jueves 20/1/22
Villarejo Djokovic Francisco González
 

¿Y qué hacen juntos estos tres en un título? Pues que parecen tres personajes en busca de un autor. Enseguida me explicaré pero, para ello, tengo que hablar de una película de 1979. Se trata de "I… como Ícaro", una muestra del cine político de aquella época en la que directores como Gavras, Bertolucci o Pontecorvo fueron muy reconocidos.

En este caso se trata de una cinta de Henry Verneuil, otro cineasta con importantes títulos en su filmografía, cuyo mero repaso nos traerá a la memoria varios títulos muy recordados para la gente de mi generación. "I… como Ícaro" tiene un argumento con, al menos, tres leitmotiv: la relación de los servicios secretos con el poder, el grado de sumisión de la ciudadanía a la autoridad y el complejo social y político que sostiene un régimen político tirano.

Y se me ha ocurrido pensar en un remake de esa película y cuáles serían los arquetipos actuales que mejor reflejaran esos tres tipos de conductas humanas representativas de esos leitmotiv.

Para el primero de ellos, la relación de los servicios secretos con el poder, no se me ocurre nadie mejor que el comisario Villarejo. Su actividad, técnicamente presunta por el momento, consistente en colaborar con sus servicios de inteligencia con los poderes políticos y económicos, le hacen merecedor de ese papel. Aunque esos servicios hayan dejado de ser secretos, en su momento estuvieron amparados, en su caso, por el hecho de que Villarejo hubiera sido nombrado por el estado como funcionario público. Pues bien, ya tenemos al primer prota para la película.

La relación, en este caso de insumisión, con la autoridad, la representa el tenista Novak Djokovic, Nole para los amigos, representante más visible de esa fracción de la sociedad que no se quiere vacunar contra la Covid a pesar de las normas que la mayoría de los países, e instituciones del mundo, imponen obligando a recibir esa vacuna. Djokovic ha desafiado a la autoridad del gobierno australiano, ha logrado el apoyo de muchos millones de personas y ha ganado, al menos de momento, en los mismos tribunales australianos. Claro que, para hacer eso, hay que jugar muy bien al tenis, ser un referente social para mucha gente y, sobre todo, contar con el dinero suficiente para pagar a abogados muy caros. Djokovic tiene esas cualidades y se merece, pues, su protagonismo en esa película.

Para el tercer argumento debo hablar, una vez más, de la Operación Chamartín. A los que no puedan reconocer, detrás de la ahora llamada Madrid Nuevo Norte, a esa criatura urbanística, recordaré que se trata de un conjunto de decisiones administrativas y legales que han llevado a, tomen nota, lo siguiente: la definición como suelo urbano de unos terrenos más vírgenes que el desierto del Sáhara, una asignación de edificabilidad superior a lo que prescriben las normas, una exención de construir las legalmente necesarias viviendas sociales o la consideración de una losa de hormigón como zona verde. Y, todo ello, con el único fin de dar valor a esos terrenos con objeto de vendérselos a una entidad bancaria, el BBVA, con los que nutrirá su cuenta de resultados y de los que dará una pequeña parte a RENFE-ADIF en la misma forma que las antiguas patentes de corso permitían a los piratas operar con permiso de la corona.

Todo eso está actualmente en los tribunales merced a, nada menos, que nueve recursos administrativos que se han presentado contra la decisión de modificar el urbanismo madrileño para permitir tamaño despropósito. Veremos, y confiemos en la justicia.

Pero ello ha sido posible por algo que describe Verneuil en su película. Por la colaboración de mucha gente, políticos, juristas, técnicos y funcionarios públicos que, cada uno en su papel, han hecho trabajos tendentes a que un suelo público, expropiado en su momento con fines sociales, la construcción de instalaciones ferroviarias, se pueda privatizar en beneficio de un banco. Y la aceptación del público en general que, desconocedor de los detalles, ha llegado a aceptar todo eso sin darle la categoría de un escándalo. O, incluso, en muchos casos, creyendo la propaganda oficial convenientemente difundida por los medios, de que se va a asistir a un hecho extraordinariamente positivo para la humanidad, al menos para la madrileña.

Voy a citar un solo ejemplo del comportamiento de tanta gente implicada. Se trata de un argumento esgrimido por RENFE en sus conclusiones al proceso judicial. Y se refiere a la losa de hormigón que quieren construir para convertirla en suelo artificial que no solo se convierta en falsa zona verde, si no que justifique la excesiva asignación de edificabilidad. Dice RENFE que: “Si no se creara ese suelo ‘artificial’, los espacios de cesión deberían entonces situarse en los escasos terrenos “naturales” disponibles, haciendo inviable materializar, en los términos contemplados, la edificabilidad prevista y necesaria para el desarrollo que el planificador, en el legítimo uso de sus potestades, ha previsto”. Repito, no es ninguno de los nueve recursos presentados quien lo dice. Lo hace RENFE para “justificar” el asunto.

Esa frase, que cualquiera podría tildar de inocente, la definiría mejor Hanna Arendt incluyéndola en una acepción de la banalidad del mal de la que ella habla cuando habla del régimen instituido en Alemania en los años treinta. Porque el autor de esa frase, sin tener, quizás, conciencia de lo que está haciendo, justifica la creación de un suelo “artificial” que luego, por cierto, va a pretender “ceder” al Ayuntamiento de Madrid como zona verde. Y, todo, para que “el planificador, en el legítimo uso de sus potestades” pueda hacer lo que quiera. Como aquellos a los que se refería Hanna Arendt en “Eichmann en Jerusalén” Y, años después, Verneuil en su película “I.. como Ícaro”.

Pero ahora, y en un estado de derecho como el nuestro, hay que confiar en que las “previsiones”, como dice RENFE, del planificador, tengan que ajustarse a las de las leyes establecidas, por mucho que aquellas “previsiones” de la autoridad se quieran vestir de interés público cuando a lo que únicamente responden es a acuerdos con una entidad bancaria para su mayor beneficio.

Y, ¿por qué Francisco González? Pues, porque hay que hacer un reconocimiento expreso a este señor como el auténtico padrino de la Operación Chamartín en la que, gente como José Luis Ábalos o Manuela Carmena, han sido solo colaboradores necesarios en el caso. González, desde su cargo de presidente del BBVA ha sido el que ha puesto todos los medios y la influencia de esa institución bancaria para que se fueran allanando los obstáculos administrativos y legales que la impedían. Y políticos, porque hay que recordar que consiguió que todos los partidos políticos representados en el Ayuntamiento de Madrid votaran a favor de la Operación Chamartín lo que se llamó, veremos si impropiamente, “aprobación definitiva” del asunto.

Aunque, ya veremos si su obra le sobrevive por mucho tiempo más.

Villarejo, Djokovic, Francisco González