miércoles. 24.04.2024
Audrey Hepburn, en 'Desayuno con diamantes'Audrey Hepburn, en 'Desayuno con diamantes'
Audrey Hepburn, en 'Desayuno con diamantes'

Me hubiera gustado no tener que inventar una historia literaria como una crítica social sin nada que ver con la realidad. Una historia de ficción que sucediera en Madrid, una tarde que me presenté en urgencias porque mi pareja tenía un fuerte dolor de tripa. Hace ya tiempo de eso. Recuerdo aquella época dorada en la que salía con una mujer muy guapa que se parecía mucho a Audrey Hepburn. Un día le compré un anillo de diamantes y ella se lo comió porque yo ―tonto de mí― para darle una sorpresa, lo guardé dentro de una caja de cereales. 

Qué habré hecho mal para ya no tener el cariño de aquella mujer tan guapa, no tener diamantes para regalar en el día de los enamorados

Hoy en día, en cambio, vivimos a diario en una realidad tan distópica en la que se pueden ver médicos que van a trabajar en muletas y enfermeras que si te duele mucho la tripa te tranquilizan con un diagnóstico sin rayos X, para aliviar los enormes maratones de espera de los hospitales totalmente colapsados. Aquella tarde, el médico del hospital le regañó por comer demasiados cereales y en las radiografías no encontraron nada malo. De hecho, fue un alivio cuando encontré el anillo intacto entre los restos de los cereales, en el fondo de la bolsa.

Ahora cuando echo la vista atrás, me pregunto qué habré hecho mal para ya no tener el cariño de aquella mujer tan guapa, no tener diamantes para regalar en el día de los enamorados, pero sobre todo haberme despertado de repente, en un mundo tan precario, en el que pagan justos por pecadores los recortes sanitarios. 

Cuando se desayunaba con diamantes y te mandaban rayos X en el hospital para encontrarlos