miércoles. 28.02.2024

En lo que se refiere a estos intereses saco a colación el siguiente apartado de la segunda parte de la obra “¿Es posible otra economía de mercado?”

Otra de las coyunturas que hay que tener en cuenta en lo que se refiere a la masa dineraria, es la que se genera como consecuencia de la participación del interés en el contenido de las operaciones llevadas a cabo a través de las acreditaciones.

Es por todos conocido que el rendimiento que es preciso pagar por la utilización del crédito, constituye un factor que se encuentra más allá de lo que como disponible existe en el mercado. Ésta es una situación que acostumbra resolverse generando más bienes y servicios (obligando con ello a tener que a poner en circulación un mayor número de medios de cambio). Lo cual representa que al haberse incrementado la masa dineraria como consecuencia de un incremento de las riquezas, el Capital se ha apoderado de una parte substancial de los bienes existentes en el mercado. Exactamente lo que han constituido sus beneficios.

Más allá de lo que ha sido comentado en esta cita, tenemos además que enfrentarnos con el hecho de que en una situación en la que nuestra economía es incapaz de superar su necesidad de endeudamiento, sólo para pagar la Deuda, hemos de contraer aún más Deuda. Y para mostrar tan solo algunas de las concausas que originan el déficit de nuestra Balanza de Pagos, tenemos los intereses que hay que abonar para cubrir las carencias de unas coberturas sociales que no han sido cubiertas con las imposiciones a los beneficios obtenidos por las empresas; por la naturaleza de un sistema en el que las pérdidas de muchas entidades privadas, como el rescate de una banca corrupta, de unas autopista que no han resultado rentables; la utilización de una parte substancial de este endeudamiento en estructuras y proyectos totalmente carentes de rentabilidad, y por último (aunque con ello no se ha cerrado el grifo), por el mantenimiento de una Administración y unas Autonomías, que se han convertido, la primera en una agencia de colocación, y las segundas, en una hidra con diecisiete cabezas. Diecisiete testas, que a través de la defensa subjetivas de sus identidades, se han transformado en algo que excede a lo que hemos venido contemplando como mitológico. Con lo cual, el sistema financiero (y con él el modelo económico que nos caracteriza), más tarde, o mejor aún, más pronto, tendrá que estallar.

En un siglo en el que supuestamente hemos desarrollado un cierto nivel cultural, se compatibiliza el enriquecimiento con el aumento de las injusticias

A mi entender, si lo que está ocurriendo tendría que ser catalogado como algo quimérico, el despertar va a ser de fábula. En un siglo en el que supuestamente hemos desarrollado un cierto nivel cultural, Minerva se ha convertido en una alegoría que está siendo utilizada para compatibilizar el enriquecimiento con el aumento de las injusticias.

Y sin embargo, después de todo lo que se ha dicho, no podemos demonizar lo que para una economía representa el interés. Y es que a pesar de que constituye una obligación que nos endeuda, al mismo tiempo es un instrumento que nos posibilita en gran manera materializar las expectativas que se derivan de la iniciativa privada; una iniciativa que de no existir el tener que pagar un interés, el desarrollo de la economía se vería sensiblemente reducido. Es algo parecido a lo que ocurre con el pago de la renta no ganada que tiene lugar con el alquiler de una vivienda, con la compra de un coche a través de un pago diferido, o de un traje de primera comunión. Es el resultado de hacer uso de una acumulación, que en su cara positiva permite materializar lo que en su cara negativa, como medio con el que incrementar las diferencias, supuestamente debía de impedir. que para.

La última noticia que han tratado que asumamos como una necesaria subsistencia, es que aceptemos que el pago que tendremos que abonar por los medicamentos no constituye un repago, sino tan solo una aportación con la que subvenir el alto costo de nuestra Sanidad. Yo entiendo que no es tolerable que desde el Poder se nos diga cuan sabio es el pueblo y que al mismo tiempo se nos siga tratando como imbéciles. Aquí ni dimite nadie, ni existe un poder que los obligue a dimitir. Porque todo está claro. "Salvo alguna cosa." Como dijo M. Rajoy, refiriéndose a la corrupción imperante en su Partido. Y estamos en la Champions League. Y vamos a volver a asombrar al mundo. Y los temores sobre los efectos radiactivos en Fukushima son infundados. A mi entender, Gepeto, el carpintero que dio forma a Pinocho debería de haber sido español. De otra manera no se entiende como pueden existir en este país tantos especímenes de su obra. 

