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domingo. 14.08.2022
PSICOLOGÍA | SEXUALIDAD

La lujuria, el “chute” que el adicto al sexo necesita

La lujuria es la exacerbación, el desorden o la falta de control del deseo sexual.

Fragmento de una escena del Jardín de las Delicias del Bosco
El Jardín de las Delicias del Bosco

Actualizada el 27 de junio de 2022

  1. Etimología
  2. Pulsión sexual
  3. Factores
  4. Una adicción

Etimología

Etimológicamente, la palabra lujuria proviene del latín luxuria, exageración. 

La lujuria es la exacerbación, el desorden o la falta de control del deseo sexual.

Pulsión sexual

La moral religiosa cristiana ha restringido históricamente la conducta sexual humana y ha catalogado a la lujuria como pecado capital, asimismo ha atribuido a la castidad el papel contrario, definiéndolo como virtud para no caer en la tentación.

Para Dante Alighieri, en su “Divina Comedia”, la lujuria es el amor hacia cualquier persona, lo que pone a Dios en segundo lugar y da motivo suficiente para convertirse en pecado.

Desde un punto de vista psicoanalítico, fue Freud quien introdujo la idea de que en el ser humano no existe un instinto puramente innato, sino que es la cultura la que modula la pulsión.

Además de un impulso físico de supervivencia, la sexualidad es una fuente de placer tanto físico como psíquico.

Las diferentes culturas tratan la pulsión sexual de distinta manera, en forma de tabú religioso (en casi todas las culturas) como el incesto, o en los rituales de fertilidad en la tierra o en las prohibiciones más estrictas de masturbación, entre otras.

Factores

Hay factores que fomentan la lujuria:

Biológicos

Los biológicos: El comportamiento sexual es quizás el componente biológico más gratificante que tiene el ser humano. Las hormonas producen una tensión sexual que se resuelve a través del orgasmo.

Aprendizaje

El aprendizaje: el niño que suele tener accesos de rabia cuando no obtiene lo que quiere, es posible que siga siendo así cuando crezca. La falta de control de impulsos es uno de los principales rasgos de la lujuria.

Edad

La edad: el ser humano experimenta su máxima potencia sexual a partir de los 17 o 18 años. Con esa edad se puede empezar a fantasear con escenas lujuriosas.

Presión del entorno

La presión del entorno: los adolescentes, como es sabido tienen las hormonas sexuales desatadas, pero existe una cultura actual del entorno donde si no se tiene sexo se es marginado en el grupo de adolescentes. 

El ambiente en el que los jóvenes actuales se mueven es clave para determinar su comportamiento sexual, que a menudo no va acorde con su grado de madurez.

Refuerzo social

El refuerzo social: la extendida costumbre en principio masculina y cada vez más extendida en las jóvenes adolescentes, de relatar las aventuras sexuales, reales o fantaseadas, en busca de un refuerzo social, puede fomentar la lujuria

(Famosa es la anécdota, real o no, del torero Dominguín tras estar con Ava Gadner; cuando este se fue, ella le comentó, ¿dónde vas?: El respondió donde voy a ir, a contarlo).

Cultura

La cultura: el incremento del adulterio por la mayor permisividad social, la prostitución muy fácil de conseguir o la pornografía en internet de acceso universal, entre otras, aumenta las oportunidades para dar rienda suelta a la lujuria como nunca ocurrió en otras épocas. 

Una adicción

Se la considera a la lujuria en términos psicológicos, como cualquier otra adicción, una pérdida de control o la incapacidad que tiene una persona para frenarse de hacer algo que, a la larga, le trae consecuencias negativas.

En este caso, el sexo representa placer y aquello que no puede controlar, pero que realiza para generar una reducción importante de la ansiedad producida en el cerebro por una irregular liberación hormonal.

Los que la padecen sienten una necesidad de calmar sus impulsos desesperadamente que se confunde con un deseo irreal, se convierte en el “chute” que el drogadicto necesita para pasar el mono. 

En nuestra sociedad actual la potenciación de la lujuria sólo tiene un objetivo claro, como es promover el uso, consumo y abuso de los numerosos productos que ofrece la industria pornográfica, sin por supuesto tener en cuenta, los evidentes peligros que este consumo tiene en la población infantil y adolescente, en cuanto a reducir la sexualidad a un acto fisiológico, desprovisto de la parte afectiva que debe tener una sexualidad sana, en la más pura línea del marqués de Sade.

Por último, compartir esta reflexión de loa al amor de Pablo Neruda:

“Pero no amo tus pies sino porque anduvieron sobre la tierra y sobre el viento y sobre al agua, hasta que me encontraron”.

La lujuria, el “chute” que el adicto al sexo necesita