El deporte y las apuestas deportivas. ¿Dos caras de la misma moneda?
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La pasión por los deportes y los juegos de apuestas han ido de la mano desde su origen. Los frontones de pelota a mano, los concursos de cortes de troncos o cualquier partido de fútbol o beisbol siempre han sido escenarios donde, además de participar, siempre se busca ganar. Ganar los propios colores y además conseguir ingresos económicos consecuencia de acertar con el resultado o con quien es el vencedor de los duelos deportivos.
Las probabilidades deportivas o esports odds son siempre sistemas de elección de decisiones basadas en un conjunto de factores como la situación actual de cada equipo en liza, su lugar en las tablas de calificación deportivas y como no los factores subjetivos de las preferencias del jugador. Está demostrado que los seguidores de un club de fútbol siempre tienden a apostar más a favor de sus colores aunque las probabilidades de éxito sean escasas.
Desde la aparición de los juegos online existen plataformas en las que apostar en un número elevado de actividades deportivas, que recientemente han incorporado también formas de pago o inversión con criptomonedas y otros sistemas modernos de pago.
En el mundo del fútbol no sólo europeo, sino también mundial, podemos observar como los equipos más fuertes, los que casi siempre llegan a las fases finales de los campeonatos, tienen los presupuestos más elevados. Es una proporcionalidad, que excepto en raras ocasiones siempre, se cumple. A veces salta la sorpresa y un equipo “no favorito” y con escaso presupuesto se cuela en los cuartos de final o semifinales de la Champions League, por ejemplo.
Contar con los mejores entrenadores y las estrellas más rutilantes de muchos países en unos pocos equipos supone una centralización de recursos económicos, medios audiovisuales-principalmente televisión y radio-, y seguimiento masivo de audiencias millonarias que genera importantes recursos económicos en publicidad. Las grandes marcas mundiales se pelean por esponsorizar esos equipos y campeonatos porque son conocedores que el seguimiento masivo de público que generan les proporcionarán retornos de ventas importantes.
Cuando en un país los equipos con más seguidores caen pronto en los grandes campeonatos inmediatamente se nota en el volumen de apuestas que disminuye notablemente así como la afluencia a los bares o lugares de apuestas. La eliminación de equipos como el Real Madrid de España, el Bayer de Munich de Alemania o el Manchester City de Inglaterra, con un gran número de seguidores en todos los continentes supone inmediatamente una caída en los volúmenes de facturación de las empresas de apuestas que operan a nivel mundial.
Las jóvenes promesas futbolísticas de países como Argentina o Brasil rápidamente son descubiertas y ofrecidas por los agentes futbolísticos a los equipos punteros de los países europeos con mayores presupuestos lo que eleva el valor de las ligas de este continente frente al resto. El duelo que ha existido durante muchos años entre jugadores como Messi y Cristiano Ronaldo, cuyas caras llenaban espacios publicitarios en todo el mundo, no ha encontrado todavía los nombres de los futbolistas que les sustituyan. Quienes les sustituirán es todavía una incognita.
Sin duda el factor arrastre de la máxima rivalidad entre “los mejores” es un motor de actividad deportiva y económica que aumenta el interés por ese deporte. Sin rivalidad, sin los enfrentamientos necesarios para decidir quien es el mejor, el que mete más goles, el que al final levanta la copa del triunfo, la pasión por cualquier actividad deportiva decae.
Los espectadores necesitan saber quien es el ganador y quien es el perdedor. Sólo puede quedar uno al final. Quedar segundo es ser un perdedor y esa cultura tan competitiva y podríamos decir “darwiniana” es alimentada constantemente generando muchos de los problemas de salud mental en deportistas y jóvenes que aspiran sólo a ganar. No basta ya con participar, con disfrutar del deporte por el deporte, del compañerismo y la competición como generador de alegría y solidaridad colectiva. Lo que importa es ganar y como sólo puede ganar uno eso genera un número muy elevado de perdedores.
Las apuestas deportivas por el contrario ofrecen la posibilidad de ganar en cada juego, en cada envite. Es uno de los atractivos del juego. Si aciertas ganas, si te equivocas pierdes. No deja de ser una actividad absolutamente personal en la que tu decisión es lo relevante, independientemente de lo que hagan los demás, de quien es el mejor y quien es el segundo. (O sea el perdedor)