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sábado. 10.12.2022
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Foto: Fundación San Juan Evangelista

El vídeo sobre el Colegio Mayor Universitario Elías Ahúja, extendido por las redes sociales y el análisis que del mismo se ha ido haciendo en los medios informativos, -ha estado presente, incluso, en el pleno del Congreso del pasado jueves-, es un ejemplo de lo que ocurre a diario sobre temas educativos, recogido en informes, estudios y estadísticas: que la violencia machista, en diversas formas, también las que algunos entienden como leves, se está generalizando en el mundo juvenil. Ciertas actitudes y comportamientos de la juventud, incluidos algunos centros educativos, como son los Colegios Mayores, denotan la ausencia de una correcta educación sexual al considerar normales las soeces y humillantes frases “escupidas” por un colegial de ese Mayor: “¡Putas ninfómanas…!”, aplaudidas a coro por muchos colegiales del Elías Ahúja y asumidas por numerosas colegialas del Colegio Mayor femenino Santa Mónica: “No nos ofenden. ¡Pobrecillos!; es una tradición”, justificaban de forma incomprensible algunas alumnas ese mismo jueves; tradición machista que nunca fue general en la Universidad y que, contra lo que estas jóvenes sostienen, ha sido suprimida en muchos Colegios Mayores hace muchos años.

Desde el sentido común y ético en el que debe basarse y construirse una educación en valores, y más por una dirección que se dice “religiosa y católica”, no somos pocos los que, además de la experiencia, queremos aportar reflexiones, ideas y sugerencias, algunas diferentes y otras muy opuestas a las que hemos escuchado en los medios en estos días. Lo que es cierto, según el pensamiento de Ortega y Gasset, es que nuestras propias experiencias son distintas según la época, las circunstancias y el tipo de Colegio Mayor en el que hemos convivido o dirigido. Desde esta experiencia personal como subdirector que fui al inicio de los años 71 del Colegio Mayor San Juan Evangelista, el “Johnny”, como era conocido, sin considerarlas novedosas, pero tal vez olvidadas, intentaré aportar algunas reflexiones desde mi personal experiencia.

EL 'JOHNNY'

Decía Giovanni Papini en su libro “Gog”, publicado en 1931, que la comprensión de la historia es posible sólo si se inicia con los hechos ciertos del presente y se mira hacia atrás, en busca de su significado. Así quiero comenzar yo estas reflexiones sobre qué sentido deberían tener hoy los Colegios Mayores Universitarios: mirando desde el presente hacia atrás hasta encontrarme en el año 1971, año en el que entré como subdirector del “Johnny”, durante apenas dos años; obligado después a salir del San Juan por los poderes políticos, académicos y religiosos, residí casi tres años más, en una situación peculiar como colegial, en el C.M. Chaminade, el “Chami”. Desde esta temporalidad, mi experiencia sobre los Colegios Mayores, comparada con los colegiales y las direcciones de los actuales Colegios Mayores Universitarios, no sólo se ha desarrollado en circunstancias políticas diferentes sino muy distanciada en el tiempo. Lo que sí debo recordar es que fueron años importantes en mi vida; los viví en momentos duros y complicados de la historia de España, de la Universidad de entonces y de los Colegios Mayores; fueron los años finales y oscuros del “franquismo”, años en los que, comprometidos con la lucha por las libertades y la democracia, para quienes las añorábamos, nada de lo que hicimos por conquistarlas nos resultaron fáciles.

En el San Juan encontraron refugio la protesta y la inquietud social y política y todo lo que éstas conllevaban

Fui consciente de que con mis 30 años, y siendo sacerdote salesiano, sin experiencia alguna en Colegios Mayores, entraba como subdirector en un Mayor, con un perfil abierto, plural e inconformista que para muchos representantes de aquel régimen y las autoridades universitarias de entonces, incluso para otros CCMM, era un reducto para la rebeldía y la reivindicación, en un marco político y académico de censura y represión; en el San Juan encontraron refugio la protesta y la inquietud social y política y todo lo que éstas conllevaban: asambleas, debates, manifiestos, actividades culturales comprometidas y significativas... Y aunque con la entrada de los salesianos en la dirección, de la que formé parte, muchos colegiales temieron un cambio de rumbo, no por ello se alteró la orientación del Colegio Mayor, cada vez más afirmado en su proyecto autogestionario, demócrata y progresista. La represión que el San Juan y la mayor parte de los colegiales sufrimos, incluida mi expulsión, obró a favor del Colegio, pues cada vez iba generando más simpatías y adhesiones en amplios sectores del mundo universitario, de la sociedad y del mundo de la política y de la cultura activas y comprometidas.

