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Las versiones hard del multiculturalismo, que conciben las culturas a modo de compartimentos estancos, patrocinan una serie de errores mayores. Para empezar, les vedan toda posibilidad de cambio, sin embargo, atestiguado históricamente. Ahí están sus influencias mutuas, sus orígenes, declives o renacimientos, la sustitución parcial de unas por otras, así como su desaparición más o menos total. A la vez, aun sin proponérselo, acaban induciendo una clasificación donde la civilización occidental se sitúa en la cúspide de la pirámide, y las demás se van despeñando hacia puestos inferiores a medida que se alejan de ella.
La búsqueda de la verdad está reservada a los idealistas, ya que encierra un serio peligro, el de encontrarla
Ahora bien, su efecto más grave es la negación de la vigencia de valores universales cuya conculcación es intolerable, por mucho que la respalden las tradiciones. La ablación es salvajismo sin paliativos, mal que les pese a quienes la practican o la justifican. Pero igualmente son una muestra de barbarie los festejos basados en el sufrimiento animal, como las corridas de toros. Llamar a eso fiesta nacional, señores del jurado, es añadir el insulto a la injuria.
De este relativismo moral que permite juzgar admisible en una cultura algo que no lo es en otra, descartando una ética o una justicia universal, es fácil derivar la existencia de diferencias cognitivas. Por supuesto, ese paso ha sido franqueado. Partiendo de que determinados aspectos perceptivos varían en función de los grupos sociales, algunos autores niegan la universalidad del psiquismo humano. Se plantea una vuelta a la idea de mente primitiva de Lévy-Bruhl, de la cual él mismo terminó renegando.
Los sujetos americanos son excepcionales, incluso en el seno de una población [la occidental] que es ella misma especial(Heinrich, Norenzayan, Heine: The weirdest people in the world?, cit. en Behavioural and Brain Sciences).
El uso de weird 'raro' en este contexto tiene un sentido muy preciso, puesto que coincide en inglés con las iniciales de Occidentalizados, Educados, Industrializados, Ricos y Democráticos. En principio, esta afirmación se ofrece como neutral, estableciendo simplemente una especificidad. Pero con independencia de la voluntad de sus autores, puede ser usada en sentido racista y xenófobo. Si con razón se dice que en una guerra la primera víctima es la verdad, en la pseudociencia mediática lo es la realidad. Hechos y datos no interesan más que si venden. La búsqueda de la verdad está reservada a los idealistas, ya que encierra un serio peligro, el de encontrarla.
Cierto relativismo transforma el concepto de Kuhn de inconmensurabilidad de paradigmas en un argumento de inconmensurabilidad de culturas, que se reduce a expresar desazón y pesimismo respecto de la posibilidad de evolución. En contra quizás de lo que sus creadores y adeptos pretenden, se trata de una postura sutilmente discriminatoria, elegantemente racista. A ellos no les es dado cambiar. Nosotros sí hemos podido, pero ellos no podrían. «En realidad la cuestión clave de la Ética y de la epistemología es si se pueden mejorar las creencias, no la de si ellas pueden ser acordes entre sí» (Valdecantos: Contra el relativismo). Que las culturas sean distintas no importa. Que dentro de cada una haya aspectos inhumanos, crueles y dignos de ser erradicados importa, y mucho. No es necesario ni deseable estar de acuerdo en todo. En la política y la reflexión contemporáneas, se da un valor desmesurado al consenso, bastante más del que tiene. Lo decisivo en la fundamentación de una ética autónoma es negarse a aceptar normas que deben ser rechazadas, antes que la adhesión a otras que nos merecen aprobación.
El gran invento de las religiones con el objetivo de ejercer un férreo control sobre sus ovejas y evitar que se descarríen es el pecado
Actitudes y discursos que desprecian la razón y la libertad, abogan por la resignación y predican la sumisión servil, contemplan la materia como inferior, la alegría detestable y el placer condenable, opinan que la existencia ha de ser un valle de lágrimas, no son de fiar para guiar el pensamiento ni el proceder de nadie. Si a esas patologías intelectuales les añadimos el tufo de hipocresía que caracteriza las instrucciones de los pastores a su rebaño, obtenemos una imagen poco halagüeña.
No realices ningún trabajo el sabbat, pero paga a algún otro para que lo haga. Si uno obedece la letra de la ley ¿a quién le importa? El Dalai Lama nos dice que se puede visitar a una prostituta siempre que sea otro el que la pague. Los musulmanes chiíes ofrecen "matrimonios temporales" vendiendo a los hombres la autorización para tomar una esposa durante una o dos horas profesando los votos habituales para después divorciarse de ella cuando han terminado. La mitad de los espléndidos edificios de Roma jamás se habrían erigido si la venta de indulgencias no hubiera sido tan lucrativa» (Hitchens: Dios no es bueno).
La lista, que puede ampliarse a voluntad, da idea de por qué a estos detentadores de la Verdad Absoluta no hay que otorgarles crédito como maestros de moral. El gran invento de las religiones con el objetivo de ejercer un férreo control sobre sus ovejas y evitar que se descarríen es el pecado. Considerado un atentado a la divinidad, el cargo de conciencia que genera en el creyente y su temor a posibles consecuencias en esta u otra vida lo mantienen atado de pies y manos. La reconfiguración del sentimiento de culpabilidad en certeza de pecado aporta al arsenal de las iglesias organizadas un arma de sometimiento masivo de eficacia probada. No es una falta cualquiera, ni siquiera un delito, es una rebelión contra los mandatos divinos, y a la postre contra el mismo Dios. Esto pone a disposición de sus representantes en la Tierra un poder que incluye definir qué es pecado y cómo puede redimirse.




