LUCHA ANTIFRANQUISTA

La movilización sociopolítica de la clase trabajadora, decisiva para la liquidación del franquismo

Las clases dominantes no podían seguir manteniendo su dominación, las clases oprimidas no querían seguir viviendo como hasta entonces.

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Comencé mi intervención en el acto organizado por COMISIONES OBRERAS de CATALUNYA agradeciendo haberme propuesto esta intervención, lo que me ha permitido recuperar y ordenar recuerdos, pedazos de nuestra historia, y plantearlos ante este colectivo en el que están presentes dirigentes del movimiento obrero desde 1975 hasta hoy.

Mi intervención se desarrolló desde una doble perspectiva: 1) anecdótica, como Presidente de Catalunya y Vicepresidente estatal de la Unión de Técnicos y Trabajadores de la Agrupación de despachos de abogados (con  un solo voto, el mío, como explico en el video que luego se proyectó [1]), y la más significativa, desde la clandestinidad, 2) como Responsable del Movimiento Obrero en el Secretariado del Comité Central del Partit Socialista Unificat de Catalunya y Responsable directo de la organización comunista de SEAT, desde comienzos de los años 70 hasta enero de 1975, una etapa decisiva para las elecciones de 1975. La etapa también que con más satisfacción recuerdo de mi experiencia sindical y política.


1.- Lenin en España-1970

Cuando se me encargó esta intervención pensé comenzar con una cita de Lenin. Hoy, viendo los artículos que proliferan sobre el final del franquismo, me parece más necesario aún. Porque para entenderlo y explicarlo no basta con repetir mil veces: “… pero la dictadura murió en la calle”.

Decía Lenin en 1915, en La bancarrota de la segunda internacional”: “Las crisis revolucionarias suponen no sólo que las clases dominantes no puedan seguir manteniendo su dominación, sino que las clases oprimidas no quieran seguir viviendo como hasta entonces” (los subrayados son míos).

Entiendo que esa afirmación de Lenin puede aplicarse a ambas situaciones, aunque es evidente que la realidad de la Rusia de 1917 y la de España de los años 70 del siglo pasado eran muy distintas. Pero en ambas se daban momentos históricos de ruptura, la necesidad de cambios profundos en la realidad sociopolítica más allá de las formas y del equipo de gobierno. En 1975 las últimas Elecciones Sindicales del Sindicato Vertical incidieron sin duda en ello y significaron mucho más que el hecho de que fueran las últimas del Franquismo [2]

Los años 70 del siglo pasado comportaron avances muy importantes en la conquista de espacios de libertad, en conquistas en las condiciones de trabajo y de vida, en victorias sobre el miedo, en la solidaridad contra la represión política y empresarial, en la imposición de efectivos representantes, en avances unitarios de la clase obrera, y en unidad democrática. En la voluntad social de acabar con la dictadura franquista, y en la imposibilidad de ésta para mantenerse.

2.- Movilización social ya desde 1947

Para entender la realidad de aquel momento (años 70 del siglo pasado) conviene no olvidar que las movilizaciones sociales contra la dictadura franquista arrancaron pronto. Ya en 1947 se desencadenó una Huelga General en Vizcaya de varios días, con entre 60.000 y 80.000 participantes (era difícil entonces evaluar las participaciones). En 1951 fue Barcelona, con varios días de huelga de tranvías transformada progresivamente en  huelga en los centros de trabajo y que supuso una primera y gran victoria: se anuló el incremento del 40 % decretado para del precio del billete.

Luego las huelgas de los mineros asturianos: 1957 con la primera ya denominada “comisión obrera” (en la Camocha) y las de 1962 con gran repercusión en todo el país. Y por sitar sólo algunas movilizaciones significativas: Bandas en Frío de Etxebarri (163 días de noviembre 1966 a mayo 1967), las de la Construcción en Madrid, Barcelona, Euskadi y Granada, el textil del Vallés, el metal en los principales núcleos industriales, las 4 huelgas generales del Baix Llobregat, SEAT de 1970 a 1975, …, la intensa movilización en los años 70,  en los que, según el Ministerio del Trabajo franquista, se dieron 18.000conflictos laborales” con participación de más de 3 millones de trabajadores.

