martes. 27.02.2024
deseos

El sentido práctico del ser humano nos lleva desde tiempo inmemorial a crear cada 1 de enero un mundo de nuevas oportunidades, siguiendo el buen criterio de que en vez de esperar a que venga lo mejor es procurárselas uno mismo. Con cada nuevo año, nos hacemos la espléndida ilusión de que ponemos el contador a cero, de que podemos volver a empezar.

Me sumo a esa ilusión y a esa tarea deseando, como siempre, muchas cosas, entre las que me atrevería a destacar una serie de pequeños despertares cotidianos.

Deseo, para el bisiesto 2024, que nos demos cuenta de que las cosas no pasan sin más, pasan por algo. Por poner un ejemplo que muchos hemos vivido y viviremos a lo largo de estas vacaciones, deseo que cuando nuestros conciudadanos se sientan tratados como ganado en un aeropuerto no se crean que es por razones de seguridad, sino por unas reducciones del personal de tierra cuyo único afán es el incremento de los beneficios de las compañías aéreas. Y deseo que sean conscientes de que esas compañías lo hacen al amparo de unas directivas que no vienen del cielo, sino de votar neoliberal cuando hay elecciones europeas.

Deseo, para el año que se nos viene encima, que pongamos en duda a los embusteros, en cuarentena a los censores y a raya a los violentos, lo mismo físicos que verbales

Deseo, para el año que estamos esperando con el buen deseo de que sea mejor, que nos demos cuenta de que lo será si nos lo peleamos, y que eso implica cosas tan sencillas como pulsar menos veces “acepto” cuando nos piden algo al bajarnos descargas con el móvil, porque con los datos que estamos cediendo se fabrican luego herramientas que acaban con puestos de trabajo. Detrás de la inteligencia artificial hay mucha inteligencia humana, pero sobre todo hay mucho listo.

Deseo, para el año que se nos viene encima, que pongamos en duda a los embusteros, en cuarentena a los censores y a raya a los violentos, lo mismo físicos que verbales. Son siempre muy fáciles de reconocer: predican la paz y practican la violencia. Acusan a otros de guerracivilismo y son los que lo añoran. Desconfío de ellos, de su mensaje de que todos son iguales. Cuando alguien me dice que todos son iguales no solamente miente, sino que muy probablemente va a votar doble, porque a su voto en contra mía sumará mi abstención, si soy tan ingenuo como para dársela.

Deseo, en fin, que tiremos a la basura como fruta podrida la idea de que tenemos que esperar con paciencia y resignación lo que nos llueva, para sustituirla por la conciencia de que son las personas las que dan forma a la vida. Con la palabra en vez de con palabras, con la conciencia en vez de con la queja estéril. He visto cosas que no creerías, decían en aquella famosa película, pero siempre las he visto cuando la gente ha tomado en sus manos las riendas de su vida y, cómo mínimo, ha salido a votar. Feliz 2024.

Deseos para el 2024