sábado. 02.03.2024

¡Cómo bien cantaba, Joaquín Sabina, es un contra dios ser comunista en Las Vegas! No obstante, yo como él sigo pensando que, “si me dan a elegir entre todas las vidas, yo escojo la del pirata cojo, con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo, el viejo truhan, capitán de un barco que tuviera por bandera, un par de tibias y una calavera”. Ya que me siento incapaz de abordar a este personaje, el del bendito pirata, he convenido conmigo mismo cambiar el paso. Le tengo cariño a un comunista en Las Vegas, sus tribulaciones, sueños y espantos.

CUENTO

¿Pero, de dónde sale este comunista disperso y despistado, en ese ambiente del éxtasis consumista y locura de la riqueza por antonomasia? Bueno, se trata de un joven costarricense, de nombre Juan, proveniente de una familia acomodada, de éxito empresarial. Una “rara avis”, que desde muy pequeñito ya se preocupó, por las diferencias de prosperidad de su país, con relación a otros vecinos de Centroamérica. Se vino a España, para alejarse de sus familiares y cursó, en la Universidad Complutense, un grado en Trabajo Social. Ya venía con el germen comunista inoculado, desde su país natal. Era miembro de Frente Amplio Democrático, y a partir de 2006 de la denominada Coalición Izquierda Unida costarricenses. Aquí, se hizo jugador de Rugby (rugbier) y consiguió jugar, en las categorías superiores del Cisneros-Universidad Complutense. Se desempeñó como un ala de categoría, un excelente tres cuartos.

En las Vegas su activismo militante le llevó a mantener una relación apasionada con una puta -Consuelo-, a quien liberó de la prostitución y de las madamas. En la ciudad del juego y el despilfarro hizo amistad con un guatemalteco -Perico-, un trabajador sin papeles, que laburaba como barrendero en las calles de la urbe maldita. Asimismo, mantuvo una relación simbiótica y, tal vez, pasional con la abogada que defiende las causas perdidas de los pobres y menesterosos. 

Su compromiso personal y militante, le lleva, con 33 años, a desplazarse a Las Vegas. ¿Por qué?, ¿para qué? Sencillamente, no lo sabemos. 

En menos de un trimestre a nuestro personaje, como a cualquiera que habla de más y se compromete en la denuncia, le llovieron hostias hasta decir basta. Fue asesinado, a balazos, en el Casino donde trajinaba Consuelo. Azarosamente, el barbijo quedó impoluto, como un improvisado sudario de su cara. Cuando llegó la policía, el comunista de Las Vegas, yacía debajo de una mesa de blackjach, circundado de cartas y de fichas. Acribillado, desangrándose, muriéndose; sin Consuelo”.

CANCIÓN

Ahora, que te recuerdo, Consuelo,
con tu traje de tul, bailando entre las lilas,
¡qué pena, el neón no deja ver el cielo
La única hazaña de este comunista en Las Vegas,
fue apartarte de corruptos, matones y “gorilas”.
Este marxista, sin pudor, se cree un héroe; de veras.
Y es sólo una pieza más, de un engranaje sin esquelas.

Ahora, que me muero de muerte sin salida;
en medio de este becerro, colmado por el oro
se me hace más blanda y suave la caída.
¡Consuelo, mi vida, eras puta y te añoro!

La única hazaña de este pelele comunista
afincado, petrificado, alucinado en Las Vegas,
fue condenarlos, seguirles a los malos las pistas
y tragarme su mierda virtual, llena de megas
de su tramposa y cruel mentira que envenena,
con trucos informáticos a patanes juerguistas.

Este marxista clamando y vociferando en el desierto;
dejándose el pellejo, pendejo, en el fútil intento.
Asido a un cartel de condena, dicterio y de protesto,
con la moral obrera, que se abate preñada de siniestro.

Me abandonan las musas, pero no mi abogada,
mujer defensora en los juzgados de Nevada
de la Primera y Cuarta Enmienda, entreverada
de empatía, cariño, de la expresión libre y hablada,
de los disidentes que bendicen su toga mal planchada,
bregando en una lucha desigual, tenaz y mal pagada.
Insiste con su empeño sin mácula, con su fe veterana.

Un izquierdista de salón, un pretencioso diletante, para dar el pego
que jamás laburó con sus manos, ni se manchó ni reparo bielas,
es sólo un pistón del mecanismo, que espicha sin secuelas.
Busca a Consuelo, ya lejos de Nevada, en Ohio, a salvo en Toledo.

Ahora puedes finar, nunca serás un héroe de la Unión Soviética,
¡ya ni siquiera existe!, ni una medalla te entregarán por simpatía.
Consuelo no vuelvas, no dudes, no desistas, mantén, nomás tu ética.
A Juan exangüe, le espera la salvación, la redención de la ludopatía.

Versos sin nervio, sin saber siquiera, si existen comunistas en Las Vegas.
¿Si existieran darían su vida, por la lucha, acaso rechazarían las refriegas?
Con la convicción de que Consuelos habrá, enseñando sus eróticos felpudos;
tú sigue en Toledo (Ohio), sueña, disfruta, sé una mujer libre, no creas en los bulos”.

Me abandonan las musas, pero no mi abogada,
dos lagrimones cálidos regando sus mejillas,
abrazada a Perico; ¡ya son las dos de la mañana!
Fotos, carteles ante los cartuchos; sin dios ni maravillas:
como testigos directos, cámaras con imágenes grabadas.
Adiós, comunista en Las Vegas, corre, corre que te pillan.
Enjúgate tu cara, abogada, abotargada y afroamericana”.

Perico, ¿cuánto durará este estrechamiento expansivo?
Debes volver, pronto, a tu laburo de basurero pobre.
Salir de estos salones, del azar y el destino recreativo;
regresar a la mierda de esta ciudad y del orbe.

No debes perder tiempo, abogada, ni que tus pasos cansinos
te impidan denotar, el sucio amanecer de todos los Casinos.
Un comunista más, adorable, desmoronado en Las Vegas;
quizás, tal vez, si cabe, probablemente: le quisieras”.

Un comunista en Las Vegas