A lo largo de esos años se produjo una progresiva incorporación del movimiento universitario, con momentos álgidos: Madrid en 1956, Barcelona 1957 y 1966 (SDEUB), con también el desarrollo del movimiento vecinal, de los sectores profesionales, …

Todo ello en un marco de represión policial y empresarial cuyas principales cifras son: la brutal represión tras la guerra civil prolongada durante toda la dictadura con los 27estados de excepción”, unos 150 asesinados en manifestaciones y huelgas, más de 150.000 detenidos y procesados, más de 60.000 despedidos.  … Los asesinatos de Julián Grimau y Enrique Ruano, los 5 últimos ejecutados en septiembre 1975 …

No fue fácil el desarrollo de España tras la guerra civil. El PIB de 1935 en la República no se alcanzó hasta 1951. Los Planes de Estabilización y de Desarrollo impulsaron un desigual y caótico desarrollo, con las migraciones internas a las zonas industriales desde el campo, cuya población bajó del 45 al 20 %, y más de 1 millón emigrantes a Europa.

Son referencias útiles para entender mejor la significación de las elecciones sindicales de 1975 y cómo éstas se incorporan a nuestra larga marcha hacia las libertades políticas que culminó en la Constitución de 1978.

3.- Las elecciones sindicales de 1975

En este panorama económico, social y político, y su evolución a lo largo de los años de dictadura, se inscriben estas elecciones sindicales de 1975 en su primera fase y de 1976 para la elecciones de los órganos de dirección  de las Uniones de Técnicos y Trabajadores (UTT), sobre los que en este momento era ya posible incidir. Junto a victorias importantes, en las que el Baix Llobregat es seguramente el más claro ejemplo, merece citarse que si no conseguimos desbancar al histórico falangista José Alcaina del metal de Barcelona para sustituirlo por Paco Amorós, el dirigente de CCOO de Pegaso, fue por la presentación de una segunda lista desde las propias CCOO. La preparación de estas elecciones 75-76 expresaba el avance conseguido por el movimiento sociopolítico de la clase trabajadora y a la vez contribuía a su desarrollo, como expresaron los propios resultados.

El cartel electoral de SEAT, “Candidatura Unitaria, Obrera y Democrática”, se convirtió pronto en una referencia en todo el Estado, con traducciones en candidaturas de la misma denominación o más brevemente “unitarias”, “democráticas”, impulsadas siempre por Comisiones Obreras desde el ámbito social, en ocasiones con USO y otras organizaciones, con la oposición de UGT y otras organizaciones supuestamente “muy a la izquierda”. Un proceso orientado y exitosamente impulsado por parte del PCE y el PSUC desde el ámbito político y social.

El eje de la campaña era la elección  de “representantes” reales en un régimen sin libertades políticas ni sindicales, la conquista de nuevos “espacios de libertad”, lo que no era una reivindicación más sino una necesidad indisolublemente ligada a la de mejoras en las condiciones de vida y de trabajo para hacerlas posible desde la movilización y la negociación. Esta estrecha ligazón le daba el carácter “sociopolítico”, de ruptura. El propio ejercicio de configurar las candidaturas suponía ya ampliar el espacio de las propias “comisiones obreras” con la incorporación de nuevos/as dirigentes jóvenes surgidos/as al calor de las propias reivindicaciones. Todo ello no comenzaba en 1975, en anteriores convocatorias (1964, 1966-1967, 1971) ya se habían desarrollado en el  mismo sentido. Pero 1975 significó una positiva explosión de estos planteamientos. Si bien no fue fácil el recuento, de las propias informaciones oficiales pueden deducirse algunas grandes cifras: unas 300.000 delegados/as “unitarios/as” en unos 20.000 centros de trabajo, con unos porcentajes elocuentes en las medianas y grandes empresas de los diversos sectores: 70 % en el metal de Catalunya, 65% en el de Madrid, 55% en el de Galicia (con naval), 50% en la industria de Andalucía y 60% en la madera del País Valenciá. En las grandes empresas se produjeron resultados espectaculares: SEAT (80%, a las pocas semanas de 500 despidos, de ellos unos 300 dirigentes de CCOO), Pegaso Madrid y Barcelona (70%), Motor Ibérica (75%), La Maquinista (65%), Hispano Olivetti (90%), Macosa Valencia (70%), Astano Ferrol (60%), Bazan Ferrol-Cádiz (60%), Citroen Vigo (70%), Renfe Madrid y Catalunya (55%), Cros Tarragona-Barcelona (60%) …

