martes. 27.02.2024
Foto de archivo

La división del movimiento feminista y el desprecio a sus luchadoras desde sus reinicios en la transición, como hacía mujeres jóvenes abolicionistas, provocada por las cúpulas de Podemos, hacía necesaria una nueva aportación al debate y la denuncia de la situación que se vive y de quien la provoca.

Soy admirador y simpatizante de las feministas, decir otra cosa sería fatuo. La aportación de las mujeres a los avances sociales y la creación de un espacio crítico con respecto al patriarcado ha sido fundamental desde mediados del siglo XIX e inicios del XX. No merecían las feministas del estado español el trato que reciben de un partido político que prefiere romperlas con tal de controlar y hacerse con una bandera que en modo alguno le corresponde.

Solo añadiré al igual que muchas mujeres que el patriarcado hoy es una construcción capitalista, fruto de una sociedad desigual, repleta de supersticiones religiosas y una moral que tiende a fortalecer el poder masculino anulando y sometiendo a la mujer. A lo cual hoy, se añade por parte de las élites de “la izquierda” postmoderna y populista negar a las mujeres, negando su sexo. El patriarcado no podía permitir la lucha de un sexo doblemente explotado y siempre violentado como es la mujer, pero que iba consiguiendo logros y victorias al sistema y ha encontrado aliados en una “izquierda” sin rumbo.

La aportación de las mujeres a los avances sociales y la creación de un espacio crítico con respecto al patriarcado ha sido fundamental

Al objeto de defender un feminismo imbricado en la lucha de clases y emancipatorio hay que rescatar a Flora Tristán, antecesora de Marx e inspiradora de Marx que la siguió, leyó y que elaboró una teoría feminista, Flora unía emancipación obrera a emancipación de la mujer. Unión Obrera llamó y fue ella la creadora de la consigna “proletarios de todos los países uníos”. Ya con esto levantaba una bandera que recogerían las mujeres socialistas con Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin a la cabeza cuando impulsaron la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de 1906 con un trabajo no solo en pos de la consecución del voto femenino sino como impulso de una sociedad igualitaria, hacía el socialismo e imbricada en la lucha del movimiento obrero conscientes de que al igual que la Internacional, la igualdad de la mujer llegaría con la emancipación del género humano. Porque el género no es un sexo, es la humanidad.

A diferencia del sufragismo burgués cuya importancia y conquistas no podemos negar, la Conferencia de Mujeres Socialistas unía derecho al voto con alcanzar la emancipación y el reparto de la riqueza. Quien más sufría y sufre la miseria siempre son las mujeres. Al tiempo los partidos obreros recogían todos ellos sus aportaciones y las hacían su programa. No voy a inventar un panorama idílico, la cultura imperante del XIX, la pobreza que generaba ignorancia y brutalidad hacía que muchos componentes del movimiento obrero fueran machistas, por eso los partidos y sindicatos de clase desarrollaron una labor educativa y pedagógica muy importante entre las clases trabajadoras ya conscientes entonces de que una educación en igualdad era imprescindible para construir una nueva sociedad. Una educación que unieron a la lucha contra la prostitución como síntoma de la mayor esclavitud femenina. Estas ideas, hoy tienen plena vigencia, yo añadiría más vigencia incluso que en los años treinta del siglo XX pues el retroceso cultural y de ideas que sufrimos es aterrador, también en las propias elites mesocráticas de “izquierdas”.  

Una educación que unieron a la lucha contra la prostitución como síntoma de la mayor esclavitud femenina

El socialismo siempre trató la dominación de la mujer desde dos puntos de vista, pero coincidentes y complementarios, Marx denuncia, es un sujeto de producción destinado a la reproducción y esa es su aportación y su esclavitud al ser productora de fuerza de trabajo para el capitalismo, es decir la mujer forma parte de la cadena de producción capitalista. Pablo Iglesias el fundador del partido obrero en España era un marxista ortodoxo luego asume ese postulado, pero además añade el aspecto de mujer como esclava sexual, fuente de placer para el hombre a la fuerza y por tanto condena duramente al igual que Marx la prostitución. Finalmente en el estado español, la II República abole la prostitución en España.

No acabaré sin señalar que Rosa Luxemburgo distinguió perfectamente al igual que Clara Zetkin la diferencia entre el feminismo burgués y el feminismo socialista, pues el socialismo planteaba la emancipación femenina en una sociedad sin clases con la riqueza repartida, por lo que el sufragio femenino no era un fin en sí mismo, sino una forma de lucha por cambiar el sistema.

Hoy podemos hablar utilizando un lenguaje más moderno, de feminismo cooptado por el neoliberalismo, multinacionales farmacéuticas y globalista es decir burgués y feminismo por la abolición de cualquier forma de mercantilización femenina, la igualdad radical entre mujeres y hombres, frente al capitalismo que considera a la mujer ser gestante, máquina reproductiva y trabajadora explotada al igual que sus compañeros de clase, y por tanto socialista.

Acabo, sin organización política no hay nada que hacer. Las ideas sirven pero hacer solo ideología sin tener práctica en la lucha de clases diaria es inútil y siempre nos vencerán, más ahora con el adversario “dentro”.

El feminismo, la lucha de clases y el socialismo