La gestión del Apocalipsis
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Incendios aquí y allá que agotan a bomberos a menudo impotentes, arrasan campos, destrozan la vida de las gentes, sus viviendas y ganados, y matan a las criaturas que habitan los bosques. Catástrofes de lo peor. Las olas de fuego y calor se suman a las olas largamente sostenidas de indiferencia y abandono de los pueblos, de sus recursos y sus gentes y medios de vida. ¿Por quién? ¿Por qué? Esto podemos explorarlo juntos, si quieres.
Limpiar bosques para evitar tantas catástrofes es tarea ineludible. También lo sería limpiar su conciencia los responsables de los despachos y los que encienden las mechas y reparar al menos los daños materiales, tarea esta tan urgente para quienes tienen responsabilidades públicas como la de buscar fórmulas de repoblar la España "vaciada" y dotarla de los medios para hacerla atractiva. No para los turistas, esa plaga, no, sino para inmigrantes, mujeres maltratadas con hijos al cargo, familias desahuciadas, pobres, jóvenes sin empleo ni vivienda en las ciudades, niños africanos, y muchos otros. Eso haría cambiar la geografía humana en pueblos y aldeas, favorecería la convivencia y la ayuda mutua, serviría a muchos para rehacer sus vidas, y evitaría la desaparición de los pequeños núcleos rurales el consiguiente descuido de campos y bosques y el aumento de desastres como los que estamos viviendo. ¿Debería ser esto un serio aviso para cambiar de rumbo las políticas agrarias y la vida rural? Debería servir sin duda. ¿A quién podría perjudicar? ¿A quiénes se acogiesen a ese plan de regeneración rural? Todo lo contrario: sería recibido con inmensa alegría. ¿Por qué no está en ningún proyecto?
Aguafiestas
Todo eso lo pueden conseguir nuestros gobiernos con inversiones cuantiosas. Mas, ay, en su lugar han elegido invertir en rearmar a la OTAN o a Ucrania para su guerra con armas compradas al Estado genocida de Israel y al nuevo colono de Europa-EEUU, es algo inaudito en cualquier circunstancia, y más ahora mismo y teniendo en cuenta los principios éticos y “cristianos” = pacificadores, que fundamentan a Europa, incluida la muy católica España con su muy católica Monarquía. Europa es tan rica en teóricos como la Iglesia y las monarquías en hacer guerras y esclavizar pueblos del mundo, porque tienen desde siempre esa inclinación y no la han perdido, qué va. Aquí cada uno a lo suyo: los ensotanados, a atontar conciencias; y los civiles a hacer el resto del trabajo: control ideológico, control social y policial, control del pensamiento libre y protección de los ensotanados, porque trabajan en equipo.
Cadena de infortunios
El cambio climático, los incendios, el abandono rural y los gobiernos que eligen preparativos de guerra y medios de muerte a recursos y medios de vida reforzando países y organizaciones como la OTAN- con su demonios a punto de disparar- o a Israel, que tiene desatados a todos los del infierno-si lo hubiera- asesinando noche y día sin que nadie les ponga límite, ni siquiera los países de los BRICS en su conjunto,- a excepción honrosa de Sudáfrica- ¿es una cadena de casualidades todo eso, o es otra cosa? Deberíamos saberlo ante tamaña destrucción y malas perspectivas. Así que podemos intentarlo, comenzando por algo que tiene su sitio este mes de Agosto: La reunión de Trump y Putin en Alaska para ponerse de acuerdo sobre Ucrania sin que nadie de Ucrania haya sido invitado. Deciden entre ellos el destino de Europa sin que ningún gobierno europeo haya sido invitado. (¿Solo el destino de Europa?)
Los últimos lobos de Alaska
La reunión de estos dos incendiarios de las relaciones políticas y humanas del mundo que apoyan el sionismo y el genocidio al pueblo palestino sin que este tenga más derechos que el de ser asesinado hora tras hora, recuerda una reunión entre dos lobos que se quieren comer las ovejas de Ucrania y tomar de postre sus tierras raras y menos raras y el control de su pueblo partido en dos y de sus políticos que, por cierto, nada tienen que ver con democracias, derechos humanos, y todo eso que nuestras queridas democracias aborrecen, pero se han vuelto tan tolerantes que no les importa apoyar a los fascismos de Zelenski de Trump o de Netanyahu.
Nos enseñaron que el fascismo es malo para la salud; para la pública, porque privatiza la sanidad, externaliza lo público, sube precios y baja salarios, ahoga sindicatos, recorta pensiones y cercena libertades, atenta contra partidos de izquierda o sedes de partidos, inventa patrullas de desokupas, acoge sin trabas a fondos de inversión para que nos cierren nuestra casa, alojen turistas en ellas y nos expulsen de nuestros barrios. Nos enseñaron que eso lo hace el fascismo y que es malo. ¿Para todos?... qué va. Los fascismos ayudan a crecer las grandes fortunas y cuentan que el país crece mientras decrece. Todos los gobiernos mienten y más ahora, que existe una gran internacional de ricos del mundo cuyo objetivo es seguir llenando sus paraísos y hacernos callar cuando decrecemos en todo lo que prometen los discursos electorales para mejorar nuestras vidas: trabajo, sanidad, educación, derechos sociales y laborales, vivienda... Esas pequeñas cosas que alegran a los asistentes a los mítines cada cuatro años y vuelta a empezar.
Regresando al Pleistoceno
En la pendiente del regreso al Pleistoceno se ha incorporado en Europa para octubre el proyecto de aprobar una ley de intervención y control de medios de comunicación -como WhatsApp y Telegram- que precisa tan solo el sí de Alemania. La excusa: defender la democracia de bulos y noticias falsas. Constituida la Unión Europea en Tribunal de la Verdad a la vieja usanza inquisitorial, quiere impedir mensajes inconvenientes para la democracia que se puedan transmitir por canales y redes alternativas y que apuesten por la paz, la justicia, el fin del rearme, el retroceso de las libertades y derechos a tiempo conquistados, o el aumento del gasto público, ya sea en sanidad, educación, pensiones y cuidados, porque todo eso debe privatizarse a favor de fondos de inversión. Y quien se oponga a ese proceso del desmantelamiento de la vida colectiva por medio de la palabra hablada o escrita será castigado si sale adelante esa ley a partir de octubre. ¿Es esto fascismo? Lo es. Pero ¿no venían diciéndonos que el fascismo es malo?
Aquí cada cual pretende arrimar el ascua a su sardina, pero el pueblo no tiene ascua porque su conciencia colectiva ética y como clase social está apagada, así que se queda sin ascua y sin sardina y entonces solo le queda rendirse, que es lo que hace tan a menudo nuestra absurda civilización materialista. ¿Tiene esto solución? La tiene, pero si algo es evidente es que de momento no estamos en buenas manos para dar con ella. Los pueblos tienen la palabra, y la palabra es poder como lo es el pensamiento. Debemos defender eso como un tesoro.