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miércoles. 01.02.2023

¡Sexo débil!

Tomadas de una en una, todas las personas somos débiles.
sexodebil
Archivo del autor (RGC, 2012)

Es fácil escribir de economía o de política o filosofía. Sobre todo ello y sobre sus actores es fácil escribir uno y mil textos. No lo es -o por lo menos no lo es para mí- escribir sobre las mujeres que son violentadas, que son violadas, que no es que mueran, sino que son matadas -ellas, sus hijos, o incluso sus seres queridos- por ser consideradas “mujer de” o por que alguien se cree con derecho a su apropiación, a su cosificación. Pero lo intentaré, esta vez sin el subterfugio de hablar en plural.

  1. ¿Machismo? Sí
  2. La mujer, ciudadana
  3. El hombre, el macho
  4. Aquellas cuatro verdades
  5. Hay salida

¿Machismo? Sí

Mujeres víctimas mortales por violencia de género en España a manos de sus parejas o exparejas (2002: datos provisionales)

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Estadística 1(Fuente: elaboración propia, con datos ofrecidos por el ministerio de Igualdad del Gobierno de España,https://tinyurl.com/GEMinIg)

"En un país donde, según las estadísticas que publica en Internet el Instituto de la Mujer, mueren en manos de sus parejas del sexo masculino un promedio de ocho mujeres por mes, resulta temerario rechazar por tendenciosos o exagerados los alegatos y denuncias de los colectivos feministas [...] La discriminación y la violencia contra la población femenina sigue siendo una parte sustancial de la acendrada tradición del machismo ibérico. Es tan flagrante y grotesca la misoginia española -signo de una secularización incompleta que la modernización superficial y muy reciente de España sólo ha conseguido maquillar-, que aún está pendiente la reparación de la condición inferior de la mujer en este país [...] Ningún reclamo en cuanto a la condición de la mujer española está injustificado" (Enrique Lynch, Babelia, 10/06/2006, la negrita es nuestra)

La mujer, ciudadana

El proceso de individuación en la modernidad, proceso que inició sus andares allá por el siglo XVI y base del concepto de ciudadanía, fue la condición de posibilidad para la final aparición del feminismo, de cualquier feminismo. Sólo así podemos entender la alergia del feminismo a ciertas teorías de género que, apartándose del concepto moderno de individuo como sujeto de iguales derechos y deberes, transita por la peligrosa senda de lo colectivo como sujeto.

Los derechos de toda mujer, aparte de aquellos mecánicamente derivados de su realidad biológica, verbigracia: atención al parto o disponer en última instancia de palabra decisoria ante el aborto, no los tiene en tanto que pertenezca al colectivo abstracto "mujer", sino en tanto que es un concreto e individualizable humano más: ni más ni menos. Tal vez Lynch [1] se equivocó en los ejemplos escogidos (como bien denuncia Gallego-Díaz), pero quedarse en ello y evitar el fondo de su tesis es coger el rábano por las hojas: es recolectar lo insustancial y perderse lo sustantivo, a saber: "ningún ser humano [en tanto que sujeto de derechos y deberes, añado] es más que otro ser humano"(Gallego-Díaz, El País, 21/11/2009). Y si no ponemos más adjetivos a esta frase, podremos ver que su sentido no sólo resume lo mejor del feminismo ilustrado, sino que no contradice -o incluso apoya- la tesis de Lynch: “la sola presunción de que un hombre pretenda ser más que una mujer; o que una mujer se declare superior a un hombre, es lo que este ministerio debería combatir sin dar lugar a equívocos.” (El País, 19/11/2009).

Sólo así podemos entender la alergia del feminismo a ciertas teorías de género que (…) transita por la peligrosa senda de lo colectivo como sujeto

A pesar de los años transcurridos, y sin negar que el guarismo 49 es menos traumático (pero no menos trágico) que el 76, “la violencia contra la población femenina sigue siendo una parte sustancial de la acendrada tradición del machismo ibérico”. Item más, en los últimos 11 años no se ha dado una mejora estadísticamente significativa (Estadística 1).