El San Juan que yo conocí vivía entre el hostigamiento de un régimen que necesariamente se extinguía y el apoyo encendido de toda una generación de estudiantes y colegiales no sólo de la Complutense sino de otras universidades españolas. Durante aquellos años, me consta que también años después, para muchas promociones de universitarios, de dentro y de fuera de Madrid, el Colegio fue no sólo un importante observatorio político de acción y compromiso, sino también un referente y fuente privilegiada para el estudio, la excelencia académica y la puesta en acción de nuevas iniciativas y actividades formativas, nuevas ideas, nuevas propuestas y experiencias (su Corral de Comedias, su comprometido Cine Club…) y nuevas músicas (el internacional club de Jazz) fueron un ejemplo.

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Policía entrando en el San Juan Evangelista en tiempos de dictadura. (Foto: Fundación San Juan Evangelista)

Tras la necesaria y ansiada normalización democrática, el San Juan afrontó una nueva época que exigió del Colegio un importante esfuerzo de adaptación para llevar a cabo su tarea formativa sin por ello perder el punto de compromiso, interés social, inconformismo político y frescura cultural que había caracterizado todas las iniciativas de su período anterior. A lo largo de esos años el Colegio consolidó su liderazgo en la autogestión, al punto de alcanzar un eficacísimo rendimiento de los escasos recursos con los que contaba para todo lo que en él se llevaba a cabo, fruto, sin duda alguna, de la generosa colaboración de todos sus colegiales. Su aceptación entre las familias fue tal que en muchos cursos la demanda de plazas cuadruplicó la oferta: era, con mucho, el Colegio Mayor más solicitado de la Ciudad Universitaria con sus 405 plazas. En este momento, tras el incomprensible abandono del “Johnny” por Unicaja, propietaria del edificio, aunque el suelo era y es propiedad de la Universidad Complutense (UCM), el colegio cerró en julio de 2014, dejando a los residentes en la calle. La UCM tiene denunciada a Unicaja por el abandono de sus competencias; tras el abandono de Unicaja, a finales de ese año, se instalaron los primeros okupas con el fin de mantener el centro como un espacio social y cultural alternativo; incluso regresaron algunos ex alumnos con el objetivo de mantener el centro en su espíritu originario e idearon talleres y cursos. Mas su propósito fue en vano; llegaron nuevos okupas convirtiendo el “Johnny” en un lugar incontrolable por grupos de delincuentes y traficantes de droga... En de noviembre de 2015, 600 policías nacionales desalojaron de okupas un Colegio Mayor que durante décadas había sido un referente cultural en Madrid y en España. Tras el auto judicial que dictó el desalojo de los okupas, se adjudicó a la Universidad Complutense la posesión del edificio. Esto significa la responsabilidad sobre el inmueble, pero no la propiedad, que todavía está en litigio.

La Fundación San Juan Evangelista

Antiguos colegiales, preocupados por esta situación, con el conocimiento y colaboración del Rectorado de la Complutense, crearon la Fundación San Juan Evangelista, con el fin de reabrir el Colegio Mayor y con un Proyecto en relación con el presente y el futuro del Colegio Mayor Universitario, Proyecto en el que constan los motivos por los que la Fundación entiende que se puede y se debe dar continuidad a la labor que el Colegio había desarrollado en su medio siglo de existencia, las pautas que deben gobernar su gestión y, sobre todo, de la articulación de un modelo de dirección y gobierno que permita preservar las mejores tradiciones que hicieron grande al San Juan.

Estas ideas fueron expuestas por el presidente de la Fundación en la presentación del proyecto del nuevo CM San Juan Evangelista para el siglo XXI, proyecto por el que la Fundación se propone impulsar un nuevo San Juan, de acuerdo al modelo de Mayor que fue el “Johnny”, con el fin de que encarne un modelo de Colegio Mayor plural e independiente, que persiga la excelencia académica, primando el mérito y la capacidad, y que desarrolle “un proyecto educativo comprometido con su entorno social y cultural. Un Colegio para el siglo XXI, en el que se formen estudiantes y colegiales capaces de afrontar los desafíos de la sociedad que deseamos y del mundo globalizado en el que vivimos”.

