TRIBUNA

2026, la esperanza del 'No pasarán' o errores de siempre ante la nueva extrema derecha

Extracto del dibujo de Picasso escogido por Calvino para su edición de El vizconde demediado de 1952
Algo se da sobremanera en esta evolución de la extrema derecha; el deseo común por la ruptura, el cambio radical, la rebelión e incluso de revolución. 

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Es indisimulable que la extrema derecha está reorganizándose y desarrollándose casi de manera simultánea en occidente, no es menos cierto que hay contraejemplos tanto en Europa, Polonia donde el centro liberal pudo derrotar recientemente a la derecha radical del país; o el de Brasil, donde la izquierda de Luiz Inácio Lula da Silva recuperó, mediante una amplia coalición, el poder frente a Jair Bolsonaro; o el de España, donde la alianza entre la derecha tradicional PP y la extrema derecha de VOX fue contrarrestada por una alianza entre la socialdemocracia y la izquierda, abierta a nacionalistas vascos y catalanes.

La explicación a ese declive ideológica es que la gente se conforma con líderes que no son más que alternativa de payasos que llegaron al poder por accidente. Son personajes de cuya capilaridad podemos seguir burlándonos, colgando montajes en las redes sociales con imágenes en paralelo del cabello de Trump, Milei y Wilders. Y es que la rebeldía se tornó de derechas ya que podemos constatar la existencia de al menos tres líneas de tensión entre las distintas sensibilidades de la nueva “derecha radical”. 

¿Cómo contrarrestar el masculinismo, el extractivismo, la xenofobia y el individualismo con feminismo, el cuidado de personas, animales y planeta, la hospitalidad y lo colectivo?

La primera: “la tensión entre estatismo y antiestatismo”, que afecta por igual a libertarios y neorreaccionarios, pasando por diversas combinaciones intermedias. La segunda: “occidentalismo y antioccidentalismo”, tendencias como el ecofascismo y diversas utopías primitivistas se suelen apoyar y la tercera tensión es geopolítica: Matteo Salvini, Marine Le Pen y Viktor Orbán se mantienen cercanos a Rusia, mientras que Vox en España, Chega en Portugal y Hermanos de Italia, la agrupación de Meloni, son claramente atlantistas. Ocupando entre todas todo el marco ideológico posible. 

Dibujo de Picasso escogido por
Calvino para su edición de 
El vizconde demediado de 1952

La elección de Milei en Argentina es un ejemplo elocuente. Su crecimiento como figura política es un producto puro del sistema político y de la crisis económica que vive el país sudamericano: ha logrado encarnar a la vez el rechazo visceral del peronismo que gobernó Argentina durante décadas y una supuesta respuesta a una inflación de más de 100% anual. Otro ejemplo nuestro país, España, donde se ha ido normalizando discursos de extrema derecha que hace unos años sería impensable, así nos encontramos el insulto como concepto, la discriminación como idea o la violencia como solución que han hecho de estos partidos de extrema derecha sean presentado como partidos que se han moderado y todo ello blanqueado desde distintos “Institutos o centros de investigación” de distintas y variadas Universidades. O la masacre en Gaza, atizada por los ministros supremacistas judíos Ben-Gvir y Smotrich liderados por Netanyahu, si bien estos necesitarían de un artículo de opinión aparte.

Lo común es que todas las extremas derechas muestran formas de reforzar la identidad que implican invocaciones a la cultura y la tradición, fundamentada en los extremos Norte-Sur. Si bien no todas se centran en los mismos objetos. Paradigma de esta referencia ha sido Francia con Le Pen. Otra cuestión que destacar es un masculinismo asumido, pero esto no es sistemático. Muchos movimientos han cedido el liderazgo a las mujeres y pretenden ser feministas eso sí, ignorando al mismo tiempo los elementos estructurales, en particular el derecho al aborto. Ahora bien, algo se da sobremanera en esta evolución de la extrema derecha; el deseo común por la ruptura, el cambio radical, la rebelión e incluso de revolución. 

¿Cómo contrarrestar el masculinismo, el extractivismo, el productivismo, la xenofobia y el individualismo con el feminismo, el cuidado de las personas, los animales y el planeta, la hospitalidad y lo colectivo? “La lucha” sólo podemos desarrollarla desde una mirada multidimensional que recoja el proceso electoral y “antisistema”, local e internacional, mediática e íntima, inédita y portadora de la memoria de luchas y victorias. Pero no puede prescindir de conocer de cerca las trayectorias, el corpus, los golpes de fuerza, la retórica, los métodos, los trucos, trampas y las políticas de alianza del adversario. No para imitarlos, sino para mejor conocerlos, pongo algunas de ellas sobre la mesa, e insisto, sólo así podremos desmontar sus resortes, revertir sus éxitos y repatriar para el lado del progresismo el proyecto de cambio radical de la sociedad que tanto necesitamos y necesitaremos.