lunes. 04.03.2024

Leo con la mayor de las naturalidades al seleccionador de la Federación Española de Fútbol afirmar que si bien se podía haber tomado otra decisión el hecho de celebrar el mundial de fútbol, organizado por la FIFA (Asociación Internacional de Federaciones de Fútbol), no solo tiene cosas malas, sino que tiene cosas buenas y que la decisión no fue suya, además, pausa, prefiere no hablar de política pues… “el fútbol no es política”.

Y nos quedamos más chulo que un ocho ¿verdad? Pues todas/os sabemos que a lo largo de la historia la política nunca ha bebido del deporte para lanzar y racionalizar ideas (ideología), ni mucho menos como escaparate estratégico en favor o en contra de determinadas tesis políticas o incluso como blanqueamiento o ensombrecimiento de determinados regímenes. 

En ocasiones, en demasiadas ocasiones lo obvio, por obvio no deja de ser potencialmente ofensivo, potencialmente deleznable y potencialmente estúpido. Con esa afirmación Luis Enrique tomó una decisión y tomó partido (nunca mejor dicho) pues él no meterse en política, al margen de la fácil y recurrida alusión hacia el dictador Franco, lo que viene a significar es un posicionamiento, es más la política es en sí misma tan global, globalizante y globalizada que siempre te determina y te determina como ser social, que somos, al tiempo que nos sitúa ante la toma de decisiones y de eso se trata y se trató, del hecho de tomar la decisión de decir o no decir, de opinar o no opinar, el no opinar se decide y con el no opinar se toma una posición que por lo general beneficia y complace “a-lo-establecido” (establishment) sobre todo y ante todo cuando es opinar sobre los derechos humanos, los derechos de las mujeres o sobre la libertad de expresión.

Una ética de mínimos no solo pertenece al mundo de “la polis”, sino que es consustancial al ser humano, aquellos deberes de justicia universalizable y que son exigibles a cualquier ser humano al margen de oficio o beneficio

Ya no es cuestión de apoyar y explicar, no pretendía yo, que el “incorrecto-seleccionador” disertara sobre estas últimas cuestiones que planteo, pero al menos que dejara una frase para salir del paso… “lo siento prefiero no dar mi opinión pues lo mismo no vendría bien ni a mi equipo ni a instituciones superiores” Respuesta sencilla, de manual y perfectamente amparada por la esencia del deporte y recogería el buen hacer del pedagogo Coubertin para quien El deporte debe ser siempre utilizado con el fin de mejorar a la humanidad”, aunque creo que la mejor definición al respecto para el seleccionador sería aquella otra frase que el mismo Coubertin pronunció: Un hombre lento de entendederas, nunca llegará a ser un buen futbolista Y ¿Luis Enrique, como ejemplo paradigmático? 

Mientras, unos 2500 años atrás un tal Protágoras afirmaba aquello de que: “Para llevar a cabo la “polis” democrática sería necesario la responsabilidad única del ser humano pues ésta no podría darse ni organizarse en base a leyes naturales y/o divinas”. Evidentemente hasta que llegó Luis Enrique, pues él viene a representar la imagen de lo divinode esos donde su quehacer no se puede catalogar como político ni mucho menos como ideológico, lo suyo insisto, es divinidad, o a lo sumo cierta naturalidad, dejémoslo en “naturalidad-divina” pues ahí estriba su incorrección, la incorrección de lo apolítico. De aquellos que no son capaces de empatizar con las realidades de otras personas, sobre todo cuando éstas pueden o podrían generar un choque moral y consecuentemente inasumible de ética personal y profesional.

Luis Enrique, representó lo inasumible de un deporte, el fútbol, que una vez más se viene a mostrar como lo no existente, el fútbol se da, pero no es política, no presume de representar a un país, ni tampoco cumple función social alguna

De eso, sí nos habló Luis Enrique, de ética, o mejor dicho de falta de ética, al respecto Cortina decía; “Si no tomamos nota de lo cara que sale la falta de ética, en dinero y en dolor, si no nos negamos decididamente a pagar ese astronómico precio, el coste de la inmoralidad seguirá siendo imparable”. Una ética de mínimos no solo pertenece al mundo de “la polis”, sino que es consustancial al ser humano, aquellos deberes de justicia universalizable y que son exigibles a cualquier ser humano al margen de oficio o beneficio. 

Sin embargo, Luis Enrique, representó lo inasumible de un deporte, el fútbol, que una vez más se viene a mostrar como lo no existente, el fútbol se da, pero no es política, no presume de representar a un país, ni tampoco cumple función social alguna. Si todos sabemos que sí es así, ¿entonces? ¿por qué el fútbol no es política? Pues porque se decidió que fuese amoral y evidentemente eso suena peor. Se imaginan al incorrecto de Luis Enrique sentenciando: El fútbol no es moral y se encuentra vacío de cualquier ética”. Entonces sí que sería un ser ontológicamente incorrecto, pero…. Y es que un fútbol vacío de ética, un fútbol amoral sería lo que se tendría que asumir si el fútbol fuese política, por eso Luis Enrique decidió naturalizar lo indigno de un deporte que está a otra cosa, ¿qué cosa? a propósito ¿a qué se referiría a “tiene cosas buenas el celebrarse en Catar”? Pero no le demos más vueltas, Luis Enrique, paradigma de lo divino. 

“Porque el fútbol no es política” y Luis Enrique como paradigma de lo divino