Colegios Mayores

Hecha esta breve introducción histórica, intentaré brevemente dar respuesta, desde mi experiencia, al título de estas reflexiones: Qué sentido tienen hoy los CCMM, cuya respuesta la encuentro y ofrezco en lo que fue el Colegio Mayor San Juan Evangelista en el que viví, pero vinculada al sentido que tienen hoy las propias Universidades, pues ellas han sido y son la razón histórica y necesaria de la existencia de los CCMM. En la dialéctica entre la retórica y la acción, las reflexiones sobre el sentido de las Universidades y los CCMM deben concretarse en iniciativas con las que construir la universidad y los Colegios Mayores del futuro.

No es mi intención tener que aclarar que el modelo de Colegio Mayor que contemplo debe ser mixto. Si me preguntan, mi respuesta es . Decía Dürrenmatt que no hay cosa que mas encorajine a la inteligencia que tener que explicar lo obvio. A pesar de desearlo y plantearlo, no llegamos a conseguir que el San Juan fuera mixto mientras estuve, pero sí, aunque con escasas colegialas, apenas 10, sí se consiguió cuando estuve en el Chaminade. Podría contar alguna anécdota de cómo se consiguió en aquellos tiempos en el despacho que tenía el franquista director general de CCMM en la calle Esparteros de Madrid.

La renovación de los CCMM pasa necesariamente por la permanente reforma y actualización de las propias Universidades

Es evidente que nos encontramos en un escenario político, económico, social y académico inconstante, caprichoso y sometido a la incertidumbre de los cambios en el que todo se cuestiona. En la complicada Europa actual y en la España del presente poselectoral, la necesidad de reformas universitarias surge a raíz del proceso de construcción del Espacio Europeo de Educación Superior y de la Estrategia de Lisboa. Desde este marco los cambios necesarios no se deben limitar a la renovación de la oferta académica o a hacer residencias para sus estudiantes. La renovación de los CCMM pasa necesariamente por la permanente reforma y actualización de las propias Universidades.

Preguntarse si tienen sentido los Colegios Mayores hoy no es, a mi juicio, la pregunta correcta, pues la respuesta es clara: SÍ; a priori considero imposible prescindir de ellos. La pregunta correcta sería: cuál es el modelo o modelos de Colegio Mayor que hoy necesitan la sociedad, las Universidades y los estudiantes universitarios. En este contexto hay que situar la pregunta y la respuesta sobre cuál es el modelo de Universidad y de Colegios Mayores que ligan su destino a ella. Para ello hay que preguntarse de nuevo por la misión de la Universidad y la misión mediadora que corresponde a los Colegios Mayores. En el fondo, la idea que tengamos de Universidad determina la de Colegio Mayor.

A mi juicio, los Colegios Mayores han de ser una escuela de humanismo democrático y cívico. La esfera pública -especialmente en una democracia- no es patrimonio sólo de los administradores, de los políticos, de los gestores ni de los técnicos, sino que su buena andadura incumbe a toda la sociedad y, en particular, a los propios estudiantes y colegiales. La libertad personal y profesional no puede realizarse plenamente en el reducido cerco de la actividad privada, familiar o profesional, sino que debe tener siempre una proyección social, y esta proyección social la aportan los Colegios Mayores, como comunidades sociales, más que otras instituciones que no tienen el mismo objetivo, como son las residencias; en un Colegio Mayor los colegiales y universitarios son capaces de colaborar con otros colegiales y universitarios para sacar adelante iniciativas que mejoren la calidad de sus relaciones interpersonales, académicas y sociales. Responder a la pregunta “Qué sentido tienen hoy los CCMM”, significaría responder a su vez a otras muchas, como las siguientes, a la que, por brevedad, es imposible contestar:

  • Qué significa ser un Colegio Mayor;
  • Cuál es su razón o sus razones de ser;
  • A qué problemas se enfrentan hoy;
  • Qué necesidades deben cubrir;
  • A quiénes debe servir;
  • Cuál es función formativa;
  • Cuál su compromiso académico universitario y social;
  • Cuáles sus perspectivas de futuro;
  • Qué servicios deben ofrecer y cómo los deben ofrecer;
  • Cuáles son sus valores específicos y diferenciales de las llamadas Residencias;
  • A quién compete garantizar estos valores;
  • Quién los debe dirigir y administrar;
  • Cuál debe ser el perfil de su dirección y administradores;
  • Cómo deben ser dirigidos;
  • Cuál es, en definitiva, su misión.

