jueves. 04.06.2026

Una revisión científica no encuentra diferencias en el rendimiento físico de las mujeres trans y las mujeres cis, aunque presenten más masa muscular

El trabajo publicado en el British Journal of Sports Medicine revisa la literatura científica disponible sobre composición corporal y aptitud física en personas trans y cis.

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Laurel Hubbard (la primera mujer trans en participar en unas olimpiadas).

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La participación de mujeres trans en categorías femeninas sigue siendo uno de los debates más tensos del deporte contemporáneo: cruza ciencia, derechos, normas federativas y una realidad incómoda para cualquier simplificación, la escasez de datos de alto nivel competitivo. En ese contexto llega un nuevo trabajo liderado por un equipo de Brasil, publicado en British Journal of Sports Medicine (BJSM), que revisa la literatura científica disponible sobre composición corporal y aptitud física en personas trans y cis.

El metaanálisis con 52 estudios y 6.485 participantes encuentra que, pese a una mayor masa magra en algunas mediciones, las mujeres trans no muestran diferencias significativas en fuerza del tren superior o inferior ni en el consumo máximo de oxígeno (VO₂máx) frente a mujeres cis después de uno a tres años de terapia hormonal de afirmación de género. Voces expertas citadas por Science Media Centre España piden prudencia: la evidencia es heterogénea, faltan datos de deportistas de élite y “no encontrar diferencias” no equivale a “demostrar ausencia” de ventaja en todos los deportes.

Qué analizó el estudio (y qué no)

El artículo es una revisión sistemática con un metaanálisis que integra 52 estudios (6.485 personas). Incluye diseños prospectivos, retrospectivos y observacionales, además de algunos ensayos, y compara variables antes y después de la terapia hormonal de afirmación de género (GAHT), así como frente a grupos cis.

El foco está en indicadores de aptitud física (por ejemplo, fuerza en extremidades y consumo máximo de oxígeno, VO₂máx) y composición corporal (masa grasa y masa magra, un indicador aproximado de masa muscular). No evalúa, al menos de forma homogénea en todos los estudios, resultados directos de competición (marcas, tiempos o rendimiento específico por deporte), algo clave para traducir “fitness” a “ventaja deportiva” en disciplinas concretas.

Qué encontró: más masa magra, pero sin diferencias en fuerza o VO₂máx frente a mujeres cis

Según el resumen difundido por Science Media Centre España (SMC España) y la nota de prensa asociada, el metaanálisis observa que, aunque las mujeres trans presentan en algunos casos mayor masa magra, tras 1–3 años de GAHT no aparecen diferencias significativas en fuerza (tren superior e inferior) ni en VO₂máx en comparación con mujeres cis.

En paralelo, el análisis sitúa a las mujeres trans por debajo de los hombres cis en fuerza y VO₂máx, y describe en hombres trans cambios fisiológicos coherentes con el inicio de GAHT (menos grasa, más masa magra y más fuerza tras el tratamiento), sin necesariamente alcanzar los valores medios de hombres cis.

Las cautelas: baja certeza, heterogeneidad y falta de élite

SMC España subraya que los autores califican la evidencia como “de baja certeza” y de calidad heterogénea. La nota de prensa también enumera limitaciones repetidas en este campo: duración corta de los seguimientos, ausencia de información sobre atletas de élite, y control inconsistente de factores que influyen mucho en el rendimiento (historial de entrenamiento, dieta, actividad física, condición basal).

Ese punto es clave para entender por qué el trabajo puede convertirse —a la vez— en munición para posiciones opuestas.

Desde una lectura favorable a la inclusión, especialistas citados por SMC España interpretan que, con los datos disponibles, no hay base para afirmar que las mujeres trans sean sistemáticamente “más fuertes” o “más resistentes” tras años de terapia hormonal.

Desde una lectura más crítica, se insiste en que la falta de diferencias detectables en ciertos marcadores no permite concluir de forma definitiva que no existan ventajas relevantes en deportes concretos o en población de alto rendimiento.

El catedrático emérito Antonio Guillamón (UNED), en reacciones recogidas por SMC España, pone el foco en un riesgo frecuente en comunicación científica: una conclusión fuerte en el resumen frente a limitaciones metodológicas importantes en el cuerpo del artículo, recordando que “no encontrar evidencia” y “demostrar ausencia” no son lo mismo.

En esa misma idea, pero desde un enfoque más fisiológico, Laura Sánchez Amador, doctora en Ciencias de la Salud y profesora en UNIR y CUNIMAD, según recoge SMC España, destaca que los datos del metaanálisis “subrayan la importancia de distinguir entre composición corporal y rendimiento funcional”: aunque en algunos casos se observa mayor masa magra absoluta en mujeres trans, “parece no traducirse” en diferencias significativas en la aptitud física global frente a mujeres cis. Aun así, pide interpretaciones prudentes y contextualizadas, recordando que la aptitud física no es una variable única, sino el resultado de la interacción de múltiples factores —endocrinos, nutricionales, entrenamiento, salud o edad—, y que harán falta estudios que los evalúen en conjunto para extraer conclusiones más sólidas.

En la misma línea de prudencia, el genetista y fisiólogo del ejercicio Alun Williams, en una reacción publicada por Science Media Centre del Reino Unido, cuestiona cuánto se puede inferir con estudios no longitudinales y con escaso control del entrenamiento, y recuerda que hay atributos poco modificables por terapia hormonal iniciada tras la pubertad (como ciertas dimensiones esqueléticas) que pueden ser relevantes según el deporte.

Otros especialistas citados por SMC España también marcan límites de extrapolación: el presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (SEMED) advierte de que muchos datos provienen de población general y no necesariamente de deportistas, por lo que —a su juicio— no sería trasladable sin más al deporte profesional.

Un debate con reglas cambiantes (y sin consenso global)

La discusión científica se produce mientras las normas deportivas siguen fragmentadas. El Comité Olímpico Internacional (COI) publicó en 2021 un marco que pide evitar presunciones automáticas de ventaja y empuja a que cada federación construya criterios proporcionales y basados en evidencia, equilibrando inclusión y equidad competitiva.

Pero muchas federaciones han adoptado enfoques restrictivos. World Athletics mantiene desde 2023 regulaciones que, en la práctica, excluyen a mujeres trans que hayan pasado por pubertad masculina de la categoría femenina, y en 2025 abrió consultas y documentos para ajustar su marco de elegibilidad. World Aquatics (antes FINA) aprobó políticas que limitan la elegibilidad en categoría femenina y han planteado una “categoría abierta” en competiciones internacionales.

En vísperas de los Juegos de Invierno de Milán-Cortina 2026, Reuters resumía este panorama como un mosaico de reglas por deporte, con el COI trabajando en nuevas directrices.

Qué aporta (de verdad) esta revisión

Con sus límites, el trabajo ofrece algo valioso: un retrato agregado de lo que se ha medido y publicado hasta ahora. Y el resultado más consistente, según SMC España y la nota de prensa, es que tras 1–3 años de terapia hormonal, en los estudios disponibles, los promedios de fuerza y VO₂máx de mujeres trans convergen con los de mujeres cis, aunque algunas métricas de masa magra sigan siendo más altas.

Al mismo tiempo, la propia conversación experta recogida por SMC España —con apoyos y reservas— apunta al siguiente paso si se quiere salir del bucle político: mejores datos (longitudinales, con control del entrenamiento, por disciplina deportiva y con métricas de rendimiento reales), algo que hoy sigue siendo difícil por el reducido número de atletas trans en élite.


Fuentes principales consultadas

 

Una revisión científica no encuentra diferencias en el rendimiento físico de las...