miércoles. 29.05.2024

En este artículo en Nuevatribuna, en una nueva etapa, quiero rendir mi particular homenaje a Joan Manuel Serrat, que el año pasado completó una gira de despedida después de toda una vida y dos huevos duros protagonizando la banda sonora de muchas generaciones de españoles, ya fuera en castellano o en catalán. Yo siempre he sido más de Joaquín Sabina; es decir, de sus letras y de la música de Pancho Varona y cía. La canción Todas las noches de luna que interpreta con Chavela Vargas es el aullido de amor más hermoso que parió el tequila. Pero Joaquinito está envejeciendo ‘chungaleti’, todo lo contrario que el Nano -incluyo en este apartado a Víctor ManuelAna Belén y Miguel Ríos-, que nos ha dejado colgados de una lágrima y una sonrisa. Esas pequeñas cosas inspirarán dentro de lo posible esta ventana para transformarla en un espacio de tolerancia y respeto, en una broma de buen gusto, en un guiño a la libertad de expresión, en un popurrí de una chirigota callejera, en un buen polvo a la vida. Cambio de tercio, que me estoy viniendo arriba.


Pedro, el estoicismo y el té verde

El 25 de marzo de 2014 escribí en Público un artículo titulado ¿Quién teme a Pedro Sánchez? Siempre me gustó este formato de titulares: de hecho, en una revista del Grupo Joly sobre la Ryder Cup de golf de Valderrama de 1997, titulé a toda portada, con un tigre de bengala adornado en la frente con el logo de Nike, ¿Quién teme al tigre? (en referencia a Tiger Woods). Ni que decir tiene que la jugada editorial hundió el juego del norteamericano para mayor gloria de los europeos, capitaneados por Seve Ballesteros, que ganaron tras un temporal de lluvia y viento que solo un campo como el de Guadiaro podía soportar (es un orgullo que trabaje aún allí mi amigo Carlos Espinosa como caddie master). Uno de los puntos clave lo ganó el jugador italiano Constantino Rocca, que, vestido de negro y frente a Woods, honró a los 11 muertos y casi el centenar de heridos del terremoto que asoló esos días las regiones de Umbría y las Marcas, en el centro de Italia.

Como presidente del Gobierno, más allá del ruido y la furia de Faulkner y los medios de comunicación, ha sido un buen comandante en jefe

Sin embargo, este titular le ha traído suerte a Pedro Sánchez. Cuatro años más tarde, era presidente del Gobierno; en 2014, se reían de sus ambiciones propios y extraños (y también de mí). Y creo que, salvo algunas de esas pequeñas cosas, está haciendo un trabajo muy digno. Hasta ha sido buen amigo de sus amigos de verdad: a algunos, como Óscar López y Antonio Hernando, traidores confesos, los ha perdonado y se los ha llevado con él; a otros, más enemigos que amigos, como es el caso de Susana Díaz, que quiso decapitarlo en un Comité Federal con el infausto Pepiño Blanco como verdugo, la ha dejado de paseante en Cortes en el Senado.

Como presidente del Gobierno, más allá del ruido y la furia de Faulkner y los medios de comunicación, ha sido un buen comandante en jefe. Ha mantenido las constantes vitales durante una pandemia que nos ha hecho perder los nervios a casi todos (protegió a los más desfavorecidos y salvó con los ERTEs 3,5 millones de empleos), ha rematado con realpolitik la crisis con Marruecos aunque nos sintamos sucios y traidores de la causa saharaui (lidiar con un régimen, cuya capital a veces está en Gabón, no es nada fácil), ha estado al lado de la Palma durante y después de la erupción del volcán, se ha pulido el procés a golpe de unas reformas legislativas de la sedición y la malversación que los ha dejado sin mártires ni héroes de la patria. Además, pese al último dato negativo del paro, nos está dejado una economía creciendo y a la cabeza de la UE en no pocos indicadores; por ejemplo, la inflación (5,7) y el crecimiento de PIB (5,5). Hasta las tareas de las que presume la derecha las ha hecho como Dios manda. Es una España diversa y compleja pero con los problemas territoriales venidos a menos. Está, en definitiva, matando a besos a los independentistas, aunque sacrifique respaldo electoral en muchos territorios de España. Cuando llegue el PP, el suflé de estas cuestiones subirá de inmediato y sonará de nuevo cerca de los cuarteles “A por ellos”. Y los independentistas resucitarán y volverán a ser mayoría, y entraremos de nuevo en bucle.

