#TEMP
martes 24/5/22

El debate recurrente sobre la jornada escolar, ahora por un nuevo estudio, se realiza sin la profundidad necesaria y con objetivos algo dudosos. Si se trata de ahorrar inversiones para bajar los impuestos, acabaremos adjudicando al profesorado las funciones de cuidado que no le corresponden, supuestamente para que las mujeres puedan trabajar. En el fondo no se trata de la “jornada escolar” sino de satisfacer una necesidad social de cuidar de la infancia, para que sus progenitores puedan ser fuerza de trabajo durante largas jornadas, sin medidas de conciliación en los horarios laborales ni corresponsabilidades en las familias.

Si pretendemos satisfacer una necesidad real de tiempos de cuidado, se puede pensar en otros modelos de instituciones mixtas que puedan cumplir con la función del sistema educativo formal y con las tareas no formales de atención. Con diferentes profesionales que ya existen para distribuir los tiempos, como las titulaciones superiores de formación profesional en Animación Sociocultural, Actividades físico deportivas, Educación Infantil, Integración, o de grado medio de las mismas familias profesionales incluso creando nuevas especialidades de “Servicios a la comunidad”

Casi nunca hago referencia a mi experiencia profesional, pero en este caso parece pertinente mencionar que tengo experiencia en infantil, en primaria y en secundaria como directora, orientadora o profesora. Como madre he participado en Consejo Escolar y AMPA. Me he dedicado toda mi vida profesional a la formación del profesorado y varias veces he colaborado en proyectos de centros comunitarios (incluso en los cursos de doctorado) donde se realizaban propuestas de integración de ambas funciones, ambas educativas: la escolarización formal y los tiempos complementarios.

Sin trampas en el solitario, no se trata de jornada escolar intensiva o partida. Puede ser poco viable sin las políticas públicas imprescindibles o sin la demanda de la comunidad educativa

Es evidente que se trata de otro modelo de centro. Claramente los tiempos deben repensarse y adaptarse. Los currículos escolares también, las metodologías didácticas deben transformarse en activas, por proyectos, por capacidades. Las actividades serán complementarias, con objetivos educativos en sentido global, con diferentes fórmulas horarias, presupuestarias, definiendo perfiles profesionales pertinentes, en función del contexto social y de las reales necesidades de las familias para cumplir con principios de justicia social y compensación de desigualdades. 

La jornada intensiva por las mañanas, con otras metodologías, con actividades adecuadas a las edades, sin enseñanza “tradicional” de sentarse en una clase durante 4 o 5 horas, es compatible con la existencia de comedor y actividades artísticas, deportivas, audiovisuales, excursiones, etc. por las tardes con otros profesionales específicamente formados. El profesorado puede comprometerse en el proyecto, participar, coordinar acciones, seleccionar actividades coherentes con el currículum, sin necesidad de plantear una obligatoriedad de “dar clases” y cubrir la función social de cuidado. 

Pretender que la jornada laboral del profesorado cubra esa función complementaria se transforma en una deformación de su perfil profesional. Por otra parte, la eficacia de las enseñanzas por las tardes tampoco está contrastada (el clima influye). Si se dejaran para las tardes las clases de música, artes plásticas, educación física, podría repensarse la organización de las mañanas. Aunque en la medida en que sea necesaria la existencia de comedor y un tiempo de descanso, se necesitan profesionales más especializados para cubrir esos tiempos y esas tareas. La formación de muchas de las personas que cuidan de la infancia en esos tramos horarios no es especializada, queda a cargo de las empresas de catering. Se puede incluir en las condiciones de contratación la necesidad de disponer de perfiles profesionales adecuados y aunque es más habitual que hace unos años, todavía no está generalizado (ojalá esté en un error).

En suma, implica repensar el modelo de centro, diversidad de perfiles profesionales, cambios de cultura pedagógica, otras fórmulas presupuestarias e inversiones con objetivos sociales. Sin trampas en el solitario, no se trata de jornada escolar intensiva o partida. Puede ser poco viable sin las políticas públicas imprescindibles o sin la demanda de la comunidad educativa.


Estella Acosta Pérez | Orientadora y profesora asociada de la Facultad de Formación de Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid jubilada. Asociación Isegoría. Instituto Europeo de Políticas Públicas.

A vueltas con la jornada escolar (sin trampas en el solitario)