El hombre, el macho

(RAE) macho, 1. m. Animal del sexo masculino. U. t. en apos. Una rana macho.

No es ningún insulto decir que el hombre, cuando no se utiliza como genérico, es el macho de la especie humana, al igual que la mujer es la hembra de la especie humana.

Esto viene a cuento para introducir una realidad biológica que, a mi parecer, olvidarla u obviarla sólo nos puede traer quebraderos de cabeza, y aún peor, imposibilitarnos para dar con alguna solución. Nunca sencilla, si es que damos con ella. Nunca como el bálsamo de Fierabrás.

Aún sabiendo que me repito, me acojo a la bondad del lector para que no tenga en cuenta que lo que ahora voy a escribir ya lo pudo leer con parecidas palabras en un artículo anterior Cuatro verdades o por qué la batalla contra el machismo no tendrá fin.

Valgan estas dos estadísticas para mostrar cuan transversal considero que es la tragedia de la violencia de género, de la violencia machista.

Víctimas mortales por violencia de género (Por 100.000 mujeres)

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Estadística 2 (Fuente: elaboración propia con datos ofrecidos por Eurostat, https://tinyurl.com/EurostatIHV)

Violencia sexual de la pareja actual y de parejas pasadas a lo largo de la vida, según las características sociodemográfica de nivel de estudios

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Estadística 3 (Fuente: elaboración propia, con datos ofrecidos por el ministerio de Igualdad del Gobierno de España, https://tinyurl.com/MinIgVG)

La Estadística 2 muestra que, aunque salgamos menos mal parados, y eso en el caso de que no haya sesgo involuntario a la hora de cuantificar los homicidios intencionales de mujeres por parte de sus parejas o exparejas (Intimate partner) aquí o en otros países, en la escalonada sucesión de mayor a menor se mezclan sin criterio sociedades con muy diferentes niveles de renta, con variopintas calidades del estado del bienestar o con dispares historias de libertades sociales, políticas y democráticas. Sirvan estos datos como primer argumento de la transversalización que suponemos de la violencia de género.

En la siguiente vemos que de cada 100 mujeres víctimas de violencia sexual, 18 tienen estudios primarios, 38 secundarios 1ª etapa, 14 secundarios 2ª etapa, 5 FPGS y 24 universitarios. Esos números siguen muy de cerca a la distribución global de estudios de la ciudadanía española (13, 32, 22, 9, 23, respectivamente), y también a la de los victimarios (16, 38, 16, 15, 13, respectivamente).

A falta de una estadística -que no hemos sabido encontrar- que relacione nivel de rentas de las víctimas y victimarios de forma semejante a como lo hace la Estadística 3 con el nivel de estudios, la imagen de esta tercera estadística bien parece mostrar, correlacionando de alguna manera nivel de estudios con nivel de rentas, que tanto el estatus de las víctimas de violencia sexual como el de los victimarios no es tampoco clase-dependiente. Sirva ello como segundo argumento de la transversalización que suponemos de la violencia de género.

¿Cabe sostener que el fenómeno machista, y la violencia agresiva que conlleva, no entiende de clase social, nivel cultural, nacionalidad, religión o ideología?

El macho de la especie humana ¿es machista porque actúa de forma machista, o, actúa de forma machista porque es machista? ¿Cabe sostener que el fenómeno machista, y la violencia agresiva que conlleva, no entiende de clase social, nivel cultural, nacionalidad, religión o ideología?

¿Qué deberíamos tener en cuenta en el machismo, aunque nos sonara paradójico, que ahora no apreciamos, o por lo menos, no con la suficiente consideración? ¿Una suerte de predisposición innata?

Aquellas cuatro verdades

Cuatro malas noticias (para los hombres, ejemplares machos de la especie humana).

Una - Todos los hombres nacemos en mayor o menor medida con predisposición para caer en actitudes machistas: la evolución manda. Negarlo nos quita capacidad de acción a los hombres.

