jueves. 30.05.2024
envidia pajaro

Actualizado el 27 de junio de 2022

  1. Etimología
  2. ¿Virtud o vicio?
  3. Condiciones básicas
  4. Inferioridad
  5. Base biológica
  6. Dos tipos de envidia
  7. Envidia buena

Etimología

La palabra envidia procede de la latina invidere, que significa mirar con malos ojos a alguien. 

Se considera clásicamente a la envidia, desde el cristianismo, como pecado capital y se trata de un sentimiento de tristeza por los bienes de otros.

Así, la envidia ha inspirado relatos bíblicos como el de Caín y Abel que aparece en el Génesis

¿Virtud o vicio?

Las personas envidiosas se resienten por los bienes ajenos, ya sean capacidades, trabajos, posesiones, apariencia o popularidad, viéndose esta situación como injusta para la persona envidiosa.

Además, los envidiosos se alegran y llegan a disfrutar de las adversidades y desgracias sufridas por otros individuos.

Fernando Savater afirma que la envidia “es la virtud democrática por excelencia” y que por ello no debe verse como pecado siguiendo los cánones tradicionales.

Gracias a ella se evita que otros tengan más derechos que uno mismo empujándonos a todos a buscar la igualdad social. Por ello, según Savater, habría que considerarla más una auténtica virtud que un vicio.

Por el contrario, Bertrand Russel sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad:

“Siendo universal es el más desafortunado aspecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no solo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia, sino que además alimenta el deseo de producir el mal a otros”.

Condiciones básicas

Para que aparezca la envidia deben existir tres condiciones básicas, la primera de ellas que tiene que haber alguien que posea un bien determinado, la segunda que éste bien sea objeto de deseo para el individuo y, por último, que aparezca una sensación de malestar, frustración o dolor ante la comparación entre ambos sujetos.

Inferioridad

El sentimiento de la envidia, a nivel psicológico, nace de otro sentimiento, el de inferioridad, ante la comparación que se establece entre una o más personas.

En general los sentimientos de envidia se encuentran dirigidos hacia personas que se encuentran en niveles similares a los propios, ya que individuos muy alejados de las propias características no suelen despertar la sensación de desigualdad que puede provocar alguien con circunstancias similares a las de uno mismo.

Base biológica

¿Hay una base biológica en la envidia?. 

Investigaciones en el Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas de Japón han señalado que ante el sentimiento de envidia se activan a nivel cerebral diversas zonas implicadas en la percepción de dolor físico.

Del mismo modo, cuando se pedía a los voluntarios que imaginaran que el sujeto envidiado sufría un fracaso se provocaba la liberación de dopamina en áreas cerebrales como el núcleo estriado ventral, activándose el mecanismo de recompensa.

Además, los resultados demuestran que la intensidad de la envidia percibida correlacionaba con el placer obtenido por el fracaso del envidiado.

Dos tipos de envidia

Hay dos tipos básicos de envidia.

Por un lado, se da una envidia sana, término que hace referencia a un tipo de envidia centrado en el elemento envidiado, sin por ello desear ningún mal a la persona que la posee.

Frente a esta envidia sana, la envidia pura, supone la creencia de que somos más merecedores del objeto de deseo que aquel a quien envidiamos, pudiendo producirse alegría ante el fracaso de éste.

Envidia buena

La envidia parece que a nivel evolutivo puede tener a veces un sentido positivo, este sentimiento ha impulsado la competitividad por la búsqueda de recursos y la generación de nuevas estrategias y herramientas, elementos que han resultado imprescindibles para la supervivencia desde los inicios de la humanidad.

Asimismo, en este sentido la envidia hace que una situación que se considera injusta puede motivar a intentar llegar a una situación de equidad en ámbitos como el laboral, por ejemplo, reducir diferencias salariales.

En síntesis, podríamos afirmar que la envidia constituye una emoción natural. Nos avisa cuando estamos en desventaja con respecto a los demás.

Aunque puede inducir pensamientos maliciosos y destructivos, también estimula el esfuerzo.

La intensidad con la que se manifiesta la envidia depende del control que pueda ejercer el sujeto que la experimenta.

Por último, compartir esta reflexión de Miguel de Unamuno:

“La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”.

La envidia, ¿vicio o virtud?