martes. 23.04.2024
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Jone Nolte |

Frente al modelo de empresa imperante basado en proyectos individuales, estructuras jerárquicas y con la rentabilidad económica como único objetivo, la fórmula de la Sociedad Laboral resiste como alternativa de presente y futuro con una apuesta basada en la primacía de las personas sobre el capital. Una opción que pone a los trabajadores en el centro y en la que van a ser dueños de su propio destino a través de la participación en la propiedad de ese proyecto. Un punto de partida diferenciador cuyo impacto repercute más allá de la propia organización.

Las sociedades laborales son empresas competitivas, comprometidas con su entorno, con el desarrollo local, son empresas preocupadas por la sostenibilidad no solamente ambiental, sino también del propio proyecto. Y son empresas que, por su propia forma de ser, regulan muy bien las desigualdades existentes en nuestra sociedad desde el punto de vista económico, a través de la redistribución de la renta y la participación en los beneficios.

Las sociedades laborales son sociedades mercantiles en las que la mayoría del capital social es propiedad de los trabajadores

Las sociedades laborales son sociedades mercantiles en las que la mayoría del capital social es propiedad de las personas trabajadoras que prestan servicios retribuidos en ellas, en virtud de una relación laboral contractual por tiempo indefinido. Actualmente hay unas 6.500 empresas en España que funcionan con este modelo, a las que los años de incertidumbre también han hecho daño, pero en los que han demostrado ser un modelo más resiliente que aquellas que no se engloban dentro de la Economía Social.

La economía social, está formada por diferentes familias, además de las sociedades laborales, también están incluidas las cooperativas, los Centros Especiales de Empleo de Iniciativa Social, las empresas de inserción… Todas regidas por los principios de gestión democrática, participativa, autónoma y transparente, la aplicación de los beneficios obtenidos, el compromiso con el desarrollo local, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la inserción de personas en riesgo de exclusión social y la generación de empleo estable y de calidad.

A nivel mediático la economía social no ha tenido nunca una presencia tan importante como la actual, por primera vez en la historia de España hay un Ministerio de Trabajo y Economía Social. Cada intervención que hace Yolanda Díaz permite hablar más en profundidad del modelo, aunque la economía social es muy amplia y, cuando se atiende a qué es lo que la gente está interpretando, percibo que hay bastante confusión. Mi percepción es que la sociedad, cuando le hablas de economía social, no está pensando en la economía productiva, no está pensando en la sociedad laboral o la cooperativa, está pensando más en empresas vinculadas al tercer sector como pueden ser las fundaciones.

Para combatir esta idea y que la fórmula de la sociedad laboral vaya ganando presencia en el mundo educativo y entre los agentes de emprendimiento, habría que ser capaces de introducir el concepto de Economía Social en el currículum educativo, no en unidades didácticas específicas, sino en todo el currículo escolar, empezando en etapas educativas muy tempranas. En cuanto a los prescriptores, persiste un individualismo predominante también para crear una empresa, algo estamos haciendo mal para que la sociedad sea tan individualista.

La sociedad laboral, la empresa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Desde LABORPAR defendemos el importante papel que juegan las sociedades laborales y el conjunto de la economía social en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Un papel fundamental lo juega el Objetivo 8, centrado en promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente para todos, y también en otros tan fundamentales como el Objetivo 10, dirigido a reducir la desigualdad en y entre los países. La sociedad laboral combate las desigualdades desde el punto de vista salarial, desde el punto de vista de la redistribución de renta, de la oportunidad de poder participar en los centros de decisión, en el capital, en los equipos de trabajo. Esta fórmula es además una lanza contra la desigualdad de género en el ámbito laboral.

También tiene protagonismo en el ODS 9, el que apela a la innovación, siendo empresas en las que prevalece el empleo, para que sea sostenible en el tiempo, tenemos que tener una empresa competitiva y para que la empresa sea competitiva no podemos renunciar a la inversión, a la innovación, a las infraestructuras. Y también son un elemento clave en el desarrollo local. Las empresas además tener su propia cuenta de resultados, también generan economía de forma indirecta, generalmente se trabaja con proveedores locales, colaboraciones con centros de formación profesional, en proyectos de investigación con empresas de la competencia, incluso participación en asociaciones empresariales, esta cultura está muy interiorizada.

En definitiva, podemos reivindicar la sociedad laboral como opción de emprendimiento por las facilidades que da a los trabajadores para acceder a la tenencia de capital o por la línea de ayudas públicas específicas para este modelo, pero, principalmente, por la fortaleza que da el grupo. Cuando alguien emprende, no solamente se puede ser bueno en la parte técnica, hay que controlar el ámbito comercial, hay que saber de marketing, de gestión… Una persona sola lo tiene complicado. Además, posibilita compartir las dolencias, los problemas compartidos son la mitad de problemas.

No podemos olvidar que arrancar y emprender no es fácil, sobre todo al principio, pero el éxito compartido también es muy dulce.

Jone Nolte, presidenta de la Federación Empresarial de Sociedades Laborales y Empresas Participadas de España (LABORPAR)

La Sociedad Laboral, el modelo de empresa que mejora la sociedad