En cumplimentación del último de los objetivos que me propuse sacar a la palestra en el primer artículo de esta serie, paso a hacer un análisis de las situaciones que se han derivado de nuestra incorporación a la Unión Europea; así como de las medidas que a mi entender serían preciso implementar para que con la transformación de este falso modelo de economía de libre mercado, esta incorporación pudiera llegar a ser una unión verdadera.

Cuando en 1957 pretendieron unificar en una sola unidad lo que durante siglos en Europa había sido un conjunto de naciones enfrentadas entre sí, elaboraron una nebulosa en la que, si durante cierto tiempo se trató superar las disparidades que existían entre ellas, cuando se nos vendió que había que darle consistencia estableciendo una moneda única, en el celaje se nos ocultó, que un medio de cambio que nos vinculaba a todos en lo que hubiera de ser lo común, no era la mejor forma de conformar una unidad en la que las diferencias estructurales no habían sido superadas. Si entendemos que una unidad debe ser lo que como conjunto se requiere para lograr un todo, es imposible que las diferencias estructurales que determinan la naturaleza del proceso productivo de cada miembro de esta Unidad puedan posibilitar una verdadera unión. Y esto no lo estoy diciendo porque crea que en aras a un necesario entendimiento tengamos que renunciar a lo que hubieran de ser nuestras propias raíces. Lo digo, porque más allá de esta defensa, se encuentra la de los intereses individualizados que cada una de las partes implicadas invoca en este proceso.

Es necesario equiparar la rentabilidad relativa en el proceso productivo que se genere entre los miembros que compongan este espacio común 

No voy a sacar a colación en este artículo las innumerables circunstancias negativas que ha conllevado nuestra inserción en la UE. No voy a hacerlo porque sobre este tema se ha escrito hasta la saciedad. Puede que si hubiéramos sabido utilizar los fondos de cohesión que nos facilitaron para modernizar nuestra estructura productiva, con su prestación hubiéramos podido minimizar la brecha que está separándonos. Y digo “puede”, porque con independencia de la dolosa utilizaron que de aquellos fondos llevaron a cabo nuestros gerifaltes, ya se preocupó la UE que los mismos no se emplearan en proyectos que pudieran competir con sus propias estructuras productivas.

Se han utilizado infinidad de argumentos tanto para que permanezcamos dentro de ella, como para que salgamos de la misma.

En el ámbito de los que consideran como más conveniente continuar en esta unión, algunos sesudos ecónomos han aducido, que para llegar a unificar a Europa, es necesario consolidar una política fiscal común. Sin entender que esta política fiscal, en una Europa donde prima el lobby organizado para presionar sobre determinados intereses, ha de crear mayores disfunciones que lo que con ella se hubiera pretendido superar. A mi entender es preciso ir mucho más allá. Es necesario equiparar la rentabilidad relativa en el proceso productivo que se genere entre los miembros que compongan este espacio común. Y esto es algo que sólo puede conseguirse cuando éstos se consideren partes integrantes de un Todo.

Alemania lo consiguió, unificando lo que cultural y lingüísticamente había formado parte de su propia identidad. En una comunidad de vecinos esta unión identificativa no es ni siquiera una utopía. Aquí las banderitas y todos los que las tremolan, viven y piensan a su sombra. Para lograr el proyecto que aquellos soñadores pretendieron en los años cincuenta, es totalmente necesario alcanzar una unidad en la cual podamos encontrarnos y entendernos. Esa unidad tendrá que ser aquélla en la que estando todos, ni nos hayamos excluido, ni hayamos excluido a otros. Y esto es algo que la raza humana aún no ha sabido metabolizar.


Nota: Esta serie la comencé a escribir en enero del 2016

Enriquecimiento y aumento de las injusticias