Y está el resto de pequeñas cosas que el Gobierno ha llevado al BOE esta legislatura y que, oyendo al portavoz socialista en el Congreso, Patxi López, resulta una secuencia abrumadora y convincente para rebatir el mensaje cansino y monocorde de ‘España se rompe’ de las derechas y sus mariachis: “Se devolvió la universalidad al sistema de salud, se quitó el copago farmacéutico para los más vulnerables, 1.500 millones en créditos ICO que han llegado a 100.000 empresas, el bono social térmico, una limitación al 2% en la subida de los alquileres, subida del salario mínimo a 1.000 euros (1.800), subida de las pensiones al coste de la vida, dinero para la hucha de las pensiones por primera vez en 15 años, ayudas de 20 céntimos por litro de gasolina, 250 euros para el alquiler joven, 400 millones más en becas y 200 euros más para los becarios, bajada del precio del gas y la electricidad, transporte gratuito en cercanías, rodalíes y media distancia, 3.500 millones de euros de ayudas a la dependencia, bono cultural joven, ayudas directas a transportistas, agricultores y pescadores, bajada del IVA de los alimentos, cheque de 200 euros para la cesta de la compra, subsidio de empleo para la trabajadoras del hogar, rebajas de impuestos para los vulnerables; por ejemplo, el IRPF a los autónomos, gravámenes a las grandes compañías financieras y energéticas, apoyo a las energías renovables, refuerzo a la Atención Primaria, Ley de Eutanasia, Ley de Memoria Histórica…”.

El resto de pequeñas cosas que el Gobierno ha llevado al BOE resulta una secuencia abrumadora y convincente para rebatir el mensaje cansino y monocorde de ‘España se rompe’

En el debe de Pedro Sánchez está, a mi modo de ver, la penosa situación que sufren los jóvenes, que están literalmente metidos en el callejón de salida de la precariedad laboral y los alquileres imposibles. Dejar las ayudas que les afectan en manos de algunas comunidades autónomas es claramente pegarse un tiro en el pie con pólvora de los Presupuestos Generales del Estado, sobre todo en el caso de Madrid.

Y, por supuesto, están los desvaríos legislativos de su Gobierno, incluidas las tensiones con la segunda parte contratante. El más sonado es el ‘sí es sí’, que todavía colea y pende de una reforma legislativa inevitable, urgente e imprescindible. A su favor, el aguante exhibido durante estos años frente a Unidas Podemos, fruto de la asunción de los principios del estoicismo y el consumo clandestino de té verde. Esta fórmula cuasi mágica también le ha valido a veces para combatir la aldea catalana de ERC.

Feijóo, los cristianos y los musulmanes

El PP se ha empeñado en que cuanto peor, mejor. El procés se va al carajo y pareciera que lo echaran de menos a tenor de los movimientos orquestales en la oscuridad que hacen para resucitarlo en un boca a boca mediático diario y desesperado. 

ETA baja la cortina de la lucha armada y del tiro en la nunca, y no paran de demonizar a la gente de Bildu a ver si se tiran a la kaleborroka por lo menos. Vamos a ver, desde siempre, todos los demócratas hemos defendido ante ETA y su brazo político que podían pelear por sus ideas de la aldea vasca desde las instituciones y no desde los comandos armados. Ahora que hacen eso, el PP, VOX y Ciudadanos parecen querer empujarlos otra vez al monte. 