Ninguna de estas preguntas es retórica y ninguna tiene respuesta fácil y única; dependerá de cada situación, de sus contextos actuales, pero también de los pasados y de los futuros necesarios. Lo que sí debe quedar claro desde el principio es que un Colegio Mayor nada tiene que ver con el creciente aumento de tantas Residencias, que hoy se arrogan el nombre de Colegio Mayor, pero que no van más allá de ser establecimientos hoteleros dirigidos a estudiantes universitarios con posibilidades económicas saneadas.

El escritor libanés, premio Príncipe de Asturias de 2010, Amin Maalouf afirmaba que la identidad no se da de una vez por todas, sino que se va construyendo y transformando a lo largo de toda existencia histórica, ya sea esta personal, social, institucional e incluso como país. Las identidades se construyen continuamente, no son ni únicas ni definitivas. Mucho depende de las circunstancias y situaciones cambiantes de las sociedades y los tiempos, como afirmaba Ortega. Pocas veces en los tiempos actuales, quizá ninguna, se está hablando tanto de la universidad y sus entornos como son los Colegios Mayores y se han depositado tantas expectativas en ellos. Los modelos del pasado parece que no sirven ya y los nuevos aún se están gestando o pertenecen simplemente al limbo de los deseos. Hay muchas esperanzas depositadas, algunos dirán que excesivas, en una institución y sus entornos que se halla en un periodo de transición entre dos momentos radicalmente distintos.

Nos podemos preguntar, con razón, si las fórmulas de ayer pueden valer para mañana. Creo, sin embargo, que nadie dudará de que el nuevo tiempo de la Universidad y de los Colegios Mayores se ha de construir sobre los logros pasados, porque ambos han hecho muchas cosas bien en su historia, especialmente durante los últimos decenios. Una prueba de ello es, a mi juicio, el modelo de convivencia universitaria del San Juan Evangelista y el de otros Mayores que están en la mente de los muchos ciudadanos y ciudadanas que han pasado y se han formado en ellos. Como afirmaba Alain Touraine, la “modernidad que muchos pretenden no exige hacer tabla rasa de todo; la modernidad no consiste en borrar el pasado sino en incorporar todo lo posible del pasado en todo lo posible del futuro”.

Un Colegio Mayor deber ser una oportunidad de formación abierta que fomente la interacción, la participación y la construcción de redes entre los alumnos

Centrando mi reflexión exclusivamente en los CCMM: ¿Qué se espera de ellos? Brevemente, y en palabras de Jacques Delors, un Colegio Mayor debe facilitar a sus colegiales, además de un marco para el estudio académico adecuado, una convivencia plural, asociada a la participación y al respeto a los derechos democráticos, abierto a un entorno plural e implicado con el conjunto de la sociedad: es decir, un modelo de Colegio Mayor integrador de las diferencias para “con vivir”. Porque, como bien distinguía Delors, “educar” no es “adecuar”. Convirtiendo la opinión de Delors en propuesta: Un Colegio Mayor deber ser un centro abierto; una oportunidad de formación abierta que fomente la interacción, la participación y la construcción de redes entre los alumnos. Con un funcionamiento conectado, compartido, global, situado en un entorno plural, relevante y competente. Basado en actividades y contenidos creativos y respetuoso con las singularidades de sus colegiales. Un Mayor atento a los cambios que se van produciendo en la sociedad presente y futura, atento y abierto a las innovaciones académicas, sociales, políticas y culturales; que aprovecha y pone en valor las oportunidades del momento; con una dirección y unos colegiales como principales corresponsables de todo lo que sucede en el Mayor, conscientes de su desarrollo profesional y ciudadano. Un Mayor con espacios abiertos para la interacción y las actividades y aprendizajes colaborativos. Y puesto que es un centro en el marco más amplio de la Universidad, debe ser un centro más universal que nunca, abierto a la pluralidad de actividades que en el campus se desarrollen.

Más aún, deben ser los propios colegiales los que tienen que descubrir cuáles son los entornos que más les favorece; no se trata de consentir con todos sus deseos ni de permitir todo lo que les guste, sino contribuir entre todos a crear aquellos espacios que ayuden mejor a su formación académica integral y, por tanto, averiguar cuáles son las condiciones que mejor influyan en su proceso de adquisición del conocimiento y de qué manera pueden mejorar su propio proceso de formación. Y puesto que los presupuestos son limitados, si se quiere un Mayor prioritariamente asequible a las economías más débiles, la dirección y los colegiales tienen que tener claro qué es lo más importante y saber explicarse mutuamente por qué se toman las decisiones. Los proyectos a largo plazo sirven para aprender que las satisfacciones no son siempre inmediatas: hay que poner los ojos en el horizonte y los pies en el suelo.

