jueves. 04.06.2026
FEMINISMOS

Polémicas feministas

La identidad feminista es una identidad sociopolítica liberadora, anclada en los derechos humanos y la democracia.
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Foto: Antonio Cansino. (Imágenes Pixabay)

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La reciente aparición del libro de Antonio Antón Encrucijadas. Para la democracia, las izquierdas y el feminismo (Ed. Dyscolo, online) me anima a escribir sobre uno de sus capítulos, el dedicado a los dilemas que recorren al movimiento feminista, capítulo que contiene algunos textos ya publicados en prensa, de los que también soy autora. Solo pretendo aquí tratar sucintamente algunos de esos debates, cuya argumentación se encontrará extensamente en el libro.

1. El carácter del propio movimiento feminista y la defensa de un feminismo por la igualdad, interseccional, inclusivo y transformador.

Aunque hay una minoría de hombres, a la que se encarga de estimular la ultraderecha, contraria al feminismo y a los avances de las mujeres, en los últimos años el feminismo ha conseguido un gran apoyo social en España: el 80% de la población es partidaria de la igualdad de mujeres y varones, y dos tercios de mujeres y un tercio de varones se consideran feministas.

Por otra parte, se han conseguido avances significativos en materia legislativa, como la ley de libertad sexual, la ley trans, la reforma del aborto…, también en derechos laborales y sociales como la mejora del salario mínimo o los permisos parentales, medidas beneficiosas para todas las personas, pero que afectan principalmente a las mujeres, dado que son ellas quienes menos ganan y quienes se ocupan de los cuidados. Son avances realizados, principalmente, en la anterior etapa gubernamental, con un ministerio de igualdad más favorable, pero que no podían haberse sustentado sin la fuerza del propio movimiento.

Es un movimiento feminista que, a pesar de todos los intentos de descalificación y de las divisiones que se producen ante determinados temas, tiene una gran vitalidad y así se manifiesta en las grandes convocatorias públicas ante el 8 de marzo o el 25 de noviembre, en la importante presencia mediática y en la persistencia de una actividad sociocultural, solidaria, reivindicativa y cotidiana, realizada por los innumerables grupos, secretarías de mujer sindicales y asociaciones de mujeres. La diversidad de corrientes feministas, por otra parte, no es algo novedoso. Ocurre desde el principio de su existencia como movimiento social y, en la medida en que este crece, es normal que se diversifique aún más. Es una muestra de su vigor. Lo importante es que ello no conlleve rupturas y no se imponga la política de la cancelación de ciertas posiciones, como a veces ocurre, desafortunadamente.

Su mejor versión es la del feminismo que rechaza las tendencias excluyentes, ya sea de las mujeres trans o de los varones feministas, rechaza las exigencias de incremento punitivista frente a la violencia machista o las posiciones abolicionistas, en relación con las trabajadoras del sexo y, por el contrario, practica, un feminismo inclusivo, reconociendo la diversidad femenina, desde la necesaria atención a la interseccionalidad.

Un feminismo crítico con la situación, que pervive, de desigualdad social, económica y laboral de las mujeres y crítico con ese feminismo institucional, socioliberal, de los gobiernos socialistas que conocemos, cuyas políticas son superficiales, formalistas, y no resuelven la discriminación de la gran mayoría de las mujeres.

Un feminismo que persigue la igualdad. Que defiende la libertad sexual y la autodeterminación de género. Es el feminismo transformador, que ha sido protagonista de las principales movilizaciones en nuestro país, aunque no sea el que aparece como hegemónico en los medios de comunicación.

2. El problema de la violencia machista, con el consentimiento como concepto primordial de la nueva legislación española y reforzado en el ideario social mayoritario.

A raíz de la ley del solo sí es sí, se ha popularizado el concepto de consentimiento. Como sabemos, no es algo nuevo en nuestra legislación, pero esta nueva ley le ha dado un realce clave, lo cual es muy importante, resultando no solo un asunto jurídico, sino también una regulación del comportamiento relacional.

Ante todo, conviene aclarar que consentimiento no se opone a deseo. El plano del placer o el deseo sexual es otro. En una relación sexual puede haber consentimiento sin deseo, pero lo que no se puede admitir es que una persona imponga a otra su deseo, sin que medie el consentimiento, la voluntad de ambas, el respeto y el reconocimiento mutuos. 

