jueves. 04.06.2026
TRIBUNA

Fútbol es fútbol

El fútbol, ya se sabe, no es una cuestión de vida o muerte, es mucho más que eso.
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El fútbol, ya se sabe, no es una cuestión de vida o muerte, es mucho más que eso. Lo dijo Bill Shankly y, para mucha gente, eso es así. Una actividad física tan simple como dar patadas a una pelota tiene que tener algo más que lo que se ve a simple vista, ya que es capaz de provocar la emoción de cientos de millones de personas en todo el mundo.

La cosa no consiste solo en once diestros y aventajados atletas corriendo detrás de una bola elástica enfrentándose a otra cuadrilla, como lo describió Tierno Galván. El mismo, y famoso, bando del viejo profesor hablaba del entusiasmo que, eso, suscita en "todas las naciones del universo mundo".

Probablemente habría menos emoción sí, siempre que jugara un equipo donde un solo jugador cobrara mucho más que todo el equipo contrario, ganara. Ver a ese jugador regateando a jugadores del otro equipo como si se tratara de una película de juegos animados sería muy bonito pero, hay que estar seguros, muy aburrido y poco emocionante. Para evitar eso, el fútbol tiene reglas que tratan de definir las formas que tienen los contendientes de disputarse el balón.

La habilidad para esconder el balón al contrario se puede contrarrestar con velocidad y fortaleza para arrebatárselo al jugador más hábil. Pero el límite del empleo de esa fortaleza no se valora mediante unidades físicas medibles, sino a través de la evaluación que hace un personaje fundamental en el juego: el árbitro. El reglamento del juego trata, como en los códigos de justicia, de describir ese límite entre lo legal y lo ilegal pero, no tratándose de algo científicamente medible, ha de ser decidido por un ser humano dotado, él también, de emociones y, sobre todo, de libre albedrío. El resultado es que, cada acción en un partido de fútbol es juzgada por varios millones de personas a la vez, con la posibilidad de que haya sido vista de varios millones de formas distintas. Pero solo vale una, la del árbitro. Sea una falta, un penalti, un fuera de juego o, incluso, un gol, no existen si el árbitro no emplea su silbato para dar validez a ese hecho.

El fútbol se compone de jugadas espectaculares, de fallos estrepitosos, de acciones de interpretación legal dudosa y de sospechas de adulteración del juego

Con frecuencia, en realidad la mayor parte de las veces, lo que decide el árbitro no suscita el consenso entre todos los espectadores. La causa es el color de la camiseta de cada equipo y la forma del escudo del club correspondiente que figura en dicha camiseta y, lo que es más importante, en el cerebro, el corazón o las tripas de sus seguidores. Debido a ello, cada uno puede interpretar algo distinto y achacar oscuros motivos del árbitro si su decisión es diferente. La cosa se complica porque el resultado de un partido de fútbol suele decidirse por un solo gol. Por eso, puede ocurrir que una, una sola, decisión del árbitro pueda decidir el resultado de ese partido. Y, cuando un campeonato se encuentra muy competido entre dos o tres equipos, ese resultado puede decidir, también, ese campeonato. Todo eso colabora a la emoción del juego.

Podría hablarse, incluso, de una emoción sistémica. La cosa está así. Fútbol es fútbol podría ser una traducción libre del poema vasco Xoría xori, de Joxean Artze, que recuerdo con frecuencia: "Si le hubiera cortado las alas, habría sido mío, no se me habría escapado. Pero así, habría dejado de ser pájaro. Y yo, lo que amaba era el pájaro".

El fútbol se compone de jugadas espectaculares, de fallos estrepitosos, de acciones de interpretación legal dudosa y de sospechas de adulteración del juego. Todo ello es fútbol. Aunque se trate de complementar la labor del árbitro con sistemas informáticos, la sospecha de trampa siempre explicará una derrota de tu equipo. Y cuando se emplee la IA, las sospechas podrán llegar hasta Elon Musk o el gobierno chino.

Ahora que, dicho todo lo anterior, Negreira, como las meigas, existir, existe. Parece que, eso, también es fútbol. La vida misma.

Fútbol es fútbol