Unos resultados que vinieron a confirmar el acierto de la política del PCE y del PSUC, así como la iniciativa de CCOO, que iba mucho más allá de la “utilización de las posibilidades legales”, aunque ciertamente utilizándolas, muchísimo más allá del “entrismo”, con el objetivo, la práctica y ya la positiva experiencia de la conquista deespacios de libertad”.

Estas elecciones tradujeron lo que eran ya características esenciales de los movimientos sociales, del movimiento obrero en particular, y al mismo tiempo contribuyeron a su desarrollo. Me he referido ya en otros trabajos a estos elementos que configuran la realidad de aquel momento, la fuerza de las movilizaciones: 1) su carácter sociopolítico con la indisoluble relación de las reivindicaciones inmediatas de condiciones de vida y de trabajo con las también inmediatas de libertades políticas y sociales, 2) su carácter unitario (no confundir con “único”), 3) su capacidad de autoorganización (con formas ya concretas, “comisiones obreras” en particular), 4) la solidaridad como elemento clave (el sindicato no sólo como organización “de intereses”, sino como organización de la solidaridad), y 5) autónomo de las organizaciones políticas y de gobierno, como condición tanto de su unidad como del desarrollo de su potencialidad, y que conlleva el de democrático.

Y algo fundamental: la pérdida del miedo colectivo que todo ello iba imponiendo. El miedo ha sido siempre el instrumento decisivo de las dictaduras, por lo que derrotar el miedo ha sido esencial para derribarlas y su superación colectiva la línea de avance principal hacia las crisis de los sistemas autoritarios. Vencerlo como expresión de que el movimiento social no estaba, no estábamos, dispuestos a seguir bajo el franquismo.

De nuevo SEAT nos aportó en esos años algunas elocuentes expresiones de las derrotas del miedo, como fueron la ocupación de la fábrica el 18 de octubre de 1971, con el significativo resultado de la retirada (al comprobar las fuerzas represoras que tras la ocupación seguía con firmeza la huelga solidaria) de todas las medidas sancionadoras (despidos, detenciones, procesamientos militares, …), excepto el irreversible asesinato por la policía ese día de Antonio Ruiz Villalba. Y otra, estas elecciones de 1975 en la factoría de Zona Franca a las que ya me he referido.

4.- Los movimientos sociales ayer y hoy

Entiendo que las características de unidad, de solidaridad y de autonomía, de proyección política, son características permanentes y esenciales de los movimientos sociales, aunque los procesos de su desarrollo, su interrelación y sus formas pueden ser distintos en las distintas coyunturas. Hoy la existencia de dos grandes sindicatos, CCOO y UGT, de distintas historias y tradiciones, pero con una ya larga experiencia de unidad de acción y sin diferencias estratégicas significativas, constituye una realidad distinta a la de la posible unidad de los años 70 del siglo pasado, aunque la unidad del  movimiento social seguirá siendo un elemento clave para que éste juegue un papel decisivo en la vida social. La siempre necesaria unidad de la clase trabajadora deberá avanzar hoy de formas distintas a las posibles en aquel momento histórico.

