dan hecho”.

El texto anterior, explica, además, el odio al movimiento feminista. No es que los verdes sean misóginos. No es que odien a la mujer; bueno, no a todas. Solo si estas no aceptan el papel de subordinación, cuando no de sumisión, al varón. Si las mujeres no invaden el papel reservado por la tradición - y por Dios, claro - al hombre, no hay ningún problema, al contrario. Si permanecen recluidas en el ámbito familiar, dictarán leyes que las protejan.

El problema son esas “feministas locas” que pretenden invadir los ámbitos masculinos como el laboral, el de ocio y tantos otros

El problema son esas “feministas locas”, que pretenden invadir los ámbitos masculinos, como el laboral, el de ocio y tantos otros. Si en uno de esos lugares te acosan o agreden es culpa tuya: ”seguro que vas provocando”; “¿qué hacías tú a esas horas en la calle?”, “¿cerraste bien las piernas?”, etc., etc. Y si la agresión se produjo en casa, incluso delante de tus hijos por parte de tu pareja o expareja, también es culpa tuya. ¿Mira que pretender dejarle y romper la familia…? ¿Él, que te trataba como una reina…? Bueno, te pegaba alguna vez, es cierto, pero lo normal (iii);  Era porque te quería. Luego siempre te pedía perdón, incluso te hacía regalos... Seguro que le quieres dejar para irte con otro y ya lo dijo el cura: “hasta que la muerte os separe”.

¿Mira que pretender ser igual que los hombres? Durante siglos, una de las funciones atribuidas a la mujer ha sido la de transmitir los valores dominantes de la civilización y, con ello, el de la sumisión a la figura masculina: ya sea al padre -incluso al hermano- y, posteriormente, al marido. Haz caso a la periodista italiana Costanza Miriano, que afirma en el título de su libro, editado en España por el Arzobispado de Granada: cásate y sé sumisa (iv). En esta obra pueden leerse frases del tipo: la mujer lleva inscrita la obediencia en su interior. El hombre, en cambio, lleva la vocación de la libertad y de la guía. O esta otra: Cuando tu marido te dice algo, lo debes escuchar como si fuera Dios el que te habla.

Si las frases anteriores hubieran sido escritas hace unos cuantos siglos, serían igualmente criticables, pero su contexto social y cultural nos darían la clave para su interpretación. Igual sucede con las frases de Pilar Primo de Rivera, coherentes con el “nacional catolicismo” propio de la dictadura del General Franco, pero que las mismas hayan sido escritas en el siglo XXI en la, al menos supuestamente, civilizada Europa, y más por una mujer, tiene difícil explicación. O no.

Las demandas de igualdad de entre hombres y mujeres no son solo algo promovido por esas “cuatro feministas locas”; son algo escrito hace aproximadamente 75 años en la Declaración Universal de Derechos Humanos o, más recientemente en las Constituciones nacionales.  Pero hay un importante sector de la población masculina – afortunadamente, menor cada vez – y algunas mujeres, afectadas por una especie de “síndrome de Estocolmo,” quienes opinan que esto de la igualdad entre hombres y mujeres es una falacia, pues ambos son diferentes. Esto, así dicho, es una perogrullada: hombres y mujeres son diferentes porque las personas son diferentes entre sí. Precisamente, esa condición de persona les otorga igualdad en derechos.

Siglos después de una regalada superioridad en derechos “por la gracia de Dios”, no todo el mundo está dispuesto a mirar como igual a quienes antes lo hacían desde un plano superior.  Esta pérdida de hegemonía, genera odio hacia quienes la ponen continuamente en entredicho, demostrando en todos los planos que las mujeres son tan capaces de brillar como los hombres; claro, si las dejan. Entonces, la respuesta desde ese odio: no dejarlas brillar. ¿Cómo? Ya sea cuestionando permanentemente su valía o, por ejemplo, recordándoles sutilmente su papel de esposas o madres. Traigamos a la memoria aquellas preguntas tan frecuentes en los medios de comunicación sobre cómo hacen para compaginar la vida profesional y familiar; preguntas que no les hacen nunca a los hombres. Si el odio es mayor, o con “avisos” similares a los anteriores no se dan por aludidas, recurriendo a la violenta; ya sea verbal – y de esto las redes sociales saben mucho, tanto es así que se ha acuñado el concepto violencia de género digitalo física. Y ese odio, no es otra cosa que una respuesta a la citada perdida de privilegios: un castigo a la desobediencia y escarmiento de la libertad, como diría Galeano (v).

En una conocida y certera frase, el escritor uruguayo, afirmó: el machismo es el miedo de los hombres a las mujeres sin miedo. Miedo a perder esos privilegios acumulados, que no conquistados, a lo largo de la historia. No es casualidad entonces la elección del toro de Osborne – diseño creado en 1956, por el artista Manuel Prieto Benítez - como símbolo de españolidad mal entendida y, con ello, de “machismo cañí”. El toro de lidia es un apacible bóvido doméstico, que, al verse a en peligro -al ser presa del miedo- embiste para mostrar su bravura. Como “embisten” a la mujer los machiluros de turno, posiblemente para esconder un complejo de inferioridad ante esa mujer empoderada; esa mujer, posiblemente con una mayor formación que él – recordemos que España es el país de la OCDE con mayor número de personas con estudios superiores, siendo mayoritario el grupo femenino. Esa mujer, formada e inteligente, que no se calla y reivindica los derechos que le corresponden; que es dueña de su cuerpo y este no es un objeto para atraer la mirada o lo deseos del varón. Esa mujer, que ha decidido abandonar el espacio privado, donde se ha visto confinada durante siglos y siglos, donde algunos quieren volver a recluirla, para ocupar progresivamente espacios, cuotas de visibilidad y poder en los que estaba excluida. Esa mujer imparable que, ante la falta de argumentos o posibilidades de competir con ella en igualdad de condiciones, es odiada por quienes se creen superiores, cuando la realidad es la contraria. Ante esa imposibilidad de llegar a su altura y compartir la realidad de manera igualitaria, únicamente les queda la violencia y el miedo, como alternativa para llevarla al lugar que le corresponde: la familia, donde sí estaría protegida de cualquier violencia.


(i) PRIMO DE RIVERA, P. (1943, pág. 65): Discursos, Circulares, Escritos. Madrid, Sección Femenina de FET y de las JONS.
(ii) Aunque es este un término acuñado por la extrema derecha para calificar, o mas bien descalificar, al movimiento feminista, el mismo sería un neologismo formado por las palabras feminista y nazi, Sin embargo, qué más nazi que la fundadora versión femenina de la Falange.
(iii) Cft.: LORENTE A COSTA, M. (2001): «Mi marido me pega lo normal». Agresión a la mujer: realidades y mitos, Barcelona, Editorial Crítica. Una impresionante denuncia sobre la normalidad de la agresión.
(iv) MIRIANO, C. (2013): Cásate y sé sumisa: Experiencia radical para mujeres sin miedo, Granada, Nuevo Inicio.
(v) GALEANO E.: (1989) El Libro de los Abrazos, Madrid, Siglo XXI, 1993

Violencia Intrafamiliar. ¿Misoginia o miedo?