miércoles. 28.02.2024
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Cuando se siembran vientos, se cosechan tempestades. La OTAN no perdió ni un segundo. Tras la autodisolución de la URSS, alentó la guerra de los Balcanes que despedazó el espacio de convivencia que representaba la República Federal de Yugoslavia. Seguidamente, expandió sus bases militares por todo el Este europeo, hasta las mismísimas fronteras de Rusia. Hizo todo lo necesario hasta provocar el actual conflicto armado en Ucrania.  Sin embargo, no parece que le estén saliendo bien los planes. Sus sanciones económicas y bloqueos comerciales contra Rusia se revelan impotentes, provocando, ¡eso sí! mayores dependencias USA, penuria y miserias a los pueblos de Occidente. Se multiplican los rechazos al globalismo unipolar yankee, al tiempo que prosperan vías alternativas de relación y cooperación entre los pueblos. Se consolidan los BRICS como principal foro económico mundial y se amplían, en una primera fase, con la incorporación de Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Etiopia y Argentina.  

Curiosamente, muchas de esas Naciones integran el Medio Oriente, un espacio tan estratégico como explosivo. Irak, Libia, Yemen, Siria, Líbano o Túnez acreditan bien cómo las llamadas “primaveras árabes” que Occidente promovió resultaron ser sangrientos inviernos para sus pueblos y para la Paz. Esa “región–polvorín” de nuevo se incendió. Explotó la desesperación del pueblo palestino ante las extremas e insoportables condiciones de vida que “manu militari” impone Israel: invadido, ocupado, segregado en guetos, perseguido y reprimido. Ante el terror que, desde hace decenios, viene desatando el régimen sionista, con la activa ayuda de los EE.UU, de la UE, de Occidente y ante la pasividad de la ONU, las fuerzas progresistas del Mundo no se suman a las Derechas. No responsabilizan ni criminalizan a quienes tienen todo el derecho a resistir y rebelarse ante el exterminio del que son objeto.  

Así, el Polo de la Izquierda  DENUNCIA el régimen de terror impuesto al pueblo palestino por la ultraderecha que gobierna Israel. Asimismo CONDENA la colaboración militar marítima del Gobierno de España en los  actos de genocidio que se están cometiendo en Gaza y Cisjordania. Finalmente, CONSTATA la doblez política de quienes repentinamente se suman con aparente radicalidad a las múltiples y multitudinarias movilizaciones de Solidaridad, mientras permanecen en un Gobierno que colabora con el régimen sionista de Israel, del mismo modo que apoya activamente a la OTAN en su guerra contra Rusia en Ucrania, o que respalda las políticas del régimen alauita contra el pueblo Saharaui.    

En fin, mientras asoma un Nuevo Mundo y el viejo se resiste a desaparecer, llenando el planeta de amenazas, tensiones y conflictos militares, en España el Gobierno de coalición se muestra tan pasivo ante la escalada de la carestía de la vida y el acusado empeoramiento de las economías populares, como volcado en el empeño de pactar una extorsión político-electoral mayúscula, y un golpe a la Soberanía popular y a su intransferible potestad de decidir libremente sus destinos como Nación, la decimoquinta potencia económica del Mundo y cuarta de la UE.

No entraremos en mayores consideraciones políticas, sino que resaltaremos el núcleo del problema: sí ya de por sí resulta bastante problemático aspirar a gobernar el País sin haber ganado las Elecciones Generales, el asunto adquiere rango de felonía política si se pretende hacerlo en base al apoyo de todos cuantos exigen medidas que desprecian el Estado de Derecho, atentan a la integridad territorial del país y dinamitan las bases mismas de la Convivencia Democrática que ampara nuestra Constitución.

Salvo que se considere que el Estado se excedió ante el golpe que el nacionalismo propinó el 1.O en Cataluña y que por ello procede legitimarlo, o que España es un Estado opresor de las distintas realidades histórico-culturales y regiones que la componen, salvo que así se piense, es obvio que ni la Amnistía para borrar los delitos derivados del “procès”, ni el Referéndum de autodeterminación resultan políticamente aceptables.  

España se halla ante una estafa política contractual: ninguna de las medidas señaladas y que se están pactando figura en el Programa Electoral con el que se presentó el Sr. Sánchez.  No fueron validadas por las urnas. Es más, se afirmó solemnemente todo lo contrario.      

Una vez derrotado el intento de investidura del Sr. Feijóo y a no ser que la pugna por la hegemonía nacionalista en Cataluña arrastre a Junts y/o a ERC a provocarlo, es bastante probable que la ciudadanía española se vea privada de poder pronunciarse con su voto.