El colegial de un Mayor no puede ser un sujeto pasivo en decisiones que afectan a su formación personal, académica, profesional y ciudadana. No debe ser un colegial que un buen día aparece por el Colegio y transita con más pena que gloria por sus dependencias y que, tras superar sus estudios, abandona finalmente el Colegio con un título bajo el brazo y, sin dejar rastro significativo, parte rumbo a la búsqueda de un empleo. No debe ser un colegial que se adentra en el mundo laboral con un buen bagaje de conocimientos, pero que, en general, no dispone de otras competencias y habilidades, tan necesarias o más para su éxito profesional. Como decíamos los que fuimos religiosos, y perdónenme por la comparación teológica para explicar la virginidad de María, “los colegiales no pueden transitar por el Colegio Mayor, como el rayo de sol por el cristal sin romperlo ni mancharlo”, es decir, sin que las actividades del Colegio les hayan enriquecido en absoluto.

Y como existen modelos de CM diversos, quiero imaginar y soñar un modelo de COLEGIO MAYOR UNIVERSITARIO ideal. Es fácil intentarlo: “vuelvo al Johnny”; me refiero al San Juan Evangelista. En mi opinión y desde mi experiencia (estoy seguro que muchos la comparten) el modelo de Colegio Mayor que fue el San Juan, es un buen modelo para imaginar y soñar, siempre con las adaptaciones necesarias, al momento actual y obligado a tomar en consideración los condicionantes de un entorno que es ya global y se encuentra inmerso en una dinámica de cambios acelerados. Un Proyecto que se sabe deudor y continuador de esa exitosa andadura de medio siglo que le precedió, asentada sobre unos fundamentos tan acertados como sólidos y que conformó no sólo un Colegio Mayor, sino, mucho más, un verdadero experimento académico, cultural y social que ha cosechado magníficos frutos durante su medio siglo de existencia. Un modelo que a día de hoy mantiene toda su vigencia y su capacidad para dar respuestas a los retos del momento presente y del futuro inmediato. Un proyecto que no es una aventura imposible y que puede servir de referencia a otros muchos CCMM. Un proyecto obligado a tomar en consideración los condicionantes de unos entornos que en la actualidad son muy distintos de los que yo viví. Y, desde luego, impensable con lo que hemos visto y oído últimamente sobre el CM Elías Ahuja.

Cuáles son, pues, los objetivos que deben marcar el nuevo tiempo de un Colegio Mayor en su nueva andadura (me refiero, evidentemente, al San Juan). En mi opinión, debe estar estrechamente vinculado a sus señas de identidad, en consonancia con su exitosa tradición, haciendo suyos los fundamentos que le dieron razón de ser y consistencia como un espacio de progreso social y solidario. Estos son:

  • La búsqueda de la excelencia académica porque un Colegio Mayor es una institución de la Universidad, a la que se debe por encima de todo.
  • La búsqueda de una formación integral entendida como combinación de cultura, conocimiento y ética, como uno de los pilares fundamentales de su proyecto formativo, potenciadora de iniciativas y de la libre creatividad de sus colegiales.
  • La búsqueda de un Colegio Mayor que contribuya a formar ciudadanos cabales, personas comprometidas con su tiempo y con su generación, implicados en un impulso amplio de mejora y de progreso y asentado sobre un conjunto de valores cívicos, reconocible por su compromiso con la comunidad, con la justicia social, con la solidaridad y con la igualdad de oportunidades, por su defensa a ultranza de las libertades y su oposición a toda forma de dominación arbitraria machista o de discriminación.
  • La búsqueda de un CM capaz de asumir una función social ligada a un proyecto que no se halle fatalmente asociado al poder adquisitivo de los colegiales, sino vinculado a la defensa de un ideal cívico, construido sobre el principio de la igualdad de oportunidades, ofreciendo alternativas a aquellos estudiantes que proceden de entornos familiares y sociales con recursos limitados y demostrado su compromiso mediante precios bajos, ayudas y becas.
  • La búsqueda de un CM que apueste por el establecimiento de un ámbito de pluralidad cultural y por su proyección al exterior del ámbito universitario, al tejer redes de contacto y colaboración con entidades académicas, culturales, artísticas o cívicas radicadas en territorio nacional o en otros países. Esta apertura a la pluralidad, como en su etapa anterior, debe convertirse en un rasgo definitorio de la personalidad del Colegio y objetivo esencial del mismo,
  • Un CM que apueste por lograr de sus colegiales un talante intelectual crítico, respetuoso y abierto, dispuesto a convertirse en un foro de debate y discusión y en un espacio en el que las ideas, todas las ideas, puedan encontrarse y contrastarse, en el que el diálogo se convierta en instrumento de cambio y superación.

