TRIBUNA ANTROPOLÓGICA

El suicidio como experiencia… ¿necesaria?

El suicidio de Manet
Si entendemos que el fin de nuestra vida, en verdad no es tal fin y que todo cadáver se transforma en otro devenir para proseguir, insisto… ¿por qué vivir esta vida?

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Es necesario aclarar que este artículo no es ni pretende ser una apología al suicidio, ni tampoco se busca degradar, eclipsar o negar la vasta cantidad de estudios que muestra, por ejemplo, Santibáñez Aravena. Pero entendamos que es la cuarta causa principal de muerte entre jóvenes de 15 y 29 años en nuestro país. 

Recordar que, en otros estudios más recientes, se destaca la depresión como motivación fundamental del suicidio (Dawson, 2023), y mucho menos se busca obviar la complejidad del acto suicida cuando se agregan factores socioeconómicos de género o racista. Más bien, es una profunda conciencia y preocupación por esta devastadora realidad lo que motiva este artículo de opinión. Espero se entienda toda esta acumulación de aclaraciones, porque entiendo la complejidad del tema y sobre todo sus consecuencias.

Abogo por hablar del mismo desde la tranquilidad e incluso y sobre todo en las escuelas y lo antes posible para de esa manera reflexionar sobre un asunto que cada vez se da más

Lo que vengo a plantear es una resignificación con el fin de hacer que las cosas dejen de ser lo que son, de tal manera que “esas formas que ahora están por fuera de mí, van a vivir una vida o morir de tal manera que no tendré que reconocerme en ellas” afirmaba muy intencionadamente Elders y que justifica perfectamente lo que convengo. 

El objetivo como digo, resignificar el suicidio en una positividad rebosante. Pues… ¿es posible que este gesto –incluso antes de materializarse en la escritura y presentar la propuesta que comporta– se considere apologético o, para ser más explícito, se trate de una llamada y una promoción al suicidio? Debiese ser evidente que no, ya que si hemos construido el relato del suicidio en torno a la idea de la tristeza, la desesperación, la depresión y la necesidad causal, entonces, los fundamentos del suicidio implican, necesariamente, que las personas tristes, desesperadas, depresivas y necesitadas de una salida pueden e incluso debieran recurrir al suicidio, y, por ende, combatimos toda la tristeza que trae consigo suicidarse sin más sentido que ese, evitar el suicidio… pero seguiríamos con el problema, ¿no creen? 

La felicidad es esa utopía creada hace siglos y que cada vez se encuentra más lejos de nosotras/os… ¿entonces?

Si quieren ustedes o queremos realmente que disminuya el número de suicidios, hagan que solo se mate la gente por una voluntad reflexiva, tranquila y liberada de incertidumbre; en ese caso considero que el suicidio está más que sobradamente justificado y necesariamente fundamentado desde la ontología y sobre todo la fenomenología. Y es que no hay que dejar el suicidio en manos de personas desgraciadas e infelices, que amenazan con arruinarlo, estropearlo y hacer de él una miseria. En línea, afirmaba Foucault (créanme sabía de lo que hablaba): “En esta sociedad occidental, hay mucha menos gente feliz que desgraciada.”

Evidentemente esta afirmación no es menor, pues nos sitúa ante el hecho aristotélico de “la felicidad”. Buscamos la felicidad, nos asegura Aristóteles, y para ello escribe a su hijo “La ética”. Sin embargo, levanten las manos desde la honestidad de vivir la vida, quienes a estas alturas son felices…pocos, y pocas manos veo levantadas. La felicidad es esa utopía creada hace siglos y que cada vez se encuentra más lejos de nosotras/os… ¿entonces?

Entonces, tendremos que saber convivir o malvivir con ello, no seremos felices y menos bajo una sociedad que no es capaz de asumir el suicidio como una necesidad decorosa del sujeto reflexivo y sólo lo encamina como una efeméride a eliminar. Y es que ya Platón había justificado el suicidio cuando las circunstancias externas se hacían intolerables. O los propios estoicos griegos desarrollaron y racionalizaron esta postura según el ideal de vivir de acuerdo con la naturaleza. Pues podríamos construir esta otra pregunta tan necesaria como posible incongruencia… ¿por qué vivir? Una pregunta que plantea nuestra finitud al tiempo que crea los motivos suficientes o insuficientes para dar respuesta a una tarea tan difícil en ocasiones como es vivir. 

Si entendemos que el fin de nuestra vida, en verdad no es tal fin y que todo cadáver se transforma en otro devenir para proseguir, insisto… ¿por qué vivir esta vida? Así planteado el suicidio no sería más que un seguir avanzando en nuestro devenir que ayuda a seguir en esa metamorfosis que todo ser humano se supone debe seguir y seguirá. Ya que la muerte es un proceso donde la vida cambia su “modo de existencia”. Entonces el suicidio es esa manera de cambiar, de no seguir siendo lo mismo, esa era la idea fuerte del bueno de Foucault. Un ánimo para creer en la vitalidad del sujeto está ahí; en la potencial idea de manera libre de optar por cambiar y hacer uso para ello que y desde esa libertad decidir optar por otro devenir que se producirá con el suicidio.

Evidentemente no hablar de estas cuestiones tranquilamente, desde las distintas perspectivas con los creyentes de ese continuar después de la muerte, seguirá produciendo en el sujeto-social un desprecio atrayente más que peligroso para el modelo competencial, competitivo y lleno de frustraciones que terminan en la decisión mal tomada del suicidio. Sin embargo, abogo por hablar del mismo desde la tranquilidad e incluso y sobre todo en las escuelas y lo antes posible para de esa manera reflexionar sobre un asunto que cada vez se da más, cada vez se plantea con menos argumentos y simplemente se niega. 

Pues… ¿será el suicidio esa necesidad imperiosa que necesitamos como sociedad para cambiar… para mejorar?