Tanto Pedro Sánchez como Yolanda Díaz temen una eventual repetición electoral.  Más allá del teatrillo de exigencias, folclore y “tiras y afloja” que suelen adornar todo reparto del botín, ambos perciben los riesgos de una consulta ciudadana. Tienen demasiado que perder. Toda España sabe que la Sra. Díaz no tiene apoyos que le sean propios, que vive de prestado. Dejar de ser miembro del Gobierno significaría la desintegración de “Sumar” y ella desaparecería del protagonismo político con la misma celeridad y espectacularidad con las que la auparon. Algo parecido ya le ocurrió donde la conocen, en Galicia, donde detenta una envidiable plusmarca al éxito político: pasar de 14 diputados a cero en las últimas elecciones autonómicas (2021).

En lo que se refiere al Sr. Sánchez, las causas son algo más sustanciales: sus altas ambiciones europeas se verían facilitadas si consiguiera ser reelegido al frente del Gobierno.  En esos elitistas ámbitos, lo que importa es lo que consta en el currículum oficial, y lo que consta es el “haber sido”, y no el cómo, ni con quienes. Por otra parte, repetir en la Presidencia del Gobierno le resulta vital para  seguir ocultando a la opinión pública datos tan sensibles como el alcance del caso de espionaje “Pegasus”, las causas profundas de su rendición al régimen alauita, la utilización y destino de los fondos “Covid” y de los de la UE para la Recuperación, los maquillajes estadísticos en áreas de especial sensibilidad social y económica, así como los abusos de poder, cuando no nepotismos, que la opacidad informativa viene encubriendo.

Sánchez y Díaz se empeñan en sortear la que probablemente sea la salida más sensata y progresista:  que el conjunto de la ciudadanía tome la palabra y protagonice el desbloqueo de la situación actual, en la sana y legítima esperanza de librarnos de la dependencia política de la peor de las Derechas, la Nacionalista, y de unas minorías separatistas que no pierden ocasión de demostrar que desprecian, odian, empobrecen y debilitan a España.

Se trata de una prioridad política nacional y de clase: España y su cohesión, desarrollo, prosperidad y bienestar social no pueden depender de quienes promueven el encierro identitario, racismos encubiertos de etnicidad y exclusivos privilegios. La mayoría social trabajadora del país nada bueno tiene que esperar de quienes hacen de la insolidaridad su negocio y de quienes reiteran su determinación para la ruptura territorial. De quienes destruyen nuestra convivencia democrática, sean o no prófugos de la Justicia, sean o no herederos políticos del terrorismo etarra.

Por su parte, la Izquierda política y social del país habrá de superar esta fase de inconsistencia, desmovilización y fragilidad que ha generado el tsunami populista en su versión más demagógica y aventurera. La Izquierda ha de reencontrarse con la Ética en el ejercicio de la Política, con el imperio de los Valores que le son propios, con su Identidad de clase y con su capacidad de interesar a la mayoría social trabajadora desde la promoción de un Proyecto de Sociedad alternativo capaz de enfrentar, desde coordenadas marxistas, el conjunto de nuevas, complejas y a menudo adversas realidades que caracterizan a la Sociedad capitalista actual. Esa que nos proponemos combatir y transformar, en la perspectiva de la Emancipación social, la Solidaridad, el Bienestar, la Paz y el Desarme en el Mundo.

Francia, Italia o Alemania vienen demostrando que no se vence política y socialmente a las Derechas con discursos del miedo, odio, descalificación y exclusión. Ni soltando a los “dóbermans”, ni recreando sectarias atmósferas frentistas. Tampoco se las vence alegando a su evidente carácter reaccionario para justificar la práctica del “todo vale” y con ello restringir o esquivar las prácticas democráticas. La caricaturización binaria de los debates niega el pluralismo político, cercena la Democracia y propicia totalitarios escenarios de monopolio del poder.

El cimiento que garantiza una perspectiva de largo aliento para la Izquierda reside en sus prácticas y credibilidad social, en su capacidad de introducir toda la Democracia posible en la vida pública y en su inteligencia para promover un proyecto de Sociedad alternativo creíble y practicable frente al modelo social Capitalista, hoy en su fase más decadente, ultraliberal, represiva y otanizada.

Esa es la motivación que llevó a una apreciable cantidad de colectivos y militantes de Izquierda a activar un proceso de reflexión y debate con un único objetivo: trascender la procedencia grupal de cada uno/a y contribuir a poner en marcha todas las iniciativas que impulsen una dinámica política y social que permita Recuperar y Unir a la Izquierda.

Esa es la razón de ser del Polo de la Izquierda, un espacio plural y unitario de colectivos y personas progresistas, abierto a todos cuantos puedan compartir estas ideas esenciales.


El Polo de la Izquierda se constituyó por acuerdo de los siguientes colectivos y personalidades:  Partido Feminista de España, AIREs, Izquierda Necesaria, Socialismo 21, el Jacobino, Plataforma de Izquierdas, Plataforma Global contra las Guerras y destacados militantes de Izquierdas como son Javier Couso o Teresa Galeote.

Declaración política | Recuperar y unir a la izquierda