Consentir no es una receta mágica, no vale para todo. No pretende conseguir unas relaciones sexuales placenteras y maravillosas siempre y en todo lugar. Solo, y es fundamental, vale para frenar la prepotencia machista y favorecer unas relaciones voluntarias o libres. Se opone al individualismo neoliberal, que no reconoce ni valora a la otra persona y también al individualismo posmoderno, que infravalora el componente social del individuo y, resaltando el componente pasional, prioriza la consecución del deseo propio, individual. Se opone al acoso y la dominación machistas. Frente a ello estamos interponiendo un criterio, un principio esencial para la libertad sexual de las mujeres.

En las relaciones interpersonales no existe la pura libertad ni la absoluta igualdad, siempre se darán situaciones de desigualdad por razones muy diversas -tengamos en cuenta la existencia de la dominación masculina-, pero eso no nos puede llevar a entender que siempre habrá imposición de los varones sobre las mujeres en las relaciones sexuales, como defienden determinadas corrientes feministas. Por el contrario, la violencia sexual no es inevitable. Habrá que tener en cuenta el contexto, la existencia o no de chantaje o amenaza… y, fundamentalmente, la convicción real de la mujer y no solo su expresión formal, que puede estar mediatizada por múltiples causas. Los casos de agresiones de los pasados años -la manada especialmente, pero también otras, que han sido objeto de atención social y mediática-, así como las últimas sentencias nos han permitido entender esto nítidamente.

En este debate mediático se han dado determinados excesos por parte de ciertas voces feministas, reclamando más penas o atribuyendo a todos los hombres los comportamientos machistas, ahora bien, aun siendo negativos, no dejan de ser secundarios. Por el contrario, la gran repercusión social y mediática que han tenido estos casos de violencia machista o las diferentes sentencias, por ser especialmente violentos o por tener protagonistas públicos, ha supuesto un reforzamiento importante de la cultura y la norma del consentimiento en las relaciones sexuales, como garantía para la libertad sexual, y del respeto a la diversidad de prácticas sexuales, siempre que estén presididas por la voluntariedad. Será necesaria mucha educación sexual, mucho empoderamiento femenino y mucho avance de la igualdad para llegar a conseguirlo. 

3. La cuestión de la identidad.

Cualquier proceso de emancipación social requiere la existencia de una identidad colectiva, una identidad que se forma en una estructura social discriminatoria, por medio de la acumulación de prácticas sociales que permiten la conformación de un sentido de pertenencia colectiva a un grupo social, diferenciado de otros grupos, con unos objetivos de liberación compartidos. La identidad colectiva está plenamente ligada al concepto de sujeto. No hay sujeto social o político sin identidad colectiva.

Desde esta consideración, es necesaria la identidad feminista, que no es lo mismo que identidad de género, pues la mujer, las mujeres, por el hecho de serlo, como género, no son el sujeto del feminismo, ya que no existe un sujeto previo a la experiencia social emancipadora, sino que se constituye con ella, con esa práctica social y cultural.

La identidad feminista es una identidad social positiva y solidaria, que parte de la consideración, el análisis y la pretensión de superación de la realidad de discriminación de las mujeres

La identidad feminista es una identidad social positiva y solidaria, que parte de la consideración, el análisis y la pretensión de superación de la realidad de discriminación de las mujeres. Una realidad que debe contemplarse en todas sus dimensiones, con componentes económicos y sociales, de estatus subordinado en el mercado laboral y casi exclusividad en el trabajo de cuidados, y una situación subalterna en las diferentes estructuras sociales, con un peso especial de la violencia machista en el terreno de las relaciones sexuales, y teniendo en cuenta, además, la diversidad de mujeres y los diversos motivos de discriminación que nos afectan, es decir con una perspectiva interseccional.

Pero la existencia de una realidad de discriminación no conlleva, mecánicamente, la conformación del sujeto, como dicen la teorías estructuralistas o deterministas. Tampoco se conforma con los discursos o las ideas de unas élites que los socializan entre la población. Su formación y su articulación es más compleja y está mediada por otros mecanismos institucionales, asociativos y socioculturales. Se es feminista no por ser mujer, sino por participar en los procesos igualitarios por la liberación femenina y de todas las personas discriminadas por su opción sexual y de género, una participación que genera vínculos, afinidades, apoyo mutuo, solidaridad y transformación de las relaciones personales y sociales. Desde esta perspectiva, también forman parte del sujeto feminista los varones que rechazan la discriminación femenina y participan de esas prácticas sociales por unos objetivos liberadores.

La identidad feminista es una identidad sociopolítica liberadora, anclada en los derechos humanos y la democracia, que favorece el compromiso cívico por la igualdad y la libertad y es positiva para las mujeres y para la humanidad.

Carmen Heredero. Feminista experta en coeducación

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