La UNED inviste al dramaturgo Juan Mayorga como doctor honoris causa por Filología
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El dramaturgo Juan Mayorga ha obtenido el reconocimiento que merece y que asume con envidiable discreción, como si la cosa fuera con uno de los personajes concebidos por su escenografía teatral. Daba la impresión de que así se tomaba el solemne acto de investidura celebrado en la UNED. Curiosamente, la fecha —19 de noviembre— coincidía con aquella en que defendió su filosófica tesis doctoral sobre Walter Benjamin hace veintiocho años, bajo la dirección de Reyes Mate, circunstancia que le hizo frecuentar durante una época el Instituto de Filosofía del CSIC.
Como es miembro de la Real Academia Española, su presidente acompañó al rector de la UNED, quien, por cierto, hizo un bonito discurso versado en la esperanza. El padrino utilizó su laudatio para desgranar diez teselas que podían componer un mosaico de la trayectoria del apadrinado. Tras recibir los emblemas de su primer doctorado honorífico, que a buen seguro no será el último, Juan Mayorga utilizó su discurso de aceptación para recordar cuánto le vincula con la UNED, refiriéndose no solo a que la frecuenta desde 1983, sino al uso de la distancia que hace en su obra dramática, haciendo una ingeniosa y sugestiva reflexión sobre los distanciamientos en el ámbito de la comunicación interpersonal.
No cabría descartar que aproveche tales reflexiones para componer una pieza de teatro, tal como hizo con su brillante discurso de aceptación en la RAE acerca del silencio, que dio lugar a un extraordinario monólogo titulado El silencio, magistralmente interpretado por Blanca Portillo en el escenario, encarnando al propio Mayorga. Como se recordó ayer, su teatro combina la crítica social con los horizontes utópicos, dejando a la imaginación del espectador que ponga de su parte y complete lo que se apunta en los diálogos o gestos de sus personajes.
A este matemático y filósofo de formación, con alma de poeta, se le ha dado, entre otros, el Premio Príncipe de Asturias junto a otros galardones nacionales, y se representan sus obras en todos los rincones del mundo, siendo algunas llevadas al cine o inspirando guiones cinematográficos. Pero el rasgo que mejor le caracteriza es una extraordinaria sencillez y su gran bonhomía. Lejos de creerse alguien, interpreta ese papel como destinatario de tamaños éxitos y reconocimientos, deseando seguir siendo un tipo normal con sus aficiones personales y domésticas, a las que se suma un fecundo compromiso social.
Su teatro entretiene, pero sobre todo da mucho que pensar e involucra desde un primer momento al espectador, que debe recurrir a su imaginación para recrear la violencia sutilmente apuntada o cualquier otra circunstancia que se muestre sin exhibirla. Como bien dijo Wittgenstein, hay cosas que no se pueden decir y solo cabe mostrarlas. Esto es algo que sabe hacer magistralmente Juan Mayorga, un artesano que sabe hacer magia con las palabras para invitarnos a pensar y sondear nuestros propios registros emocionales.