La última ha sido el ataque a dos iglesias de Algeciras por un marroquí. Yo conocía personalmente a David Valencia, sacristán de la iglesia de la Palma y dueño de una floristería en la calle Tarifa, asesinado por un presunto salafista yihadista. Una bellísima persona. Resulta penoso que, a propósito de esta tragedia dolorosísima, Feijóo salga por peteneras declarando que los católicos no van por ahí asesinando por motivos religiosos. 

De entrada, a mi modo de ver, en esta tragedia hay lo justito de terrorismo salafista: más bien, creo que estamos ante un enajenado que se tiró a las calles de Algeciras a intentar matar la convivencia pacífica que existe entre un centenar de nacionalidades y buen número de creencias en la ciudad que Serrat conectó con Estambul en la canción más hermosa jamás cantada.

En vez de seguir la estela disparatada de Isabel Díaz Ayuso y VOX en casi todo, el presidente del PP debería fijarse en las maneras moderadas y democráticas del presidente andaluz, Juanma Moreno, que ante esta tragedia echó sentido común a las primeras ascuas del incendio en Algeciras. Y mejor si cabe estuvo el alcalde algecireño, José Ignacio Landaluce; simplemente, chapó por su lección de sensatez y ciudadanía. Y la Iglesia gaditana puso la guinda con un perdón que ni los primeros cristianos.

Cuando se baje de aquel barco de los mareos donde estuvo en malas compañías, Feijóo debería alinearse con la moderación pero de verdad

Cuando se baje de aquel barco de los mareos donde estuvo en malas compañías, Feijóodebería alinearse con la moderación pero de verdad. Aplaudo la incorporación de Borja Semper (por cierto, se le vio comiendo el otro día con el ex vicealcalde de Gallardón, Manuel Cobo: bien), y le recomiendo para que se ilustre sobre el islamismo el libro de Karem Armstrong Mahoma. Biografía de un profeta, un extraordinario alegato contra los prejuicios hacia una religión que practican mil ochocientos millones de personas en todo el mundo. O cualquier libro sobre los crímenes perpetrados por los católicos en nombre de Dios a lo largo y ancho de la historia, desde la Inquisición a casi todas las guerras en suelo europeo.

En fin, por este camino, ante una eventual invasión alienígena, no descarto que Feijóo se postule contra el sanchismo como la vía más rápida para alcanzar el apocalipsis con eficiencia y a través de una bajada de impuestos redentora.

Ayuso y la aberración

Que Isabel Díaz Ayuso pueda llegar a ser presidenta del Gobierno, no me extrañaría nada. A mí no me gusta, pero hay gente que bebe sus vientos. Y ya se sabe, la democracia es un régimen donde la gente vota y a veces te gusta lo que vota y otras no, pero siempre tienes la obligación de acatar el dictamen de la mayoría y con deportividad.

Sin embargo, que Isabel Díaz Ayuso haya sido designada hija ilustre de la Universidad Complutense de Madrid, por vía de la Facultad de Ciencias de la Información, me parece una auténtica aberración.

Y no es porque sea conservadora y una burda imitación de Lina Morgan en La tonta del bote, sino porque nunca jamás ha ejercido el periodismo: lo más cerca que estuvo del sujeto, verbo y predicado fue cuando paseó por Malasaña al perrito de Esperanza Aguirre y actuó como portavoz del animalito. Ella, por cierto, era el predicado y con una ortografía no homologada por la RAE.

Por eso y poco más, IDA no puede ser ilustre de la Complu, y, sobre todo, el mismo día que Arturo Pérez Reverte, que fue sin ningún género de dudas un periodista de raza, uno de los más grandes, y no es precisamente de la UGT.

En fin, esas pequeñas cosas son las que cambian el mundo, a veces para mejorarlo y otras para empeorarlo, condenando, por ejemplo, a la sanidad pública madrileña a una lenta pero segura desaparición, ¿no? 

Y lo de Txapote es pura casquería, cariño.

De cabo a rabo