viernes. 01.03.2024
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Enrique Vega Fernández | El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española (RAE) define el compañerismo como la relación amistosa, de colaboración y solidaridad entre personas que comparten, entre otras situaciones, el lugar de sus estudios, su tipo de trabajo, la práctica de alguna actividad o la consecución de un mismo fin. 

Cuatro situaciones que son compartidas por los militares. Razón por la cual se le ha dado siempre tanta consideración a este sentimiento en la milicia. Empezando porque el “lugar” y “tiempo” de formación inicial profesional se da en condiciones de “internado”, donde se deben compartir no solamente las actividades docentes y profesionales, sino, asimismo, las de la vida personal cotidiana.

Porque parte de sus actividades profesionales son de riesgo, pudiendo llegar a las de máximo riesgo en caso de combate real, en las que el éxito o el fracaso, el personal y el colectivo, incluida la propia vida y la de los demás, dependen no sólo de lo que cada uno haga, bien o mal, sino asimismo de lo que hagan los otros. Yo dependo de ti, tanto como tú de mí. Y así se va creando esa amistad, colaboración y solidaridad que, según el Diccionario de la Lengua, caracteriza y define al compañerismo.

Yo dependo de ti, tanto como tú de mí. Y así se va creando esa amistad, colaboración y solidaridad que caracteriza y define al compañerismo

Y en último y preferente lugar, porque el fin último y primordial del “trabajo militar” está justificado, sustentado y motivado en la protección, defensa, capacidad de supervivencia, etc. de algo que llamamos “patria”, que aunque no todos los militares entendamos lo mismo por esa palabra, todos la “sentimos”. Patria que para los militares españoles se llama España, que al igual que su referente genérico, patria, aunque no todos los militares coincidamos en “qué es” y en “qué debería ser”, todos la “sentimos”. 

Traigo a colación esta pequeña disquisición definitoria, y confío que aclaratoria, por ciertos hechos acaecidos hace un mes aproximadamente, que, para mí, son constitutivos de un grave atentado a ese compañerismo militar del que tanto nos enorgullecemos y tanto pregonamos.

Una determinada promoción del Ejército del Aire (y actualmente del Espacio), la xix Promoción de la Academia General del Aire en concreto, que todo debe decirse, decidió reunirse para celebrar el sexagésimo aniversario de su ingreso en dicha Academia de oficiales y su correspondiente Jura de Bandera, ese importante rito de iniciación que, en la inmensa mayoría de los casos, condiciona el resto de nuestras vidas. Como reglamentariamente sólo se celebran con el correspondiente apoyo orgánico las “bodas de plata y oro”, es decir, transcurridos veinticinco y cincuenta años respectivamente de la efeméride, en esta ocasión la celebración debía tener un carácter privado, no por ello menos significativo. 

Alegando, por tanto, este carácter de privado, de reunión de amigos, que no de acto reglamentario, sus organizadores decidieron no “invitar” a un miembro de dicha promoción, a pesar del deseo expreso y reiterado del mismo de asistir junto a todos sus compañeros de promoción. La razón subyacente, que no la expresada, que fue de “a una reunión de amigos se invita a quien uno quiere, sin obligaciones ni compromisos”, es que el compañero “vetado” había sido miembro de la extinta Unión Militar Democrática, allá por los años setenta del pasado siglo en los estertores de la dictadura. Es decir, se antepusieron las razones y sentimientos políticos e ideológicos al compañerismo militar, del que tanto nos enorgullecemos y tanto pregonamos, desnaturalizándolo e invalidándolo como “virtud” indispensable característica de la profesión y del hacer militar.  

El compañero “vetado” había sido miembro de la extinta Unión Militar Democrática

No necesariamente ésta es la actitud generalizada hoy día en nuestras Fuerzas Armadas. Y personalmente puedo dar fe de ello, con gran satisfacción personal y profesional, ya que mis preferencias de carácter político e ideológico difieren, e incluso son francamente contradictorias, soy consciente de ello, de las de la abrumadora mayoría de mis compañeros de Promoción, la xxiv de la Academia General Militar del Ejército de Tierra, que todo hay que decirlo, y, sin embargo, no solamente no me he sentido nunca rechazado por mis compañeros de promoción, sino que, incluso, en algunos momentos de dificultad profesional, debido precisamente a mi minoritaria, en las Fuerzas Armadas españolas, forma de entender la realidad política y social de mi país, es decir de mi patria España, he sido apoyado y protegido por ellos con la loable consecuencia de haberme evitado males mayores de carácter profesional. 

La historia de España está tan llena de desgraciados episodios en los que las rivalidades y confrontaciones ideológicas, políticas y sociales se han convertido en enfrentamientos bélicos entre españoles cuando determinados sectores de sus ejércitos han tomado partido y creyéndose en posesión de la verdad de lo que “debería ser España”, han pretendido imponerla manu militari enfrentándose a sus propios compañeros, que creo que seguir cultivando el compañerismo militar en su auténtica faceta de amistad, colaboración y solidaridad sin que ni “la política”, ni “lo político” la enturbien, la desnaturalicen y la invaliden, es lo mejor que le puede pasar a nuestra patria España y a nuestras Fuerzas Armadas.

Sobre el compañerismo militar