Si optamos por negar la existencia de ese nivel primario de predisposición –y por ello concluimos que el machismo es un fenómeno de raíz meramente cultural– nos va a ser difícil explicar cómo puede darse, cuando se da, un hecho machista en un entorno socio cultural ajeno al –o por lo menos no favorable o promovedor del– machismo.

Dos - El machismo se expresa en función del entorno: un machista en alto grado en un ambiente favorable es una amenaza mayor que un machista en menor grado en un ambiente más igualitario. Pero la amenaza está ahí y es transversal al estatus, clase o tipo de sociedad.

De forma global y estadísticamente comprobable, ciertos procesos culturales conllevan que los actores machistas vayan desistiendo en su violento quehacer

Qué duda cabe que, de forma global y estadísticamente comprobable, ciertos procesos culturales conllevan que los actores machistas vayan desistiendo en su violento quehacer, mientras que otros los promocionan, por lo que cabe convenir que la cultura –no la mayor o menor cultura, sino las opciones que adopta una concreción dada de la cultura– tiene que ver, y mucho, con el mayor o menor grado de machismo que una sociedad acepta –interioriza– sin planteamiento crítico.

Tres - Si cada uno de los hombres luchamos contra esa predisposición, tanto a través del autoconocimiento como por la educación que damos, el machismo no desaparecerá, pero su expresión tenderá con el tiempo a ser mínima. Nunca cero o arrancado de raíz, si entendemos que la predisposición al machismo es innata, tan sólo mínimo. No podemos esperar más, pero no debemos hacer menos. Y además el esfuerzo debe ser continuo y sin fin.

Somos nosotros, los hombres, los que debemos afrontar las egoístas razones que sustentan la respuesta -machista, violenta- que el hombre da a las cuestiones de a quién y por qué hay que sojuzgar para alcanzar y mantener el poder social. A quién: a la mujer; por qué: porque sometiéndola, somete a sus designios la clave de bóveda de toda sociedad: la cultura -no sólo la enseñanza- y su transmisión. Tal vez esa lucha por el poder sea para muchos algo inconsciente, de alguna manera una reacción inmediata e intuitiva. Por eso el autoconocimiento y la educación son esenciales para minorar, y no sólo mitigar, el machismo.

Cuatro - la cultura igualitaria es necesaria, pero no suficiente, la autoconciencia es necesaria, pero no suficiente, no bajar la guardia es necesario, pero no suficiente, ser consciente de que la lucha no tiene -no tendrá- fin, pues su base no es meramente cultural, es necesario, pero no suficiente.

La cultura igualitaria es necesaria, pero no suficiente, la autoconciencia es necesaria, pero no suficiente, no bajar la guardia es necesario, pero no suficiente

Todo eso es necesario, sí, pero ni cumpliendo con todo será suficiente, por eso hay que pensar que la lucha contra las expresiones del machismo no va a tener fin ni ahora ni en ninguna de las generaciones venideras: la predisposición manda. Pero esto no nos debe frustrar, por el contrario, nos debe motivar a continuar, a no bajar la guardia, a batallar desde la base, desde la educación de la infancia, y también desde la continua reflexión, contra todas las expresiones del machismo, las propias y las ajenas.

«Lo más preocupante de todo es que la violencia de género se está viendo en personas muy jóvenes», advirtió ayer María Lourdes Goya [...] La juez de la capital gomera instó «a transmitir a todas las mujeres que están sufriendo esta lacra, este terrorismo que no están solas, pero sobre todo tenemos que empezar a educar desde la base, tanto los legisladores y gobernantes como la sociedad en general, para que no haya la desigualdad que actualmente existe entre hombres y mujeres». Efectivamente, más de uno de cada cuatro jóvenes de 15 a 29 años (27,4%) cree que la violencia de género es una conducta normal en el seno de una pareja; casi un tercio (31,5%) considera que es un problema que aumenta progresivamente por culpa de la población inmigrante; el 21,2% apunta que es un tema politizado que se exagera; y cerca de un 7% piensa que es un problema inevitable que, aunque esté mal, siempre ha existido, según las conclusiones del Barómetro 2017 del ProyectoScopio elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, un centro de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) con el apoyo de Banco Santander y Telefónica.” (El machismo rebrota en los jóvenes, diario La Provincia, 25/11/2017, la negrita es nuestra)

¡Ah! Hay una quinta mala noticia. Las mujeres también nacen con algún tipo de predisposición machista, pero el padecimiento que sufren, con real y evidente dolor y en sus propias carnes, les permite -les obliga a- ser conscientes antes.

