jueves. 04.06.2026
TECNOFASCISMOS

El oscuro iluminismo y la traición europea

Personajes como Thiel, Musk, Altman, Bezos, Zuckerberg y demás frikis tecnoligarcas participan de todos estos sueños húmedos de dominio, vigilancia y manipulación tecnológica.

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“La guerra es la paz,
La libertad es la esclavitud,

La ignorancia es la fuerza”
George Orwell, 1984.


El ojo de Sauron, nos dice la Inteligencia Artificial, es el símbolo máximo del mal en El Señor de los Anillos. Ojo y Palantir son las herramientas del Señor Oscuro en su afán de poder, siendo el Ojo una metáfora de su vigilancia incesante y el Palantir la piedra vidente usada para proyectar su voluntad por toda la Tierra Media.

Multimillonario de origen alemán, donante de Trump, cofundador de PayPal y destacado inversor de Silicon Valley, Peter Thiel es el dueño de Palantir, su poderosa gestora de análisis de datos inspirada en la piedra vidente del malvado Sauron. Thiel, como Musk, crecieron en la Suráfrica supremacista del Apartheid.

 Ciega y anestesiada, una ciudadanía, la europea, aún a la espera de conocer qué le depara su fantasmagórica soberanía

En su célebre Hegemonía o Supervivencia, cinco años antes del crack financiero de 2008, Noam Chomsky alertaba respecto de la vigencia de las oscuras intenciones del nuevo orden global edificadas a partir de Milton Friedman. Se trataba, se trata aún, de forzar la degradación del Estado Social a su nivel más residual.

Consumada la externalización, este quedará reducido a su función represora y de policía, junto a una clase política convertida en empleada de los mercados y sólo tolerada por éstos en tanto acepte el juego y aplique las políticas que se dicten.

La privatización ofrece otras ventajas: “Si los trabajadores dependen de la bolsa para sus pensiones, su sanidad, y cualquier otra red asistencial, tendrán intereses en proceder contra su propio provecho: oponiéndose al aumento de los salarios, a las regulaciones sanitarias y de seguridad laboral y a otras medidas que podrían reducir los beneficios que circulan hacia los benefactores en quienes deben confiar, de un modo que evoca el feudalismo”.

El 10 de noviembre de 2016, bajo el título “EE.UU. entra en la era del populismo”, el diario El Mundo ilustraba la elevación de Donald Trump a la Casa Blanca con la foto de un entusiasta simpatizante republicano dedicando a dos manos su peineta más country al fotógrafo de agencia encargado de transmitir al mundo dicha celebración. ¡Albricias en las precarias casas prefabricadas! ¡Albricias en las roulottes! ¡Albricias entre los zombis deambulando en libertad!

El ciego voto platónico entregaba su confianza a quien les prometía controlar los precios, recuperar buenos empleos industriales y limpiar América de aquellos culpables de sus problemas, los otros. Les aseguró incluso un “No a la guerra” para sus hijos alistados, en abierto disenso con los demócratas. Prioridad nacional.

La alternativa era conocida; un gobierno en sintonía con la Europa derechista, alineado con la voracidad de las grandes corporaciones globales y mero intermediario de dicha estrategia. ¿Globalización o proteccionismo? Nada de esta disyuntiva ha de alcanzar a los esperanzados. La disputa ni siquiera es derecha o ultraderecha; accidentalismo; se trata de estar atento. Musk corrió a cambiarse de bando. Todo se sustancia en base a sórdidas luchas de intereses personales.

Junto al regreso de los hijos y nietos de los nazis derrotados, el pujante oscuro iluminismo, dark enlightenment, nutre la ideología de moda del club de ultrarricos que determina las bases de la neorreacción. No esconden sus intenciones. Anhelan la oportuna ruina gubernamental que les posibilite asumir todas las funciones. Consumada la mutación del Estado, este se gestionará como una empresa.

Adiós a todo el edificio ideológico de la filosofía moderna. La impugnación de cualquier crítica marxista en favor del absolutismo prusiano del último Hegel es solo el principio. Ni siquiera el autoritarismo del Estado napoleónico es concebible. Se trata de enterrar todo el edificio ideológico de la filosofía moderna tendente a cualquier bien común; las ideas de progreso, igualdad, justicia, sostenibilidad… “La libertad es incompatible con la democracia” afirma Thiel sin ambages.

Viene de publicarse el Manifiesto Palantir, siniestra psicopatía digna de leer entre líneas. Personajes como Thiel, Musk, Altman, Bezos, Zuckerberg y demás frikis tecnoligarcas participan de todos estos sueños húmedos de dominio, vigilancia y manipulación tecnológica. Si hace treinta años los Rumsfeld, Cheney, Wolfowitz y compañía pensaban aún en clave de política de Estado para sus propios fines, los nuevos tecnoligarcas piensan ya en cierto modo en superar dicho paradigma.

Colaborar con el gobierno primero para sustituirlo más tarde. Profetas y gurús del IV Reich en ciernes, dos grandes apóstoles teóricos; Curtis Yarvin y Nick Land, este último, autor de La Ilustración Oscura. Se dice que J.D Vance, Dark Vance como lo denominan, es el escogido como futura autoridad del nuevo imperio autocrático en ciernes.

Frente a ellos, lo advirtió Eisenhower hace más de medio siglo, el último reducto de un Estado adulterado que hace tiempo despreció el Pacto Convivencial. Un Complejo Militar Industrial que sigue exigiendo su insaciable presupuesto anual. Es lo único a lo que aún temen los nuevos señores del anillo; saben bien que la bala con cálidos recuerdos del Pentágono es la única que no ha de fallar. ¿Brillante solución a todo ello?

Externalizar la guerra de Ucrania a los aliados europeos; la del Mar de China a Japón, Corea del Sur y Filipinas, y la de Irán a los Estados árabes del Golfo Pérsico. Rearme. Nuestro último bienestar será el precio a pagar. Es la guerra la que mandata el sacrificio del Estado Social. Es la guerra la que ha de exonerar a sus vasallos. Rutte, Von der Leyen, Merz, Macron, Callas…  Ciega y anestesiada, una ciudadanía, la europea, aún a la espera de conocer qué le depara su fantasmagórica soberanía.

El oscuro iluminismo y la traición europea