Para entender todo este proceso del final de la dictadura y convertirlo en referencia útil también hoy, es imprescindible partir de la función dirigente en el ámbito social de las Comisiones Obreras en progresivo desarrollo organizativo, y al mismo tiempo, en el ámbito político, de las organizaciones políticas que lo entendieron, entonces el PCE y el PSUC en lugar destacado. Funciones siempre necesarias, y siempre posibles. Al mismo tiempo es necesario no olvidar algunas de las señaladas características de los movimientos sociales, de la clase trabajadora en particular, como son  su vocación unitaria, solidaria y autónoma, más allá de la coyuntural unidad de acción, así como su proyección política, aunque su traducción no sea idéntica en cada momento histórico.

Para mejor entender la propia elaboración política de estos criterios de la acción políticosocial antifranquista es interesante la Resolución del III Congreso del PSUC de febrero 1973 [3], particularmente su punto 4.

Y como colofón me parece útil recoger lo que fue en el tardofranquismo una expresión de lucidez del sector empresarial que entendió que no sólo la mayoría de colectivos sociales “no querían seguir viviendo como hasta esos momentos”, sino que ellos “tampoco podían seguir actuando como hasta entonces”. Así se manifiesta en las afirmaciones de Pedro Durán Farell, Presidente-Director General de la gran empresa de Barcelona Maquinista Terrestre y Marítima, quien, ya en diciembre de 1967, en un coloquio en el Círculo de Economía, en las páginas 104-107 de la reseña, afirmaba: “… entendí constructivo tener contactos … con  miembros de las comisiones obreras …los empresarios debemos tener muy en cuenta … y creo que no hemos de perder ocasión de hacerle llegar al Gobierno que, quiérase o no, es real, en situación de clandestinidad o ilegalidad, …contra la legalidad oficial, … que se traduce en un diálogo raro, que se desee o no, … no sé hasta qué punto es factible evitar”. ¿Leninista nuestro Durán Farell?

Lo que en 1967 apuntaba Pere Durán Farell era mucho más evidente en 1975, entendido y ya comprobado por amplios sectores de las hasta entonces clases dominantes en el régimen de la dictadura franquista. Las elecciones sindicales de ese año vinieron a confirmarlo, y acelerarlo. Significaron mucho más que la liquidación del sindicalismo vertical, expresaron que el momento del cambio, de la ruptura, de crisis sociopolítica, …, se estaba imponiendo.

Estos días, en el 50 aniversario de la muerte del dictador, se publican múltiples trabajos, aunque en su gran mayoría apuntan a las grandes y pequeñas operaciones políticas de esos años 1975 y 1976, las maniobras de Suárez, Fernández Miranda, Gutiérrez Mellado, el emérito, … Todas de interés evidente, pero para entender el final de la dictadura creo que no basta repetir “la dictadura murió en la calle”, aunque sea cierto. Para entender por ejemplo el suicidio de las Cortes Franquistas aprobando la Ley de Reforma Política el 18 de noviembre de 1976, cuando notorios dirigentes exfranquistas asumieron que ya no podían seguir con un franquismo sin Franco, es necesario también profundizar en las características entonces de los movimientos sociales, su naturaleza sociopolítica.  

Considero que hoy es necesario profundizar en el estudio de aquella etapa, con las características y el decisivo papel de los movimientos sociales de los que las elecciones sindicales de 1975 son un elemento importante.

Este trabajo hoy sólo puede impulsarlo Comisiones Obreras.


[1] Como enlace sindical del despacho laboralista Albert Fina-Montserrat Avilés, fui a votarme en las elecciones a la UTT, permaneciendo junto a la urna mientras estuvo abierta. No acudió nadie más, por lo que pacté con los verticalistas que incluyeran a quien quisieran en la nueva Junta, pero yo como Presidente de Catalunya y Vicepresidente estatal. Aceptaron, y como tal participé en una posterior reunión de jerarcas en el entonces “Valle de los Caídos”, en una confusa discusión en la que intervine señalando mi opinión como miembro del Comité Central del PCE. Me miraron como a un bicho raro y siguió la confusión.