Hay salida

La única solución viable para el gravísimo problema de la violencia "de género" -qué digo, de la violencia en todas partes- es la promulgación de leyes justas y la promoción de la justicia social, cuya condición de posibilidad es una instrucción pública de calidad, el mejor medio conocido de promover una ciudadanía cívicamente virtuosa.” (Enrique Lynch, El País, 8/12/2009, la negrita es nuestra)

Lynch, a mi parecer, exponía en su primer artículo de la controversia (19/11/2009, ver nota 1) la siguiente advertencia: no lancemos a una mujer (ni las lancemos colectivamente, pues la realidad será que se enfrentarán con el monstruo de una en una; y todas las personas, tomadas una a una, somos vulnerables) contra el despropósito de los muy reales "machos ignorantes y brutales" (perdonen una digresión: no olvidar que estas "bestias" han sido "gestados, amamantados, criados y formados por mujeres", como pide Lynch, no hace a éstas culpables, todo lo contrario: nos obliga a reflexionar sobre si esa bestialidad se verá atemperada por la mera gestión desde un colectivo, el de las madres, o si será necesaria su gestión desde la totalidad: la solución no está en manos de las mujeres por ser mujeres, sino que es responsabilidad -y no asumirlo sí nos hace culpables- de todas las personas que componemos la sociedad: debemos interiorizar que ningún humano merece un trato denigrante, con independencia de su adscripción a cualquiera de los dos, tres, ¿cuatro? o más "géneros" -que no sexos- identificables), no las lancemos, dice Lynch, contra las bestias machistas, y estoy de acuerdo, pues en ese tipo de batallas tienen todas las de perder, pero no por ser mujeres -pensar así sería otra discriminación más: la paternalista-, tan sólo por ser frágiles como el ser humano que son.

No cabe duda que es necesaria hoy y aquí, como coadyuvante de la solución basada en la educación y durante bastante tiempo -tanto como el necesario para que la herramienta educativa de sus frutos-, una eficiente práctica discriminatoria positiva a favor de la mujer: su falta, su omisión, la dejación de la responsabilidad de actuar promoviendo socialmente a la mujer, según lo que sabemos -quién y por qué es sojuzgado con techos de cristal en nuestra sociedad-, nos llevará inexcusablemente a permitir que sobrevivan los mismos tics machistas.

No está de más preguntarse, siguiendo la misma línea argumental y a la vista de la complejidad de la sociedad que nos hemos dado, el por qué de la caída sostenida y generalizada del estatus social del profesorado de la enseñanza no universitaria. La cultura y la emancipación, que siempre van de la mano, no están bien miradas por cualquier -quizás por todo- poder establecido ¡ojo! A veces tal parece que ni por el de izquierdas: he ahí una de las tremendas aporías que el machismo significa para las izquierdas: no por ser de izquierdas estamos -ni están nuestros líderes- libres por obra de algún espíritu santo de caer en prácticas machistas.


[1] En noviembre de 2009 Gallego-Díaz y Lynch se contestaron en sendos artículos en El País (Gallego-Díaz, 21/11/2009, https://tinyurl.com/GallegoDiazUno; Lynch, 08/12/2009, https://tinyurl.com/LynchDos) a raíz de un primer artículo de Lynch (19/11/2009, https://tinyurl.com/LynchUno) en referencia a un spot que apareció en “una valla concebida por el Ministerio de la Igualdad, creado por el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero”.

¡Sexo débil!