miércoles. 21.02.2024

Existe un papel, una profesión, un cargo político en la vida que exige una gran responsabilidad aún cuando todo ha terminado. Y del que uno no puede desprenderse ni después de los gritos, de los noerestusoyyo y de los bloqueos en Instagram. Porque, aun cuando ya no eres nada, seguirás siendo algo: su ex.

“Cuando una relación se rompe, muere un dialecto”, leí el otro día a Irene Vallejo. Y es verdad. Porque dentro de la pareja se crea una forma única de hablar, de mirar, de tocar, de cocinar y hasta de limpiar. Se inventan palabras, frases que aluden a recuerdos pasados conjuntos, nuevos insultos y apodos, y gestos que nadie más es capaz de descifrar. Eso es, precisamente, lo que lo hace excitante, la intimidad.

Por eso, el día en que lo dejasteis murió una forma de hacer paella. Esa que era un batiburrillo entre la receta de su abuela, la de tu padre, y la de su tío Juan Carlos, al que para tu gusto siempre se le pasaba el arroz. 

Aun cuando ya no eres nada, seguirás siendo algo: su ex

Pero ahí estabas tú, preparando una paella al estilo de su tío segundo, debatiendo con su tío segundo sobre si era mejor hacer la paella con un arroz u otro, y sintiendo cómo este clavaba la mirada en cada gamba que pelabas deseoso de enseñarte a hacerlo de otra manera.

Nunca se siente igual una ausencia que el día en que vuelves a cocinar, esta vez solo, y sigues sin resignarte a hacer la receta de su tío, que nunca te gustó, pero a la que con la costumbre has terminado por coger cariño. O ese día en que consigues el trabajo del que tanto hablasteis en otra vida (en realidad, la misma) y ya no tiene sentido escribirle un Whatsapp para contárselo. O cuando piensas en que, entonces, tus hijos ya no llevarán su apellido, que tan bien encajaba con el tuyo. Y no se llamarán como un día dijisteis que se llamarían.

Lo cierto es que existen muchos tipos de ex. Los hay que te recuerdan con aprecio. Otros dicen que estás loca. Los hay que aún te tiran la caña de vez en cuando. Y los que debían estar en peligro de extinción (algunos, tal vez, lo merecían) porque desde que salisteis del instituto no volvisteis a veros más. Están los que te tienen bloqueada hasta en Facebook (no vaya a ser que su nuevo amor descubra lo que tuvisteis). Los que se dieron a la fuga. Y los que aún están esperando a que vuelvas. 

Un ex es esa persona de quien sabes todo de memoria, aunque con el tiempo se te vaya olvidando

Sin embargo, todos tienen algo en común: saben cómo son tus pies, y tú sabes cómo son los suyos, y no existe un medidor de la intimidad más evidente que ese. 

En definitiva, un ex es como un ser querido con el que hablas tres veces al año: para felicitarle por su cumpleaños, para felicitarle el año nuevo, y para preguntarle esporádicamente por sus padres y por su perro (que un día también fue el tuyo). 

Es esa persona de quien sabes todo de memoria, aunque con el tiempo se te vaya olvidando, del que hablas a los futuros chicos que algún día serán tus ex, y al que miras con distancia, mientras celebras todas aquellas victorias que un día, o en otro tiempo, fueron de los dos.

Sabes que es tu ex por muchas cosas. Roncaba. Te era infiel. Te hacía gaslighting. Era aburrido. No le gustaba Taylor Swift. O no sabía aparcar.

Pero durante un tiempo, hablasteis una misma lengua. Y le sigues queriendo con inocencia y con monería porque, a pesar de todo, siguió compartiendo el Netflix contigo hasta que la plataforma lo prohibió.

Y eso sí que es amor para toda la vida.

Ex