UN COLEGIO MAYOR DEL SIGLO XXI

Me voy a permitir esta cita profesional: en la lógica proposicional, el “bicondicional” es uno de los conectores de enunciados, que se lee así: “Si y sólo si, entonces…” A mi entender y en la lógica de enunciados, las condiciones y objetivos anteriormente expuestos son fundamentales para que a un Colegio Universitario se le pueda calificar como Colegio Mayor, pues para ser un Colegio Mayor del siglo XXI no basta con desearlo. ¿Cómo sintetizar en brevedad lo que he querido decir? Es difícil hacerlo con una sola frase o con una sola idea. La complejidad de lo hasta aquí expuesto me lo pone difícil; corriendo el riesgo de caer en una vaga simplificación, podría mencionar tres factores fundamentales y mínimos que hagan de los Colegios Mayores modelos de funcionamiento con el fin de conseguir en ellos el avance de una formación de excelencia académica, social, cultural y ciudadanía comprometida y plural. Estos factores son:

  1. que exista un colectivo humano (dirección y colegiales), capacitado y motivado, que disponga de suficientes recursos, gestionados eficientemente;
  2. que la estructura organizativa de sus proyectos y las condiciones y actividades en las que desarrollen su convivencia colegial los animen a competir sanamente para encauzar sus aspiraciones profesionales y personales;
  3. y, sobre todo, que los propios colegiales, consciente de la importancia que tiene su vida en el Colegio, asuman sus responsabilidades y sean proactivos y creativos en asuntos relacionados con su formación.

Los Colegios Mayores, como la Universidad, disponen de un potencial enorme si se preocupan de mantener vivo el contacto con sus antiguos colegiales titulados, una vez que concluyan sus estudios y si, como el San Juan Evangelista, son capaces de generar en ellos un cierto sentido de pertenencia y mantienen con ellos un plan de comunicación permanente e interactivo.

¿Alguien podría sostener que un modelo de Colegio Mayor como el que he descrito carece de sentido hoy? En Cien años de soledad García Márquez describía: “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Como García Márquez estoy convencido que de si careciésemos de un nombre para designar el modelo de Colegio Mayor, bastaría señalar al “Johnny”.

Después de los resultados del Brexit en Gran Bretaña, una asustada joven reprochaba a quienes habían apostado por la salida: “Nos habéis robado el futuro”. No podemos robar el futuro a nuestros jóvenes. Barbara Tuchmann en su libro “La marcha hacia la locura” desarrolla que, en ciertas ocasiones, los poderosos deciden actuar tomando decisiones en una dirección que es evidente que va a tener consecuencias desastrosas para los ciudadanos. Aquellos que tienen en su mano decisiones que pueden condicionar no sólo la existencia sino el modelo de existencia de los CCMM no pueden decidir sin tener en cuenta estas dos coordenadas: garantizar su futuro y que este futuro coincida con lo que la sociedad, la universidad y sus posibles colegiales necesiten.

escudo

Y acabo: los que han conocido el CM San Juan Evangelista saben que en su escudo el centro lo preside la cabeza de un águila. A nadie se le escapa que a San Juan el evangelista se le representa por un águila. Estirando algo la ornitología, como el ave fénix, ave fabulosa, semejante a un águila, este Mayor, ocupado y abandonado por Unicaja, perecía quemado, pero volverá a renacer de sus cenizas. Estoy seguro de que, al final, se conseguirá. Desde su ocupación y posterior desalojo, hay quienes han querido que, en el caso del “Johnny” el modelo de Colegio Mayor hubiera tenido un final… Como miembro de la Fundación San Juan Evangelista, sostengo y me comprometo a que aún queda tiempo para escribir más historia, para enmarcar su memoria y decir que no tiene final; que lo realizado hasta ahora ha sido sólo el principio de su nueva historia, en un singular y renovado proyecto al que todos los responsables de la educación universitaria están invitados a participar.        

(Fotos: Fundación San Juan Evangelista)

Un modelo de Colegio Mayor Universitario: “el Johnny”